Lo tildaron de loco pero Santiago Cuellar (padre) estaba en lo cierto. No siempre la vida deja entenderse en términos lógicos. De ser así continuaría cortando leña, cargando carbón, comprando litros de petróleo para alimentar la cocina de un hogar alejado 600 metros de la casa más próxima y 12 kilómetros del pueblo más cercano: Placetas.

“A ojo”, y con apenas vagas referencias de las bondades del biogás, Cuéllar (padre) reprodujo su propio biodigestor, un contenedor bajo tierra donde se produce el combustible a partir de la excreta de los animales. La energía sustentó a la familia Cuellar durante los últimos 17 años, aunque un percance en las piernas de Santiago casi le impiden seguir manteniéndola.

“Desde el accidente de mi papá asumí casi todas las labores de la finca incluyendo el biodigestor,” habla con naturalidad “Santiaguito”, primogénito de la familia, quien una noche se acostó como “el muchacho” y a la mañana siguiente se despertó con responsabilidades de hombre.

Foto de Iris C. Mujica

“No fue problema, crecí con el biodigestor. Es parte de la casa y de nuestra vida. Mi papá lo hizo a vista y yo aprendí a utilizarlo de esa forma. No hay que explicar nada. Sé cómo trabaja de tanto verlo. Me gusta escuchar al viejo porque así capto más rápido. Ninguno de nosotros tenemos estudios de ingeniería, solo somos dos personas que tratamos de entender cómo funcionan las cosas para después poder aplicarlo a nuestro beneficio.”

Con 17 años, y “a vista”, entendió sin mucha ciencia la producción de biogás bajo condiciones anaeróbicas (proceso donde microorganismos descomponen material biodegradable en ausencia de oxígeno).

“Quien vive en el campo sabe que es incomparable el beneficio con el costo. Este biodigestor jamás se ha reparado, solo se invirtió al inicio y aún gozamos de sus privilegios. Nos quitamos la búsqueda y compra de petróleo, carbón o leña para la cocina. No gastamos en corriente porque la generamos para el sistema de alumbrado de fabricación china. Ganamos velocidad y potencia en la cocción de alimentos. Los residuos no contaminan, se utilizan como abono orgánico en los cultivos y siempre queda para vender. Dicen que es sostenible, pero yo digo que da hasta negocio”, se extiende Santiaguito.

La finca “La Pastora” dispone de un biodigestor de 14 metros cúbicos con capacidad para 32 metros cúbicos de biogás. En 1999 Santiago padre observó como “montaban” uno a pocos kilómetros de su casa.

Foto de Iris C. Mujica

“No hay secreto. El nuestro es grande, de acero y cemento para hacerlo duradero. Solo necesita excrementos y mantenimiento. Basta el estiércol producido por 10 cerdos para abastecerlo. El potencial es maravilloso, lástima que no existan casas cerca porque pudiéramos proveerlos también, pues nos sobra gas”, explica el menor de los Santiagos.

“Este biodigestor es pionero en la provincia y ha salido tan bueno que todavía vienen personas de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas para comprobar su desempeño. Hace cuatro años nuestro refrigerador lo trajeron los de la fábrica INPUD, aquí le hicimos una adaptación de petróleo al biogás y jamás ha dejado de funcionar. Cuando todo marcha bien la gente viene a ver los resultados y nosotros con orgullo los mostramos.”