A veces uno siente como si fuera una veleta, de esas que giran hacia todas partes en función del viento. Lo extraño del asunto es que estos no son tiempos de estar cambiando rumbo como si tuviésemos 10 años más de gracia. Cuba necesita de todos los actores económicos para enfilar hacia un mejoramiento de las condiciones actuales en las que está sumida. Un 2016 de decrecimiento y un primer semestre de 2017 de apenas 1%, nos recuerdan que lo hecho es aún insuficiente y que el dinamismo se ha concentrado en unos pocos renglones económicos.

Por: Riury Rodríguez Lorenzo

Uno de los sectores que en los últimos años ha tenido un mejor comportamiento ha sido el cuentapropismo. Su influencia en la economía nacional no pasa desapercibida: genera el 12% del empleo nacional; representa alrededor del 5% del PIB; paga salarios tres veces por encima de la media; significa un tercio de la capacidad de hospedaje del país; transporta millones de personas cada año y aumenta la calidad de los bienes y servicios ofrecidos. Todo esto sin existir un mercado mayorista para sus insumos, sin capacidad jurídica para comerciar con el exterior o reconocimiento como empresa.

A pesar de estos elementos, nacionales y sectoriales, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) ha anunciado recientemente nuevas medidas para el sector. Si bien no todas son negativas, la mayoría de ellas afectan inmensamente al sector privado de Cuba y constituyen, sin lugar a dudas, un paso atrás en el desarrollo del cuentapropismo y del país. Del anuncio realizado llaman la atención varios elementos:

1.       Detención temporal de las licencias más importantes de todas las aprobadas. El grupo de licencias “congeladas” aporta el mayor dinamismo y capacidad de mejora al cuentapropista. La temporalidad de esta medida influye enormemente en el encadenamiento del sector por cuentapropia y la generación de empleo.

2.       Eliminar la exención de pago de impuestos a los primeros cinco trabajadores. Este es un golpe directo a la médula de las pequeñas y medianas empresas. Esta medida no sólo desincentiva la generación de empleo formal y conlleva a la ilegalidad, sino que mantiene a los negocios privados cubanos bajo formas artesanales de producción.

3.       Ilegalidad en la compra de materiales, materias primas y equipos. No hacía falta una “más reciente evaluación del desempeño del sector” para darse cuenta que un hostal necesita sábanas y toallas, un restaurante cervezas y carnes y un auto piezas de repuesto. ¿Y dónde se consiguen? El pedido de un mercado mayorista o de contratos de suministro al por mayor sigue pendiente de respuesta. El desvío de recursos y la corrupción no es un flagelo que trajo el sector privado.

4.       Eliminar de manera definitiva el otorgamiento de licencias. Llama la atención su carácter definitivo y genera la incertidumbre de si mañana otras licencias no estarán también bajo el tiro. Esto genera una desconfianza y desinterés de invertir. Esta medida tiene efecto directo sobre el sector agrícola y sus intermediarios, pareciera que las cosechas que ya se pierden en los campos no son suficientes.

El reconocimiento de la categoría de bar, la posibilidad de salir del país y que un trabajador se quede a cargo del negocio o la unión de varias licencias comunes entre sí son muestras de que el sentido común triunfa, aunque sea de vez en cuando. La lucha contra la burocracia, que interpreta la ley en su beneficio, es inmensa. A veces puede durar siete años, a veces menos, a veces más.

Medidas como las anunciadas el 1ro de agosto no son soluciones temporales o definitivas a los problemas que existen y los nuevos que se irán generando. El contexto nacional e internacional se vuelve desafiante por los cambios que se avecinan, la agresividad del gobierno norteamericano o la nueva presidencia cubana son algunos de estos. La apertura del sector privado no es una baraja de cambio para juegos políticos, son más de 500 mil personas con familias que dependen de ellos directamente. Es una fuerza más en la estabilidad y desarrollo al que desde hace tiempo se aspira y que aún no se alcanza.

El Consejo de Ministros y los ministerios en sí deberían analizar soluciones más estratégicas como el reconocimiento de la empresa privada, los permisos de comercio exterior, el reajuste de las escalas impositivas y la estructura fiscal a la realidad empresarial, la emisión de normativas que dicten lo que no se debe hacer por encima de lo que se debe, la redefinición del concepto de acumulación de riqueza en Cuba. Ninguno de estos elementos significa un paso atrás en el proyecto que fue aprobado o una mirada hacia el neoliberalismo. Medidas de este corte aumentarían mucho más los flujos de inversión hacia nuestro país, disminuirían la incertidumbre empresarial y social y proporcionarían mayor confianza y seguridad en el camino por el que se marcha. La economía nacional necesita del aporte de todos, de la empresa grande, de la mediana, de la pequeña. De todos.

*El autor es emprendedor y consultante de negocios en Cuba.