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Me encanta mi pasa

20/02/2016

En Cuba, decir “pasa” se refiere sobre todo al pelo afro, olvídese de las uvas deshidratadas. Por décadas ha sido un término peyorativo, pieza de un sistema de discriminaciones y prejuicios raciales aún presentes. Sin embargo, más recientemente hablar de “las pasas” ha ido perdiendo, de algún modo, su intención descalificadora.

Por: Eileen Sosin Martínez

Fotos: Carlos Ernesto Escalona (Kako)

En el hip hop cubano, por ejemplo, el tema se convierte en motivo de orgullo, divertido autoreconocimiento. “Depende del contexto y la entonación con que se use la palabra”, explica la artista Susana Pilar Delahante.

Durante varias jornadas, ella ha puesto en escena el concurso de cabello afro natural. Lo llevamos rizo, como parte de la XII Bienal de La Habana. Sin decirlo tal cual, el proyecto deviene una suerte de reivindicación, una forma de “lucha” desde la belleza y la identidad realizadas, plenas.

“La idea está basada en mi experiencia personal, cómo sentía yo que mi cabello estaba considerado en la sociedad. Creo que hay mucha presión en cuanto al alisamiento; y busqué las herramientas del concurso para darle un mejor lugar, un espacio legítimo al cabello afro natural”. En total se han sumado 70 concursantes, dentro de las modalidades de trenzado y afro, pues nadie se presentó en la categoría de dreadlocks.

Los debates sugieren que no estamos hablando simplemente de pelo. La cuestión deja de ser “superficial” cuando el color de la piel o la forma del cabello marcan la experiencia vital. A Chely una profesora en la universidad le “recomendó” podar su melena frondosa.

“Las peluqueras no están adaptadas a este tipo de cabello –cuenta-, llegas a cualquier lugar y nadie sabe qué hacer con tu cabeza, en una actividad “oficial” todas las miradas van hacia ti”.

Lili se aplicó un producto desrizador muy agresivo, y el resultado fue la calvicie completa. “Me quedé sin un pelo, señoras”, dice, bastante tiempo después del trauma, ahora que puede hacer la historia en tono de broma. Tras semejante experiencia, dejó que creciera, sin más, y se descubrió linda.

Susana precisa que no se trata de atacar los alisamientos. “Para nada. La idea fundamental es que haya diversidad de elección respecto a cómo llevar el cabello, que al final es parte de tu cuerpo”.

¿Beauty Queens?

Los concursos de belleza no son parte de nuestra tradición cultural posterior a 1959, comenta Aldeide Delgado, estudiante de Historia del Arte, encargada de la conferencia sobre Estética e identidad de la mujer afrocubana.

Black is beautiful, era una suerte de eslogan de los Panteras Negras y el Black Power. En los años sesenta norteamericanos peinarse a lo afro significaba rebeldía contra el establishment. Luego quedó como moda, acompañado de patillas, pantalones “campana” y gafas. En Cuba también fue así, durante un tiempo, hasta que el pelo largo (o alto) empezó a verse con sospecha, como “diversionismo ideológico”.

Hacia mediados de los noventa, con el auge del movimiento de hip hop cubano, “las pasas” volvieron a estar en onda. Un peinado más, al parecer; o no tanto. “Ahora se habla más de tener ‘buena presencia’, fundamentalmente si es para trabajar en establecimientos privados; y hay que tener cuidado, porque en ocasiones las personas negras no entramos en esos códigos”, advierte Magia López, la mitad femenina del dúo de rap Obsesión.

Cualquiera estaría de acuerdo con ella al observar el “perfil” de los jóvenes contratados en muchos restaurantes particulares. Cuando Alain buscó empleo en una pizzería le dijeron que sí, aunque primero debía rebajar su afro. “¿Y ella no tiene que cortárselo?”, respondió, señalando a una muchacha con cabello de Rapunzel.

La diferencia era que el pelo de ella crecía hacia abajo, y el de Alain hacia arriba. Razón tiene Zulema: “Me alegra que este intercambio comience de la cabeza hacia afuera, pero la verdadera discusión está de la cabeza hacia adentro”.

¡Tenemos una ganadora!

Las sesiones incluyeron una pasarela, a cargo de la diseñadora Mercy Nodarse, donde desfilaron las mismas concursantes, aun sin conocimientos técnicos de modelaje. El taller de trenzado también fue muy popular. Dayana Daniel se refiere a sí misma como una “peinadora callejera”, porque aprendió mirando.

“Ahora quiero abrir un salón de belleza, porque realmente no hay quien se dedique al pelo de nosotras, que también lleva cuidados”. Si alguna participante quiere practicar en casa, puede llevarse 4 GB de videos y tutoriales sobre cómo peinarse.

Más que pelo, alrededor de la cabeza de Felicia hay una nube blanca, ingrávida. Tal vez sea la de mayor edad en la categoría de afro. Es la ganadora. Las menciones son para Paula, de 5 años, y Yanelis, que desató aplausos y vítores entre la gente.

Desde el improvisado escenario, Felicia hace una reverencia y sonríe tras sus espejuelos. Seguro recuerda el primer día. “…Porque yo tengo el pelo… mi pelo es pasa ¿Se puede decir así?” Risas en el auditorio. Sí, se puede.

Esta primera vez el concurso se ha diseñado solo para mujeres, aunque si hubiera próximas ediciones podrán participar hombres. “He encontrado mucho entusiasmo –afirma Susana-, me han pedido que el proyecto continúe… Sería interesante mantener un ciclo de talleres, encuentros, grupos de trabajo… No solo dirigidos a las que ya están seguras con su cabello, sino a las que están en ese momento de transición, que no saben; pues que ellas también se acerquen”.  

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Juan De Matta 2 años 3 meses

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