Hay un fetiche con la crítica sobre Cuba. Una búsqueda incesante de lo negativo, lo grotesco y lo ridículo. Un fenómeno ilusorio que no es bueno porque al final el fetiche siempre es un hechizo, enfermedad o desviación de la realidad.

La Cuba de hoy es traumática. Carece de paradigmas y no tiene rumbo definido pero es objeto de mucha atención e intereses. Sus ciudadanos pasan de un modelo paternalista insostenible a otro que requerirá mayor iniciativa y participación. Algunos medios siguen pecando de políticamente correctos, otros han surgido como negación de los primeros y en esa polarización son pocos los que brindan información precisa. La crítica ha pasado de ser un tabú que no debía dar armas al enemigo, a fenómeno masivo en Internet. Y en esta apertura necesaria, no son pocos los que aprovechan para sus agendas, sus dineros o sus posiciones extremas.

Existe un país que no le interesa a los medios, que no sale en las portadas de muchas webs dedicadas a publicar sobre Cuba, no le interesa a los grandes críticos. Existen historias de sacrificio, de heroísmo cotidiano y hazañas de todo tipo. Cuando las cuentan los medios oficiales a menudo lo hacen tan torpemente en busca de legitimar la política oficial, que pierden todo su valor. Cuando las cuentan otros, en ocasiones se hacen bien, en otras se les usa innecesariamente como herramientas para la crítica, incluso con mala saña.

Es difícil encontrar casos que no sean de apología o fetichismo crítico.

Si hacemos un experimento básico y buscamos las webs que más publican sobre Cuba, los resultados serán a menudo catastróficos. Pareciera que la isla se va a pique cada día, todo es negativo y en lo positivo siempre hay algo que sea criticable o permita omitirlo. Es el mundo de los extremos y pocos parecen interesados en una construcción común.

Los que critican en demasía es difícil que vayan a una escuela a cubrir la escasez de maestros o participen en un trabajo voluntario. La crítica se convierte entonces en la herramienta paternalista del ciudadano que quiere respuestas pero no está dispuesto a ser parte de ellas. Con todos sus problemas e incapacidades, el gobierno cubano se ve entonces acosado no solo económica sino virtualmente. Otros, han encontrado en la crítica una manera de ganarse la vida.

Algunos aprendieron pronto que el fetichismo crítico genera ingresos. Se lanzaron entonces a emprendimientos mediáticos que son legítimos pero favorecen la crítica en afán de visitas. Y pueden ser una nube de humo que magnifica fenómenos y oculta otros. Cuba es más que videos de tumultos callejeros, sexo público o escasez económica. Entonces no se hace referencia a la seguridad pública que tiene el país, la poca presencia de drogas o el nivel profesional de la sociedad. Lo publicable es que los jóvenes emigran, no que han llegado a ser profesionales en un país del tercer mundo. Lo publicable es lo que alimenta el morbo de los que visitan las webs, y el morbo se ha establecido para un público que quiere, necesita lo negativo.

Será imposible construir el futuro sin los emigrados, pero hay un sector de la diáspora que se marchó resentido del país y necesita pasar página de ello. Ya sea por errores gubernamentales, ya sea por no lograr realizarse económica o políticamente en el país, incluso algunos que nacieron fuera guardan ese sentimiento mórbido. Y buscan continuamente aquello que los reafirme en sus ideas de oposición al gobierno cubano, que les haga ver cuánto terreno han ganado, que les asegure cuán bien hicieron en dejar la isla. Algo utilizable para que el precio de la nostalgia sea tolerable.

Son ese grupo y otros más los que alimentan el fetichismo crítico. Incluso nosotros mismos, cansados durante tanto tiempo de tabúes estúpidos y autoritarismos.

Nos lanzamos entonces a criticar por el solo placer de poder hacerlo, sin llegar más allá de la catarsis.

Aunque nos sintamos un poco culpables y en el fondo sepamos que somos mejor que eso, vemos los videos mórbidos y leemos relatos de pesimismo. Mientras hacemos todo eso, nos olvidamos que 10 millones de cubanos no tienen acceso a estos medios, que todo es un espejismo entre nosotros, que la realidad es más rica que Internet. Y la crítica deja de convertirse en herramienta de transformación para dar paso al fetichismo inútil.

La historia de los cubanos puede seguir siendo la de mayorías o minorías excluyéndose unas a otras, como siempre ha sido. O puede dar un salto cualitativo buscando la construcción colectiva sin injerencia extranjera. El destino sí está en nuestros hombros pero con el peso del fetichismo crítico encima, difícil saber cuál es el terreno por donde vamos. Y toca construir juntos.