Los integrantes de un equipo aficionado de fútbol de Caibarién, en la provincia de Villa Clara, fueron desalojados de su área de entrenamiento el pasado mes de febrero.

El llamado equipo de la Calle 5ta —nombrado por sus miembros como La Bestia Negra— se encontró ante el hecho de que las condiciones precarias en las que normalmente practican, se agravaron cuando Carlos Manuel García —vecino del estadio Humberto Jordán Gallo, con el cual colinda la cancha que los jugadores mantienen con muy escasos medios— salió de su casa bramando pestes, tras un balonazo en su portal.

Aunque la casa no sufrió daño alguno, Carlos llegó cuchillo en mano y, en el medio de un partido, desguazó el esférico con el que jugaban.

Lo peor no fue el irrecuperable estado en que quedó el balón profesional, ni la pérdida del dinero recaudado colectivamente para traerlo desde otro país —quienes lo traen del extranjero los revenden en una suma cercana a los 100 CUC— o la sorpresa ante el despliegue de violencia frente a una treintena de adolescentes. Lo peor fue que, tras el conflicto con el vecino, Juan de Jesús Caturla, director del estadio y del complejo recreacional adjunto, decretó la prohibición de continuar jugando en estas áreas para “evitar futuros altercados con el vecindario” y ahorrarse “espectáculos desagradables”.

Vista panorámica del campo de fútbol y viviendas aledañas al fondo.

Vista panorámica del campo de fútbol y viviendas aledañas al fondo.

Sin respuesta institucional

Luego de ocurrido el incidente, Eladio Joel Herrada Moreno —representante de los jugadores— informó lo acontecido a las direcciones municipales de Deporte y del Partido Comunista.

Hasta el momento, la directora del sectorial municipal del INDER, María Cristina Millán Morera, y la Instructora Político-Ideológica del Comité del Partido, Madelaine Pérez García, quien atiende además la Cultura y el Deporte, permanecen en silencio. La actitud del vecino Carlos Manuel y la decisión del director del estadio no han sido cuestionadas por las autoridades.

No obstante, asegura Eladio, las funcionarias se comprometieron a indagar sobre la conducta social del individuo que acabó con el balón y pedirle cuentas acerca de su comportamiento.

El joven Eladio Joel —que con 30 años es el mayor de los integrantes— es la persona que está al frente de los futbolistas y se erige en una suerte de representante porque carecen de entrenadores. Nos dice que no fueron entendidos como él y el colectivo esperaban, al sentirse ellos como los agredidos.

Para finales de febrero estaba prevista la celebración en Caibarién del campeonato provincial de fútbol. El evento fue suspendido como consecuencia de no tomarse las medidas recomendadas para evitar nuevos conflictos, que consistían en la reparación inmediata de la cerca y las garantías de seguridad para jugadores y vecinos.

Diploma otorgado al equipo Calle 5ta en diciembre de 2018.

Diploma otorgado al equipo Calle 5ta en diciembre de 2018 en el Campeonato Municipal Interbarrios.

En las últimas semanas la cancha en la cual ocurrió el hecho fue reparada por los futbolistas y su fanaticada. Quedó remendada una de las porterías —con trozos de mallas que entregó el director del complejo— y se desplazó de su lugar original, lo cual reconfiguró las medidas del terreno y redujo el equipo de 11 miembros a 8.

El vecino y también aficionado José Cirilo Rojas Gascón, voluntario que se ha tomado por años la tarea de salvar el amateurismo del fútbol por su amor a ese deporte, suele organizar los campeonatos, mientras vela por la disciplina y alienta a los jóvenes que se integran en las competiciones.

A diferencia de su vecino Carlos Manuel, Cirilo ha aprendido a convivir con los anhelos y dificultades perentorias de estos muchachos. Incluso, tiene previsto convocar un trabajo voluntario junto al resto del colectivo, para levantar las cercas perimetrales que han estado rotas demasiado tiempo e impedir tanto que los animales penetren al área como que salgan balones hacia las zonas habitadas.

Este es el verdadero conflicto de fondo detrás de la aparente pequeña historia en un municipio cubano: la falta de espacios para la práctica deportiva genera tensiones que deben ser resueltas sin violencia ni daños a la tranquilidad de ningún implicado.

La odisea de practicar deportes en Caibarién

En Caibarién quedan pocas áreas deportivas en activo. Está la dedicada a los botes de velas, que tiene aquí su escuela provincial y que es campeona nacional; también existe un colchón para el judo junto a otro donde entrenan las artes marciales, como el taekwondo y el kárate.

A ello se suma que el proyecto de rehabilitación del Hotel Comercio, una edificación de 1918 que se convertirá en un hotel 4 estrellas, absorbió las academias de Ajedrez y Gimnástica, la dirección del Ministerio de Educación, la cancha de voleibol y una galería de arte.

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Desde finales de la década de 1970, generaciones de jóvenes practican en esta cancha, pero en los últimos diez años la afición creció tan notablemente, que ahora supera el tradicional interés por el béisbol.

Rafael Noa Espada, uno de los jugadores, cuenta su experiencia con el fútbol: “he jugado en campeonatos provinciales de manera consecutiva por varios años, obteniendo buenos resultados y sacando mi deporte de la 2da división a la 1ra”. Rafelito, como lo conocen, es también líder goleador en los campeonatos interbarrios del equipo Calle 5ta.

Los jugadores de fútbol han sentido muchas veces que no se respeta su derecho a desarrollarse plenamente en el deporte que idolatran, por no constituir prioridad en un país que se cree todavía medularmente beisbolero.

Eladio Joel dice, por ejemplo, que “el equipo municipal de béisbol recibe periódicamente del Instituto (INDER) apoyo para transporte, alimentación, etc., con los que aseguran el ejercicio de sus prácticas y competencias, mientras que los demás deportes, se encuentra prácticamente desarropados y sin medios para desarrollarse, por tanto, deben conseguir casi todo por su cuenta”.

Portería remendada por los jugadores con el apoyo de sus seguidores.

Portería remendada por los jugadores con el apoyo de sus seguidores.

La persistencia que muestran estos caibarienenses al organizarse para practicar el deporte que prefieren, esta vez también va dejando frutos en la resolución del conflicto vecinal en torno al estadio Humberto Jordán Gallo.

El directivo del complejo deportivo ha permitido el retorno temporal del grupo al área; sin embargo, la inestabilidad de esta decisión gravitará en el futuro de su entrenamiento. Mientras no se consigan las condiciones igualmente justas para vecinos y futbolistas, las desavenencias pueden regresar en cualquier momento.

 

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