La discreción no parece ser un objetivo en el reciente acercamiento entre la Federación Rusa y Cuba. Más bien, pareciera que se quiere enviar un mensaje alto y claro con las repetidas muestras de coqueteo entre ambas naciones: ¿Acaso han regresado las viejas alianzas de la Guerra Fría?

Dicen que la historia se repite y parece estar ocurriendo. Aún queda fresca en nuestra memoria la última vez que por necesidad ingresamos a la órbita política de los pueblos rusos y algunas de las consecuencias que tuvo para nosotros. La pregunta entonces sería: ¿qué nos costará a los cubanos esta alianza fortalecida?

Este 11 de julio llega nuevamente Vladimir Putin a La Habana, en esta ocasión no solo verá a Raúl Castro sino también a Fidel, de ahí partirá hacia Argentina y luego Brasil, donde debe participar en la VI Cumbre del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Terminará su visita en la final del Mundial de Fútbol, que tendrá lugar en el Maracaná de Río de Janeiro. Allí, estará presente en la ceremonia de traspaso a Rusia de la organización del próximo Mundial de Fútbol.

¿Cuáles son los objetivos de esta visita? ¿Cuánto gana o pierde el país en este reforzamiento de relaciones con Rusia en el momento justo en que se enfrenta a Occidente?

Algunos medios internacionales han sugerido la posibilidad de que Rusia busque establecer bases militares en el área latinoamericana. En lo personal, espero que sea un rumor infundado porque la última vez que tuvimos bases extranjeras en nuestro país casi provocamos una guerra mundial, de hecho, ya este país tiene una base militar de sobra en Guantánamo.

Las redes sociales se han hecho eco de la visita de Putin en la forma más variada, entre bromas y análisis crítico los cubanos que tienen acceso a la web han plasmado sus impresiones. La bloguera Elaine Díaz destacaba cómo su visita tiene lugar, justo antes de las conversaciones con la Unión Europea y agregaba: “Antes de la primera ronda también vino algún funcionario ruso, lo que molestó bastante a algunos países europeos… ¿Intentan boicotear las negociaciones con la Unión Europea con esa visita justo ahora?”.

En este contexto de crisis económica mundial y perenne crisis nacional, los cubanos tampoco estamos en condiciones de poner demasiadas condiciones, pero sí debemos cuidarnos de no hacer concesiones en materia de soberanía.

La relación Cuba-Rusia

Debemos tener cuidado de no confundir la relación entre ambos países que existía en el pasado con la actual. Ya no existe una ideología compartida ni el espíritu de solidaridad inherente al socialismo.

En esta ocasión, los une una mezcla de intereses económicos con otros de carácter político, sin descartar que la historia compartida debe influir positivamente en dicha relación.

Mijaíl Gorbachov visitó la Habana en 1989, pero su avión no habría enfriado aún los motores cuando se desmembró la URSS y los cubanos perdieron su principal socio comercial: eran los preludios del terrible Período Especial. Desde 1991 se interrumpieron las relaciones entre ambos países y tuvo lugar un divorcio que se prolongaría por toda la década.

En el año 2000, Putin visitó de nuevo la isla, dejando un mejor sabor que el visitante anterior. Desde entonces las visitas se han precedido regularmente, Medvédev viaja a Cuba en 2008 y Raúl Castro llega a Rusia en 2009. Esta última visita tenía un valor significativo, porque Raúl había estado en la Unión Soviética en 23 ocasiones, pero llevaba 23 años sin poner pie en el antiguo aliado.

Las relaciones entre Cuba y Rusia datan de 1829, cuando el emperador Nicolás I fundó el consulado ruso en la Habana. Una historia larga, pero que no puede competir con la relación amor-odio y dependencia-soberanía que hemos tenido con los Estados Unidos. Volvemos a situarnos entre ambas potencias cuando le abrimos las puertas a Putin. Esperemos que Cuba gane prestigio y la ayuda económica necesaria, sin perder algunas esencias que arriesgamos en la época soviética.

En el año 2000, el presidente ruso dijo que el enfriamiento ocurrido en las relaciones exteriores con Cuba había sido un error: “Cuba es nuestro socio tradicional en el mundo”. En todo caso, quedará por comprobar la máxima de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Ya veremos qué nos deparan los próximos tiempos.