Armando Garniga tiene 28 años, pero ya ha trabajado casi la mitad de su vida. Es un muchacho inteligente y siempre le han gustado las ciencias exactas. Cuando terminó la secundaria tuvo la posibilidad de ingresar una escuela de alta exigencia académica, pero prefirió estudiar informática en el politécnico Pablo de la Torriente Brau de La Habana.

“Yo quería estudiar algo que me vinculara rápido a las ciencias, pero me equivoqué. No creo haberme preparado lo suficiente en el tecnológico, solo recibí asignaturas que de forma general me acercaron a la informática. Lo que sé hoy lo he aprendido de forma empírica. Soy bastante crítico con el sistema de educación en Cuba, creo que falta mucho en algunos sectores para graduar a profesionales con las herramientas necesarias”.

Mandy, como todos lo conocen, comenzó a trabajar con 15 años. No tenía permiso para hacerlo, pero iba a los talleres de sus amigos para aprender con ellos. Cuando pudo sacar la licencia se dedicó por cuenta propia a la reparación de ordenadores y a través de ciertos clientes saltó al ámbito de la música atendiendo como informático los estudios de algunos músicos populares como Pablo FG, Adalberto Álvarez y Pedrito Camacho.

“Muchos amigos me pedían que les revisara sus móviles. Poco a poco me fui enamorando de ese mundo, entonces decidí cambiar mi perfil de trabajo y dedicarme por completo a la telefonía móvil. Es mucho más sencilla, rápida y me reporta mayor ingreso”.

Comenzó a lidiar con el arte de mantener vivos a los móviles en Cuba (de todas las marcas y procedencias) en un taller modesto, pero con colegas muy preparados. El salto a los muy “fashion” talleres de Ultracell (una conocida red en La Habana) vino después.

Foto: Claudio Pelaez Sordo

“Para montar un taller con la presencia, las herramientas, los accesorios y todo lo que tiene Ultracell, se necesita invertir mucho dinero. En este lugar lo primero es satisfacer la carencias de los clientes y nunca decirles que no”.

“Los precios son los mismos en todos los lugares. No porque Ultracell tenga mejor presencia el servicio es más costoso. Lo que vale es ganar más clientes. Cada técnico tiene la facultad de ponerle precio al trabajo que realiza, por eso muchos dicen que no es igual la tarifa en las tres sedes de Ultracell, la de 41 y 42 Playa, la de 23 y 8 Vedado y la de Obispo 411, Habana Vieja”.

En esta especie de franquicia de talleres viven los mismos dilemas que en cualquier servicio similar del país. Su papel en la sociedad ha querido ser reducido al de meros reparadores de equipos en uso; pero por supuesto que lo superan cuando la demanda se mueve hacia la adquisición de aparatos, el desbloqueo de aparatos importados y la configuración de servicios que la única empresa estatal de Telecomunicacioines no puede ofrecer.

“Los clientes llegan al sector particular buscando suplir las necesidades que el estatal no brinda. ¿Y por qué?, porque ofrecemos lo que ellos quieren, esa es la diferencia. ETECSA tiene muchos servicios gratis o a muy bajos precios, pero si fueran suficientes, entonces nosotros no seríamos necesarios”.

Foto: Claudio Pelaez Sordo

A Mandy le brotan las insatisfacciones.

“ETECSA controla el monopolio dejando sin espacio a técnicos emprendedores. La empresa Cubacel podría estudiar la forma de crear convenios con el sector no estatal, como se han hecho en otras empresas con el tema de las cooperativas no agropecuarias. Al taller llegan clientes deseosos de que le creemos una cuenta Nauta; pero no podemos, la única solución: hacer la extensa cola de las oficinas de ETECSA para tenerlo, y al final parar en el mismo taller para reconfigurar el teléfono”.

Por eso propone que talleres como Ultracell, con papeles en regla y un comportamiento fiscal responsable, tengan acceso a una plataforma digital y puedan prestar también ese tipo de servicios. “El dinero se deposita en una cuenta institucional y problema resuelto. Así se descentralizan las funciones y la población queda satisfecha.”

“Todavía estamos esperando que nos puedan rentar líneas ADSL. Los que estamos en este nuevo sector no somos los malos de la película y tenemos, como otros centros laborales, necesidades básicas para trabajar”.

“Nunca ETECSA se ha proyectado para lograr convenios con nosotros, cuando viene algún funcionario solo revisa que lo papeles estén en regla, que se cumpla con lo establecido, pero nunca nos han preguntado qué necesitamos para trabajar mejor. Creo que lo que falta es voluntad”.

Foto: Claudio Pelaez Sordo

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