Al final del inmueble destaca el amarillo de La Virgen de la Caridad del Cobre y las luces de una guirnalda frente a las cortinas rojas. La jefa del Salón anda de un lugar para otro. Suelta las tijeras, coge una escoba e indica cómo debe estar siempre el piso del establecimiento. Parece una Coronela del cuentapropismo en Cuba. Cada clienta pasa por su revisión, si nada más pestañea dos veces seguidas aparece alguna de sus ocho trabajadoras contratadas, y nada, parece escapar de su rigor.

“Ese es el único modo de avanzar: con exigencia. Es suficiente con que no exista un mercado mayorista que nos pueda surtir, y tengamos que constantemente variar los precios y tipos de producto. Ya esa inestabilidad me disgusta, compromete el servicio. Y el tema del arrendamiento del local es otro asunto que angustia”.

Hace cerca de cuatro años Daylén Castillo López arrendó un espacio en la sede del Centro Cultural Julio Antonio Mella, en el reparto Punta Gorda, de la ciudad de Cienfuegos. Allí estableció la Peluquería Ilusión. Sus estudios de Técnico Medio en electricidad no le garantizaban el éxito, pero si su agilidad para los negocios, su persistencia y la premisa de hacer equipo.

“Cuando nos iba viento en popa se me anunció que debía abandonar ese lugar, porque el Centro había pasado a ser propiedad de instituciones culturales. En esas condiciones permanecí varios meses porque estaba desprotegida legalmente. El contrato de los arrendamientos para la gestión no estatal es viejo. Las personas a veces no quieren invertir porque tienen miedo a que el contrato no los respalde. Se firma por diez años pero una de las dos partes puede romper la negociación en cualquier momento y entonces puedes quedarte en la calle y no te devuelven el dinero. Conclusiones: tuve que mudarme a otra sede, empezar de cero, encontrar nuevas clientas, remodelar el sitio.

“La verdad ahora me va muy bien, siempre tengo el Salón lleno, pero pasamos mucho trabajo para llegar a este punto. Cuando encuentras los productos en la calle son a sobre precio. El cliente se pregunta por qué hoy me cobran un precio y luego otro. Y es que cuando vas a la tienda buscas un color y cuando regresas ya no está, o sea que no te puedes casar con un mismo artículo. Incluso el desabastecimiento a veces se extiende. La importancia de un mercado mayorista es vital.

“Yo tengo que viajar a México con mucha frecuencia para poder garantizar los más de diez servicios que ofrezco.

“Si encima de todas estas limitaciones, cuando una persona viene a la peluquería no sale satisfecha, entonces sí te aseguro que no ganaría ni un centavo”, dice Daylén, muy convencida.

Foto: Marleidy Muñoz

La alumbrada Virgen en el altar de la esquina de la peluquería sugiere una vocación, cierto vínculo de Daylén con la Patrona católica de Cuba, sincretizada en Oshún, una de las deidades de la religión yoruba. “Cuando abrí aquel primer salón que tuve que abandonar, estaba muy cerquita del mar, frente a la bahía. Y creí que era la reina del Santuario del Cobre quien debía proteger mi negocio. El primer dinero que gané fue para comprar una escultura de su imagen con este tamaño. Pero detrás de eso hay más: las donaciones que le ofrecen no son para nosotras. Ni un centavo de ahí se invierte aquí, todo se lo ofrecemos a las clientas o personas que conocemos que tienen necesidades y necesitan ayudan”.

Comienzo entonces a entender otra verdad de la Coronela de Ilusión.

“Soy una hija bendecida de la Caridad del Cobre que seguirá siendo peluquera siempre y cuando las cosas cambien a favor del cuentapropismo en Cuba”, me dice bien fuerte, decidida.

Foto: Marleidy Muñoz