Cualquiera pensaría que con el dominio de idiomas extranjeros, y un título universitario que así lo avale, tienes garantizado un buen vivir en una Isla, que desde hace décadas, depende del turismo. No obstante, no todo lo que se cree, es.

La carrera de Lengua Inglesa tiene 27 años de creada en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas, y fue en noviembre de 2014 cuando recibió una acreditación internacional. Según su web, las esferas de actuación para esta profesión pasan por el turismo, la traducción para eventos, las relaciones internacionales, la investigación lingüística, la enseñanza de las lenguas extranjeras en la Educación Superior y las relaciones comerciales internacionales. Muy atractivo que luce, ¿verdad? Pero de la Academia a la realidad, se escabullen muchos motivos

Francisco Mederos tiene más de cinco años de graduado y ya se siente con experiencia nutrida para hablar de su licenciatura.

Luego de experiencias insatisfactorias para él en prácticas laborales donde más que “interpretar” le exhortaban a “luchar la divisa” en las instalaciones hoteleras, Mederos vivió el difícil momento de la “ubicación”. Para 30 graduados sólo llegaron tres plazas en los sitios más cotizados del sector turístico. El resto fue ubicado en la enseñanza general, incluso fuera del nivel Superior que especifica la licenciatura. La escasez de teachers en niveles inferiores de enseñanza, hizo cerrar los ojos ante lo estipulado como directriz. Ni con muchachos como los del grupo de Francisco se resuelve el problema: en 2016 el déficit de maestros en la provincia de Villa Clara superó los 1000 profesores, según fuentes oficiales.

“Como la mayoría de los profesionales del país, los de mi carrera sentimos que no terminamos siendo lo que esperábamos. De mi grupo algunos se fueron del país, otros se marcharon a La Habana en busca de mejores oportunidades profesionales y la mayoría emigró hacia el turismo. Pero estoy convencido de que muchos de los que hoy trabajan en eso hubieran preferido hacer otra cosa, dedicarse a la traducción o interpretación”.

Foto: Yariel Valdés

“En Cuba sí pudieran explotarse más estas funciones, pero las entidades no valoran el trabajo y creen que cualquier persona con algún conocimiento de un idioma extranjero puede dedicarse a la traducción. La necesidad existe, ahí están las planillas, los resúmenes, los artículos, los curriculum vitae, las biografías, los folletos, libros, publicidad a sitios que necesitan ser traducidos”.

—Sin embargo, el turismo sigue siendo el camino…

“La elección del turismo es clara: mejorar la economía, saber que además de un salario simbólico las propinas pueden aliviar tu bolsillo y en muchos casos permitirte lo básico: casa, comida, ropa y algunas vacaciones; pero el costo es inmenso. La vida social de las personas cambia. El tiempo que le puedes dedicar a la familia, a no perderte esos detalles importantes. Y a veces la elección se reduce a eso. Los que nos quedamos en el sector estatal, para no perdernos a la familia, dependemos entonces de dar clases particulares. Los más aventureros se ofrecen como guías particulares (aunque creo no está contemplada aún como figura del cuentapropismo) o se lanzan como freelance aprovechando las bondades de internet para ver si consigues algún trabajo de traducción que también viene acompañado de sus inconvenientes”.

— ¿Por qué?

“Porque las agencias o clientes se aprovechan de tu nacionalidad y te exprimen los conocimientos, y se demoran una eternidad en pagar, o te rechazan precisamente porque dónde vives no es posible efectuar ninguna de las modalidades que ellos tienen estipuladas”.

Así, ni hablando la “lingua franca”.

Foto: Yariel Valdés