Apoyado en la fría barra de metal, Adrián luce como el bailarín menos avanzado de la compañía de ballet. Trata de interpretar, a veces en vano, los complicados términos en francés que dicta la profesora. Se equivoca, pero intenta caer de pie tras dibujar las piruetas en el aire.

Aunque jamás había pisado un tabloncillo, este santaclareño escogió bailar a sus 25 años. En las fiestas era el “macho alfa”, el dueño de la pista, el que no paraba en toda la noche. Pero, en realidad -y a pesar de que encontró un pasatiempo atractivo-  sabe bien que la danza no le garantiza la economía familiar.

¿Su solución? Sin renunciar a su carrera como bailarín, adquirió una licencia como operador de audio y fundó All Star, un proyecto audiovisual de fiestas urbanas.

“Me llaman sobre todo para quinces y fiestas en las escuelas… Los equipos los compré con mis ahorros y cuando hacía un dinerito conseguía nuevos materiales para el proyecto.”

Con la apertura al trabajo por cuenta propia proliferaron los negocios que se dedican a ambientar eventos y que, incluso, pueden ser contratados por el Estado para animar shows en cabarets o discotecas.

“Existen otros con más reconocimiento y pocos espacios para tantos proyectos. La contratación depende casi exclusivamente de la suerte. Tienes que conversar mucho con los administradores de locales y centros nocturnos para venderles lo tuyo a toda costa”.

El proyecto de Adrián está bien equipado, pero la descarnada competencia por los espacios lo ha hecho replantearse su continuidad en el futuro. Debe crear algo diferente, que destaque entre los demás. Por eso simuló una especie de bancarrota: entregó su licencia para reinventar All Star con un modelo que se asemeje a la habanera PMM.

“Mi idea es incorporar talento artístico: bailarines, cantantes, artistas de circo…montar un show bien grande, que impresione a todo el que lo vea, y llevarlo a las calles. Quisiera, sobre todo, dedicarme a hacer trabajos para niños en los barrios”.

All Star le da trabajo a Dj´s, luminotécnicos y utileros que perciben un salario en dependencia de las ganancias diarias.

“En su momento tendré que estudiar las vías legales para emplear a los artistas. Con mi proyecto busco mucho más que recrear a la gente, más que solo pinchar música de moda. Quiero que cuando el show comience, el público se olvide de sus problemas cotidianos y se divierta con regalos y juegos de participación”.

“No basta solamente con tener los equipos. Debo matricular en cursos para dejar de ser un cuentapropista y tener un título. Esto último es muy difícil, porque en Santa Clara los ofrecen, por lo general, a trabajadores vinculados a empresas. Para alguien de la calle es complicado obtenerlos. Sin esos papeles no tienes un aval que te respalde como profesional y las agencias no te contratan”.

Mientras, Adrián imparte clases de informática en la universidad y lleva a la par su carrera como bailarín, a pesar de que aún no puedan pagarle por ello. Entregó la patente de operador de audio para estudiar, ganar tiempo, comprar equipos y ampliar el proyecto audiovisual.

“Cuando lo tenga todo listo, vuelvo otra vez a la carga”.

Artistas cubanos

Foto: Yariel Valdés