Se fue del sector de la Salud Pública a los 28 años. No pudo más. Hoy, con tantos palos que la vida le dio, Denia, una mulata, regresa a trabajar de enfermera. Sobre todo ahora, que desde junio de 2014 aumentaron el salario en ese sector en Cuba y ella puede sentirse mejor recompensada por sus horas de desgaste, porque se puede describir esa profesión con palabras como amor o entrega, pero también con desgaste.

“Siempre quise ser médico forense. Prefería trabajar con muertos, pero por cuatro décimas no aprobé el examen. Lloré mucho”, dice la mujer que trabaja como custodio por el día, es técnica en áreas verdes dos veces por semana y algunas noches canta en centros nocturnos de la zona costera Guanabo: “Eso me cayó del cielo. Las puertas se abrían solas, aunque también me ayudó ser alta. Lo demás es cuerpo y presencia”, se ríe. En el resto del tiempo que jura tener, se presenta como productora artística de grupos musicales aficionados que están comenzando.

Como ella, aunque las cifras no sean públicas, otros muchos han decidido volver a ejercer la profesión que eligieron luego del aumento salarial en un sector completamente subsidiado por el Estado cubano. Las colas para la entrega de los papeles y otros trámites dan algunas pistas. Y resulta satisfactorio, como no, que una persona pueda dedicarse a lo que estudió con una recompensa, sino suficiente, sí muchísimo mejor.

Con todas las dificultades que afronta cada día el personal que hoy trabaja en el sector de la Sanidad Pública en Cuba, la noticia fue un alivio para todos. Desde hace tiempo la cantidad de médicos que salen del país a cumplir misión en otras naciones, cuyos beneficios son una de las principales fuentes de ingresos en la Isla, ha incidido notablemente las carencias del servicio médico así como en el trabajo de los colegas que se quedan cubriendo a los internacionalistas.

Foto: Kako

Denia ha tenido que reinventarse muchas veces. Su capacidad de adaptación la convierte en una sobreviviente nata. Y, a lo que voy, le encanta ser enfermera. “Me empezó a gustar después de un tiempo, porque cuando vi fallecer al primer niño, me bloqueé muchísimo y me dije que eso tan triste no era para mí. Pero continué. Me decía que tenía que terminar y, cuando comencé a entender lo útil que yo era y empecé a recibir los agradecimientos de los pacientes, me empezó a gustar lo que hacía. Hasta 1998, cuando me fui”, cuenta de un tirón.

Tiene un hijo de 18 años. Viven en el municipio Alamar, la “ciudad dormitorio”. Lo ha criado sola. “Siempre he dicho que la mejor medicina, además de las ganas de vivir, es la natural; y además alimentarse bien”. Alimentarse bien. Lo mejor que pudo pasarle con toda su sensibilidad fue que le propusieran bailar y cantar. Se ganó los frijoles y pudo, pese a todas las adversidades, sostener y cultivar su mundo espiritual. Y eso es muchísimo. Tanto, que decide volver a ser enfermera.

El regreso

“Cuando decidí irme de Salud tenía 28 años, aunque no salí porque quise. En ese tiempo estaba recién parida y me incorporé a trabajar a los 15 días. Como no amamanté casi, tuve depresión post parto. Empecé a hacerle rechazo al hospital. Si fallecía una persona joven, yo lloraba como si fuera mi familia, me dolían como míos los problemas de los demás. Entonces el hospital me dio licencia, pero decidí pedir la baja, porque había un niño que alimentar y ahí no iba a poder hacerlo”, explica antes de contestar por qué desea regresar.

Es lo que le gusta, dice luego. “Imagínate. Salvaba vidas, como todos. Era la primera que recibía al paciente. Eso es indescriptible. También regresa por el aumento salarial. No es un secreto ni un problema. Es lógico. Y justo. La exportación de servicios médicos y académicos se incrementó de 44 millones de CUC en el 2010 y más de 300 millones en 2013. Esas son ganancias que los trabajadores de la salud aportan a Cuba.

Denia ha entregado ya todos sus papeles. Antes no llegaba a los 400 pesos, ni siquiera haciendo guardias extras, trabajando en urgencias, doblando turnos. Y ahora, contando los pagos extras, puede llegar a ganar más de mil pesos mensuales (40 dólares) en un país donde el salario promedio es de 471 (casi 19 dólares) en 2013.

Este aumento, según explicó Marino Murillo, se debe al incremento de ingresos por exportación de servicios, pero también a que “se redujeron 109 mil trabajadores y alrededor de 2.000 millones de pesos de gastos del Presupuesto”. No obstante, los profesores de las universidades de Ciencias Médicas que no se formaron en el MINSAP no disfrutan de los nuevos beneficios. Ese aspecto ha desilusionado a más de un educador.

Por otro lado, han puesto la edad de 35 años como límite para acceder a las pruebas de ingreso a aquéllos que regresan al sector. “No entiendo, si no hay edad límite para estudiar. Mi idea es ir a ver al decano de la facultad de Medicina y hablarle con el corazón, convencerlo de que me siento en condiciones físicas y psíquicas de continuar, si yo en mi vida no he parado”, explica Denia.

Y agrega, sentenciosa: “Para estar en salud tiene que gustarte, por eso no entiendo cómo hay gente tan déspota. Ejercí en pleno período especial y vi de todo: médicos operar sin guantes, inventar medicinas para aliviar a la gente porque no había nada. Espero que todo salga bien, porque a veces me siento cansada. Cuando la gente logra grandes cosas, siempre dice: ‘Le agradezco a…’ Pero yo no puedo agradecerle a nadie. Me agradezco a mí misma por las poquitas cosas que he logrado y por la gran fuerza de voluntad que he tenido y que tengo”.