En tiempos de temporada ciclónica, una nueva tempestad ha aparecido en las casi siempre revueltas aguas del deporte cubano. A la muy reciente depresión tropical “Marcia Videaux”, se ha sumado la tormenta “Bruzón”, luego de que la Comisión Nacional de Ajedrez anunció su baja de la preselección cubana.

En una nota replicada por varios medios nacionales la institución rectora del juego ciencia en Cuba explicó su decisión debido a violaciones cometidas por Bruzón a su contrato con la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento. Las presuntas indisciplinas estaban relacionadas con un viaje del tunero a los Estados Unidos y su permanencia en ese país.

Un día después de publicada la nota, Bruzón, como en una Defensa Siciliana, posteó en su perfil de Facebook:

“Aunque pensé bastante antes de decidirme no me quedó más remedio que escribir unas palabras sobre el tema, quizás no es lo más sensato pero no puedo dejar pasar así las cosas sin aclarar sobre las mentiras que han publicado”. Y acto seguido, cuenta su versión de la historia.

La respuesta del Gran Maestro fue compartida por las redes, ampliamente comentada por los usuarios, y replicada en varios medios de prensa alternativos del país. Pero no por la prensa oficial. No por quienes anunciaron su ausencia a la Olimpiada de Ajedrez, ofrecieron en primicia la noticia de su expulsión, y dieron seguimiento de forma pública a una historia cuya continuidad ahora desconocen. Ni siquiera quienes habían dado un seguimiento más concienzudo al caso han replicado o comentado las palabras del ajedrecista.

Y la pregunta que se impone es: ¿Por qué?

No solo por qué los medios oficiales no hacen referencia a la respuesta de Bruzón, sino ¿por qué en las mismas páginas donde se divulgaron los criterios de la Comisión Nacional, no hay un espacio para que el agraviado responda? Esto es lo que se conoce como derecho a réplica, formalizado en gran parte de las leyes de prensa del mundo y en la propia práctica del periodismo como una garantía ciudadana ante posibles excesos, arbitrariedades o equivocaciones de los medios de comunicación.

Por ejemplo, la Ley Orgánica de Comunicación del Ecuador, en su artículo 24 establece que:

“Toda persona o colectivo humano que haya sido directamente aludido a través de un medio de comunicación, de forma que afecte sus derechos a la dignidad, honra o reputación, tiene derecho a que ese medio difunda su réplica de forma gratuita, en el mismo espacio, página y sección en medios escritos, o en el mismo programa en medios audiovisuales y en un plazo no mayor a 72 horas a partir de la solicitud planteada por el aludido”.

Si Bruzón fuera ecuatoriano, por ejemplo, tendría un instrumento legal al que acudir para exigir su derecho de réplica. Pero es cubano, un país donde en los medios oficiales se ha permitido en ocasiones la respuesta de personas aludidas, pero en el cual no existe nada legislado al respecto, lo que permite que este derecho se aplique de manera discrecional, perdiendo su carácter obligatorio y convirtiéndose casi en un privilegio, un favor o una posibilidad según los criterios y la conveniencia de quienes administran y dirigen los medios. Curiosamente, el Código de Ética de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en su artículo 25 sí reconoce el derecho a réplica, pero solo a los miembros del gremio. Y Bruzón, además de cubano, no es periodista.

En meses pasados fue presentada de manera resumida a miembros de esta organización, la Nueva —y casi fantasma— Política de Comunicación, de la cual muy poco o casi nada conocen la ciudadanía y los periodistas —de formación y profesión— que no pertenecen a la UPEC. Sería útil saber si la Nueva Política incluye dentro de su contenido el reconocimiento del derecho a réplica; ya que es imposible exigir aquello que se desconoce.

Más allá de si la razón en el incidente en cuestión la tiene Bruzón o la Comisión Nacional, la posibilidad de responder a una alusión directa no solo es una garantía que favorece al individuo afectado. También es una forma de que el público conozca otros argumentos, otras dimensiones de la historia que pueden ayudarle a formarse una opinión más completa, y no quedarse solamente con la versión del “borracho” o la del “cantinero”. No se trata de fomentar “dimes y diretes”, sino de esclarecer, de buscar consenso. Para eso está la prensa, o al menos aquella que persigue ser funcional y útil a la sociedad.

Bruzón de seguro ni siquiera intentó reclamar su derecho a réplica, pero el silencio mantenido por la prensa oficial ante su respuesta, hace pensar que tal acción no hubiese sido muy provechosa.

Echó mano a lo que tenía e hizo justicia por propia cuenta. No se detuvo ante la falta de apoyo de los medios estatales, Como un Gran Maestro que sabe adueñarse del medio juego, publicó en Facebook su versión de los hechos y puso en jaque a la Comisión Nacional, a la prensa oficial y a quienes dirigen los destinos del deporte cubano y del propio país, como puede evidenciarse ampliamente en los comentarios dejados en las redes sociales y en los medios que se han hecho eco de toda o parte de la noticia.

No obstante, el verdadero jaque mate en toda esta historia —como en otras anteriores— lo seguimos recibiendo nosotros como ciudadanía, y ese proyecto de Nación al que aspiramos, que cada día se torna más difuso y abstracto en tanto no desarrollemos las capacidades para resolver diferencias de manera dialogada, justa, democrática y participativa.

Publicado originalmente en PlayOff Magazine