Jesús como cualquier otro día se prepara después del  largo y extenuante trabajo en su peluquería. Ahora está a punto de salir a “cazar”. Mochila al hombro, laptop guardada, toma rumbo a una de las zonas WiFi del Vedado capitalino. Ahí se pierde entre la multitud.

“No todos usamos el internet para buscar información o mantener comunicación con nuestros familiares en el extranjero”, dice como quien defiende una tesis, pues la opinión general es que a la “WiFi de contén” se viene solo a resolver cosas “básicas”.

Sin embargo, al parecer el cibersexo y el ciberdating son cada vez más populares entre los jóvenes cubanos. Las nuevas posibilidades de acceso a Internet y por ende a las aplicaciones destinadas a conectar personas, han aumentado significativamente en los últimos tiempos.

“Vengo a este lugar porque es tranquilo. La conexión, la mejor de la Habana. La mayoría de las veces los chicos con los que hablo están aquí mismo, sentados en este parque, están pa´ lo mismo que yo”, explica.

Enciende su laptop y prepara su teléfono inteligente. Una por una, varias aplicaciones se abren de manera automática. Algunas de alcance internacional: Planetromeo, Grindr, Jack’d, Scruff. Otras hechas exclusivamente para cubanos como el Chatcubano, el foro de los Joven Club de Computación y el sitio de la universidad de Pinar del Río o “IRC” como se conoce entre los usuarios.

Mientras en el mundo buscar pareja en internet es prácticamente algo normal, en Cuba no muchos piensan que alguien utilizaría los 2 CUC por hora que exige como tarifa de navegación el monopolio estatal de las telecomunicaciones, ETECSA, para este tipo de búsquedas.

“Yo creo que ya es casi normal en Cuba que la gente ligue por internet. Antes tú preguntabas y nadie sabía de estos sitios. Hoy todo el mundo, al menos, en la comunidad gay sabe qué cosa es Grindr”, dice el joven.

El joven peluquero dice tener su manera, su forma de usar estos espacios digitales. “Funciona como un abc. Es, sin dudas, menos complicado que la vida real”, confiesa.

Además tiene un cuestionario preparado en un documento Word archivado en su laptop donde se lee:

Hola

¿De dónde eres?

¿Qué edad tienes?

¿Cómo eres?

¿Que buscas por aquí?

Y justo al lado, una pequeña descripción física: Trigueño, ojos y pelo negro, 25 años, velludo, algo gordito.

Me mira, giña un ojo y se ríe. “Para ganar tiempo”, me dice.

“Después de eso ya se improvisa, porque cada persona es diferente”, explica.

Lo que resulta verdaderamente impresionante es la cantidad de personas con las que Jesús puede hablar a la vez. No olvida ni un solo detalle. Ni un nombre, ni un número, ni una fecha. En total habla con más de 25.

“Al final el número siempre se reduce. Termino hablando con 10. De esos le doy mi teléfono a 5. Me llaman 2 o 3. Y al final solo termino conociendo a 1”.

Porque Jesús, a pesar de todo, es un chico tímido.

“Yo sé que la mayoría de las personas cuando piensan en internet, imaginan que lo que hago es para conocer extranjeros, o sea, que me dedico a la prostitución, pa´ decirlo en plata, pero eso no es así”.

Se queda pensativo mientras busca en su cabeza respuesta a mi pregunta: “¿y qué tú buscas aquí?”

“Ay niño. ¿Por aquí? Alguien. Tal vez una ilusión. ¡No sé! Por internet uno puede fabricar el hombre de sus sueños. ¿Sabes?, darse la oportunidad de imaginarse cosas. Aunque después uno se cae del cielo y el golpe créeme que duele”.

“No importa lo que uno busque o lo raro que sea o como uno luzca. Siempre aparece alguien que también está buscando lo mismo”.

“Ahora déjame que estoy ocupado. ¿No ves la cantidad de gente que está conectada ahora?Tú te vas pero la cacería sigue”, me dice.

Baja la cabeza. Parece meterse dentro de la computadora.

Jesús ha conocido cientos de hombres. Ha perdido ya la cuenta. Aún sigue soltero. Aún sigue de cacería.