Hacer teatro en Cuba al margen de las entidades estatales es casi imposible a causa del restringido marco legal que regula la actividad. No obstante, el actor y director cubano Alexis Díaz de Villegas es hoy uno de los que marca un nuevo pulso al respecto.

Como en el resto del mundo, en Cuba tampoco se puede vivir del teatro. Qué más quisieran los cientos de actores y directores que conforman este campo cultural. Esto no es noticia. De todas formas, muchos de estos artistas buscan sistemáticamente nuevas posibilidades de gestionar sus obras al margen del camino trazado por las entidades estatales, que ha sido el de la completa subvención y que ha generado una burocracia sin razón de ser al sol de hoy.
Alexis Díaz de Villegas ya había dirigido antes de Sueños de un seductor, espectáculo basado en un texto de Woody Allen, pero esta es la primera vez que lo hace con el objetivo expreso de poner la obra en un restaurante privado en La Habana. Alexis es considerado por muchos de los críticos uno de los actores más completos y mejor preparados del país.

Aunque aún no se han aprobado este tipo de contratos en el sector cuentapropista, el director y protagonista de Sueños… ofreció una temporada de más de ocho semanas. Explica también que cobró por su trabajo en cada presentación, a diferencia de lo que ocurre en el circuito estatal. Ahí “no importa si haces 100 funciones o una, cobras el mismo salario mensual”, afirma el actor.

Fue muy simple, una coyuntura muy específica, que no indica una tendencia, pero al menos sí una ruptura: “Tengo un amigo español, al que conozco desde hace diez años, tenía este restaurante y me propuso la idea de hacer un día de teatro en su espacio”, cuenta. Algunos comentaristas coinciden en que se trata de un trabajo muy poco riguroso en comparación con el historial del actor, a pesar del éxito que se le atribuye a esta obra en un espacio donde la motivación del público no es solamente atender a los actores y hay muchas distracciones.

Atrapado y con salidas

Sueños de un seductor es anunciada como parte del repertorio de una de las principales compañías de teatro de Cuba, El Público y de su director Carlos Díaz, requisito indispensable para presentarse en cualquier establecimiento. Sin embargo, la compañía no interviene en el proceso creativo ni en la producción, es Alexis quien lo dirige y junto al dueño del restaurante asume la materialización del espectáculo.

“Hasta ese momento he estado yo al frente de los actores. Pero cuando quisimos presentarla también en la sala Adolfo Llauradó, a la hora de rellenar los papeles hay que decir a qué grupo de teatro perteneces, quién te autoriza, explica el actor. Sin ese requisito no es posible acceder a ninguna sala teatral, todas ellas gestionadas por el Estado: “Tengo la suerte de que Carlos Díaz me apoye en mis locuras y mis proyectos pueden salir por el público, pero no debería estar siempre recostado a la sombra del árbol”.

Alexis tendría que tener un proyecto reconocido institucionalmente para poder dirigir por su cuenta. De lo contrario no tiene posibilidades, según las regulaciones actuales, de presentarse en salas estatales, que son las que en Cuba garantizan el acceso masivo y subvencionado al teatro. En realidad, tampoco están autorizadas las presentaciones en restaurantes u otro tipo de negocios privados. Como director, Alexis tiene hoy muy pocos caminos para desarrollarse.

“Si ahora mismo un director quiere representar un espectáculo en su casa, eso puede convertirse en un problema institucional para que asista público, o para hacer la promoción”. Así ejemplifica Carina Pino, teatróloga cubana, el estrecho camino estatal para producir teatro, frente a las nuevas vías que se van perfilando en este campo cultural.

“Pero tampoco, incluso cuando ya el proyecto está aprobado, puede tener una cuenta bancaria a nombre de ese trabajo. Eso implica que cuando ganas un premio o gestionas fondos con embajadas o empresas, no puedes recibirlo directamente, sin que pase por la institución. Así mismo, nadie pone dinero en cuentas personales, no funciona así”. Ahora es Marta María Borrás, crítica teatral y una de las coordinadoras del Laboratorio Ibsen en Cuba, quien aboga por las alternativas que en el mundo se utilizan en la producción teatral.

Sueños de un director

Aunque la cuestión institucional está limitando a los creadores, a Alexis le gustaría poder rentar un local, poner a funcionar un bar y en el sótano tener un salita de teatro pequeña donde poder presentar sus obras. “Podríamos dar talleres, invitar a otros directores… hacer mil cosas”. Pero esto todavía no es posible.

Por ahora hay quienes se acercan a las embajadas a gestionar fondos, otros acuden a empresas como Habana Club y un grupo de aerolíneas. Algunas instituciones, como la Asociación Hermanos Saíz, dan premios que incluyen dinero. Y también se está experimentando con el crowdfunding. Pero todo es aún muy germinal como para poder hablar de teatro independiente.

—Si te pagan tan poco, ¿por qué hacer 100 funciones y no 20?

—Es que la obra empieza a cocinarse a partir de la función 20, responde. El teatro no me es rentable, uno tiene que estar haciendo 20 cosas a la vez. Pero bueno, tampoco lo hago porque me paguen más o menos. A lo mejor soy bobo, pero es lo que me gusta y lo que quisiera poder hacer siempre. Es mi vocación, lo que llevo en la sangre.