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La conformación de una imagen pública sobre las cooperativas no agropecuarias en Cuba se genera a partir de los diferentes argumentos y criterios que se expresen, tanto en los medios de comunicación como en espacios de debate u “orientación”.

En estos años de experimentos, y a pesar de criterios favorables publicados en medios nacionales, a sotto voce, sin llegar a la prensa oficial, se mueven otros argumentos que refuerzan prejuicios y dogmas entre los que deciden.

Cuando un alto funcionario estatal, en una reunión con funcionarios de gobierno y directivos del sector empresarial del Estado, expresa el criterio de que las cooperativas no deben brindar servicios a las empresas estales; no hace falta más. A partir de ese momento, las empresas estatales verán en lo adelante a las cooperativas como un monstruito del que huirán como el Diablo ante la cruz.

Separar a las cooperativas del conjunto de las empresas estatales que conforman la estructura empresarial del país, es también fomentar la concepción de la existencia de dos sectores independientes; es aislar y contraponer las diferentes formas de gestión económica, fraccionar la estructura empresarial del país.

Es curioso que esa segmentación sea coincidente con la de Donald Trump, para el cual en Cuba hay un sector económico bueno y otro malo. Y aunque los de aquí inviertan la clasificación, al final se cumple el mismo objetivo, dividir para vencer.

En cierto documento oficial de cuyo origen no quiero acordarme, se expresa: “Tienen “(las cooperativas no agropecuarias) carácter experimental, con el alcance de las actividades aprobadas para el trabajo por cuenta propia”. Yo pregunto, si esto es cierto ¿para qué el Decreto Ley que normó su creación permitió a las cooperativas disponer de “objeto social”, que es un concepto mucho más abarcador que el simple “alcance”, usado para los cuentapropistas?

Si es así, ¿se trata entonces de crear cooperativas bonsái, enanas, cortas?

Cuando una cooperativa crece lo hace por dos razones básicas: La primera porque hay necesidad, dígase demanda. La segunda porque es eficiente y satisface una demanda.  ¿Dónde quedó lo de liberar las fuerzas productivas internas?

Según trascendió en los debates del parlamento, fue muy discutido el déficit de profesionales en el sector estatal y la migración de estos a las nuevas formas de gestión económica.

Es cierto que hacia las cooperativas han ido muchos profesionales, pero en 2012, cuando se aprobó el experimento ya existía ese déficit marcado de especialistas en el sector estatal. Y las causas son varias. Por ejemplo, la emigración hacia fuera del país. Otra muy marcada fue y es el éxodo hacia el sector del turismo.

Intente encontrar un contador de experiencia en los municipios de Caibarién o en Morón y verá lo que es pasar trabajo. “¿A dónde van los desaparecidos?”, la respuesta es fácil: a los cayos adyacentes, al sector del turismo.

Pero el asunto es más complejo, en las cooperativas de servicios financieros los contadores continúan siendo contadores, en las de construcción los constructores continúan ejerciendo su oficio, mientras que los especialistas (los desaparecidos) que pasaron al sector del turismo se convirtieron en carpeteros, maleteros y bartenders. ¡De esta manera sí se pierden los profesionales y en grandes cantidades!

Cuando se sigue el discurso prejuicioso, se pintan monstruos para la opinión pública, de manera que se pueda justificar luego una medida que revierta pasos de avances. De acuerdo a esos enfoques contra las cooperativas, parecieran nuestras organizaciones seductoras vampiresas que corrompen virginales funcionarios estatales. ¿En serio? 

Es cierto que individuos pertenecientes a cooperativas han cometido delitos, pero las cooperativas como un todo NO. Cuando por el delito de un hombre se cierra una cooperativa, se aplica un castigo inmerecido al resto de los socios. ¿O es que acaso por delitos que comenten dirigentes estatales se cierran las empresas que ellos han dirigido? Caiga la pena y el estigma sobre los hombres, no sobre las entidades. Desterremos los dobles raseros.

Si en la construcción del “dibujo” público, vamos a mostrar lo malo de las cooperativas, por favor, mostremos también lo bueno, mostrémoslo todo, para entonces poder comparar la pintura con la realidad y nadie dibuje a conveniencia fantasmas y monstruos.

*El autor es director general de la cooperativa Scenius.

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Alfonso V. Larrea BarrosoAlfonso V. Larrea BarrosoPerfil del autor

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