El negocio legal del combustible en Cuba es controlado por el Estado, estas instituciones comercian internacionalmente, fijan precios minoristas dentro del país, distribuyen los puntos de venta y los abastecen. Pero claro, ese es el negocio legal, porque el verdadero negocio, quizás el más eficiente, es llevado por administradores, piperos, pisteros y choferes estatales.

Para entender este negocio, ilegal como es, debemos saber que los precios de los combustibles en Cuba no son negociables, no fluctúan y sus aumentos jamás son previamente informados a los consumidores. Por lo tanto, las ganancias de quienes viven de trasegar con hidrocarburos jamás saldrán de la explotación del bolsillo del comprador ordinario.

Alberto fue pistero por más de diez años, tiempo en el cual hizo lo que todos sus compañeros de trabajo: comprar combustible por la izquierda y venderlo en las gasolineras Cupet, solo que ese dinero no iba a la caja de recaudación, sino a los bolsillos de un Alberto que vivía por entonces tiempos de holgura económica y despreocupación por el combustible que consumía su motocicleta.
“El rejuego realmente era complejo, pero después de un tiempo se volvía rutinario. Eso sí, incluía a mucha gente porque una pipa de combustible no se vende en media hora. Había que incluir en el negocio a los despachadores, los económicos, los tres turnos de guardia de la pipa y de Cupet”, explica Alberto, quien aclara que lo único en lo que nadie intentó nunca ganar un centavo fue alterando los precios: “nos lo vendían a mucho menos precio de lo que costaba en la bomba (dispensador), nosotros cargábamos eso y lo vendíamos a precio de Estado, no hacía falta ponerlo más caro”.

Actualmente el precio de la gasolina regular en Cuba es de 1.20 CUC —30.00 CUP al cambio oficial—, aunque para algunas instituciones resulta menor. Por lo cual muchos cubanos han encontrado variantes para abastecer los depósitos de sus vehículos.

“Antes se podía conseguir un poco más barata —la gasolina— con algunos choferes que la vendían personalmente, pero ahora casi siempre hay que ir hasta el servicentro porque ya esos mismos choferes le venden el combustible de la tarjeta a los pisteros, y como ellos se quedan con todo lo que les lleven…”, comenta Alejandro, dueño de un Lada 2107.
Según Alberto, al mismo tiempo que subían los precios de la gasolina en el mercado oficial, también lo aumentaba sus abastecedores, “lo que pasa es que siempre daba negocio, incluso en los días en que las ventas no eran demasiadas”.

Intentar administrar un servicentro requiere conocimientos de química, años de experiencia y una agilidad felina para los cálculos y conversiones matemáticas; también requiere conocer al detalle las características de los tanques enterrados que se poseen y llevar un minucioso registro personal de cuanta gasolina se vende, y la que se puede admitir en cada depósito. “Por el tipo de combustible —la gasolina posee gran cantidad de gases—, las mediciones siempre son aproximadas, con una diferencia de más menos 100 litros, ahí hay un espacio”, cuenta Alberto.

Una de las variantes era declarar una de las bombas rotas, y llenar su tanque con combustible de mayor calidad. “A los piperos no les importa dónde la echan, una vez que recibes la pipa y rompes el sello esa gasolina es tuya, y tienes que saber cómo y dónde guardarla”.

Sin embargo, con la automatización de las ventas (las máquinas de pago están directamente conectadas a los brazos expendedores), ahora el gran negocio radica en las tarjetas, aunque las viejas prácticas no se olvidan. “Nosotros comprábamos el combustible directo, ahora la gasolina viene en chips (tarjetas) y te ‘ensucias’ menos las manos. Pero igual involucra a mucha gente, pues los vales de recibo y la caja tienen que cuadrar al final del día. Hoy se ganan menos, pero nadie pierde”, asegura Alberto.

Claro está, los pisteros y la relación que establecen con sus abastecedores no es la única variante. El combustible en Cuba puede tomar otros cauces, que incluyen intermediarios y ventas clandestinas a menor precio que el establecido por el Estado.
Sin embargo, muchos son los choferes estatales y piperos que prefieren mantener en pie las negociaciones con los pisteros. En palabras de Alberto la razón es simple: “Nosotros éramos más rápidos, comprábamos en grandes cantidades y pagábamos al cash”.

 

Nota: Este texto fue publicado originalmente en el sitio web de OnCuba Magazine. elTOQUE lo reproduce con autorización de sus editores.