El candidato antisistema del partido Demócrata en Estados Unidos tiene una conexión antigua con Cuba. Y no pocos lo ven con simpatías en la isla.

Por: Harold Cárdenas Lema haroldcardenaslema@gmail.com

El Paquete Semanal es criticado con frecuencia en Cuba pero a mí me ha traído agradables sorpresas, una de ellas fue Bernie Sanders. Había escuchado y leído sobre él, incluso vi una explicación muy lógica en el programa Mesa Redonda pero no conocí a Bernie hasta que lo vi hacer bromas con Jimmy Fallon. O mejor dicho, no sentí empatía hasta que vi al hombre en carne y hueso, extraño la época en que nosotros también sabíamos hacerlo. Ese fue un regalo imprevisto donde El Paquete era protagonista, ahora la campaña presidencial es otro presente donde uno de los protagonistas es precisamente Bernie. Y ya lo estamos sintiendo.

En la isla genera simpatías por su discurso contestatario y alternativo. Aun así, creo que la mayoría de los cubanos no saben que existe, demasiado ocupados con las colas y el transporte para preocuparse por ello. ¿Pero cuánto podría cambiar realmente Bernie si llegara a la Casa Blanca? Muchos escépticos creemos que el juego está amañado pero la vida también nos enseña a no subestimar los Estados Unidos. Con raíz protestante hicieron presidente a un Kennedy católico, luego rompieron la tradición cuando pusieron a un Ronald Reagan divorciado, a un Clinton que había consumido drogas y un Obama negro lleva ya dos términos. ¿Seguiremos en Cuba dando explicaciones simplistas como aquella que vi en la TV un día donde un especialista aseguraba que un negro nunca llegaría a la presidencia? Espero que no.


Bernie Sanders, candidato
demócrata a la presidencia de los EE.UU. 

Aún así, un amigo periodista me escribe por Facebook: la normalización entre Cuba y Estados Unidos necesita un candidato más del “establishment” por el lado demócrata para asegurar la continuidad de la reconciliación. Y me pregunto si no tiene razón. Aún así y sin derecho a voto o entrometimiento en un país que no es el mío, me gustaría que saliera Bernie, que visitara Cuba después de Obama, agradecerle su opinión atrevida hace ya 30 años.Nací en el año 1985, precisamente cuando Bernie Sanders era un funcionario público en Burlington y decía en la radio que Fidel Castro y Cuba no eran perfectos pero que a Reagan no le agradara el Estado cubano no significaba que el pueblo de la isla pensara igual. Hoy Sanders tiene una sección en su web de campaña presidencial dedicada a Cuba donde aclara sus ideas al respecto, su respaldo a Obama para terminar una guerra fría entre ambos países que ya dura 55 años.

No puedo evitar notar que el ala oeste de la Casa Blanca donde trabaja el presidente es precisamente el lado izquierdo, quizás para evitar redundancias el sistema se asegura entonces de poner allí políticos de derecha.

la derecha americana es lo más conservador que puede existir, porque incluso la izquierda a muchos nos parece tibia. En fin, Bernie representa el cambio y por eso muchos jóvenes lo apoyan.

En estos días estoy de visita por Estados Unidos en funciones académicas y un amigo me invitó a un curioso encuentro anoche. Un grupo de cubanoamericanos se reunió en un Pizza Hut de Miami para organizar respaldo a Bernie Sanders en esta ciudad que siempre se ha visto desde Cuba como anfitriona de todas las intolerancias y extremismos. Habían varios jóvenes en el encuentro, no era cosa de ancianos en absoluto. Quizás no solo estemos buscando explicaciones simplistas sobre un fenómeno complejo como son las elecciones en EEUU, sino que nos dejamos llevar por generalizaciones cuando nos referimos a la comunidad cubana en la Florida. Los vientos de cambio van más allá de Bernie Sanders, están ocurriendo también en Cuba y en los que viven en la Ciudad del Sol. Solo falta llevarlos por buen camino.

Como soy un visitante en este país no puedo hacer más que opinar y regresar al mío donde queda mucho camino por recorrer, pero cada uno a lo suyo. Gracias al Paquete, a Jimmy Fallon y Bernie Sanders por mostrar estos vientos de cambio. Que como están las cosas, deben ser para mejor. En ambas orillas.