Josué es una de esas rarezas que existen, quizá, para darle color a la vida cotidiana en Cuba; un espécimen único que se dedica a enviar cartas de puño y letra por correo postal en pleno siglo XXI. Pero te equivocas si crees que las cartas enviadas por Josué son ejemplares románticos y cursilones con destinatarias femeninas. No.

Este guantanamero delgado, de espejuelos, ojos achinados y cabello oscuro, que jamás ha visto Internet, ni el correo electrónico, ni usa celular, aparece casi todos los días en  el correo para enviar cartas a figuras públicas de primer nivel.

Entre sus destinatarios pueden enumerarse el Rey de España, el presidente de Ecuador Rafael Correa, y la Presidenta del Comité de las Abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina. De ellos, también, ha obtenido respuestas que son un verdadero privilegio.

“No me apasiona tanto recibir, como enviar cartas. Me gusta escribirles a estos personajes y, cuando empecé a hacerlo, no tenía ni la remota esperanza de que me respondieran”, me comenta mientras permanezco a su lado en la cola.

¿Y cuánto tiempo llevas escribiendo cartas?

Bah, pues como 10 años ya, dice y suelta una carcajada. Viendo programas por Telesur y leyendo revistas, me he enterado de muchas direcciones de correo de personalidades importantes, y también he podido observar a mucha gente que defiende determinadas causas. Entonces les he escrito sobre su causa, para darles apoyo.

Quiere decir que eres activista, ¿no?, le pregunto. Josué niega con la cabeza. “Solo me interesa crear vínculos con las personas para que sepan que no están solas en el mundo, dependiendo de la persona que sea y en qué consista su lucha. Me gusta ser solidario y me inspiro”.

¿Qué les has dicho a las abuelas de la Plaza de Mayo?

Cuando le escribí a Estela B. Carlotta, Presidenta del Comité de las abuelas, le hablé sobre la lucha por los niños desaparecidos durante la dictadura de Videla, y le trasmití mi apoyo. Le dije que nunca se rindiera y cosas así…

¿Pero cómo empezó esa pasión por enviar cartas?

La verdad es que yo quería, en un principio, establecer contacto con mis familiares en España, si es que me quedaba alguno por allá. Era el momento en que estaban dando la ciudadanía española a los hijos y nietos de españoles, y uno de mis tíos tenía derecho.

“Entonces mi objetivo era poderle hacer la ciudadanía a mi tío, para luego hacérmela también yo”.

Así que todo empezó por el boom de hacerse españolito, ¿y quiénes fueron los primeros destinatarios de sus cartas?

El primero fue un español llamado Juan Domenech Casal, quien era esposo de una prima de mi abuelo, el hijo de mi bisabuelo Don Manuel Bertrán Miret.

“Antes de contactar con Juan Domenech y que se abriera lo de la ciudadanía, la prima de mi abuelo le enviaba paquetes de medicina. Por eso dimos con su dirección postal y fue ese hombre quien nos ayudó con los trámites para conformar el árbol genealógico.

“Resulta que mi bisabuelo fue un gran personaje en Guantánamo, poseía títulos de tierras y cargos públicos. Era el Protector de la ciudad o algo así, fue fundador”.

Josué le pone emoción a sus palabras. Un brillo le cruza los ojos cuando se refiere a su abuelo Don Manuel. Aunque no ha logrado hacerse ciudadano español, luego de una década dedicándose al envío y la recepción de cartas, se enorgullece de haber podido establecer correspondencia con tantas personas. Ha creado toda una red de comunicación con el mundo, especialmente con Iberoamérica.

“Sostengo correspondencia ininterrumpida con personas de países como Colombia, Argentina, Ecuador y España…

“Una vez me equivoqué de familiares al enviar una carta con el apellido mal escrito. Pero eso me permitió hacer nuevos amigos y fue entonces cuando se me despertó el bichito, una luz, y pensé que a través de la correspondencia podía obtener mucha información. En aquel momento no había acceso a correo electrónico ni celulares”.

Sin embargo, lo que empezó como necesidad, se transformó en modo de vida, en costumbre, podría decirse, ¿cómo lo ves?

Pues sí, ahora simplemente no puedo vivir sin enviar cartas, casi todos los días voy al correo, bien para enviar las cartas o para comprar sellos y sobres. Ayer compré 10 sobres.

Cartas

Foto de la autora

Postdata

Para el padrastro de Josué Bertrán Lescaille, también botero de carreras largas y con extranjeros preferiblemente, lo de hijastro ya sobrepasa los límites de lo natural. “Está obsesionado con los yumas”, así lo resume el anciano, dueño del carro que Josué maneja lo mismo hasta Trinidad que hasta Viñales, portando una tarjeta profesional que lo convierte en Licenciado cuando solo es técnico medio en lenguas extranjeras.

“Eso es márquetin”, dice el mismo sujeto que le ha escrito cartas al presidente colombiano Juan Manuel Santos, al uruguayo Pepe Mujica, y algunas amistades en Finlandia. Entre sus papeles, encuentro una postal enviada desde una pequeña ciudad finesa, donde se lee en inglés, tras muestras de cariño y referencias a la casa de los remitentes, que “le envío 20 euros y algunas cositas para la niña, querido amigo”.

Por eso le pregunto a Josué si ha sido parte de su intención lucrar con este “oficio de escribano”. Se pone nervioso, los músculos de su cara se tensan y responde que no, que para él es fundamental conocer, aprender cosas nuevas. “No sé usar facebook ni internet y, en estos momentos en que no es usual la correspondencia, para mí resulta muy emocionante, más allá de giros y paquetes”.