La gente de por mi casa está acostumbrada a votar cada dos años y medio y a pagar la luz una vez al mes. Son rutinas muy fáciles. Sales, haces lo tuyo y, cuando vuelves, ni el cobrador ni la del CDR te joden más.

La gente vive rápido. No hay huevo, no hay transporte, no hay dinero, no hay muchas casas por lo del tornado, no hay, no hay, y uno está obligado a luchársela, a conseguir todo eso desde que amanece hasta que anochece, sin descansar. La gente de por mi casa quiere estar bien: poder, de vez en cuando, tomar helado, sentarse en el parque, fumar, beber cerveza, ir a un concierto, dormir rico, ir a Francia, cosas de esas, y lo que encuentra cada vez que sale son colas en los cajeros y tristeza y velocidad. La gente de por mi casa es gente buena pero gente práctica, y en realidad son pocos los que hablan de constitución y menos los que entienden de qué va todo aquello en un país que funciona torpemente con una constitución setentera; que no va a ser distinto después del 24 de febrero porque una X puesta en un papel no va a hacer mágicamente que aparezcan huevos en las gallinas ni dinero de más en las tarjetas.

La gente de por mi casa sale temprano de lunes a viernes y limpia y lava sábados y domingos. No tiene tiempo para estar mirando la parte de atrás de las guaguas, ni los cristales de las librerías, los bares y las tiendas, y a veces ni televisión. Las vallas por las calles dicen SÍ, SÍ, y uno pasa y las mira pensando en cómo coge un P14. El reguero de síes lo que hace es ahorrarte el cansón acto de pensar de la misma forma que el número en la factura de la luz te ahorra leer el contador. Sales, haces lo tuyo…

La gente del Estado sabe eso. También sabe que la gente ama Cuba y que casi todo el mundo todavía cree que amar Cuba es amar a ese Estado. Cuando les da por lo del voto unido, los medios de prensa dicen que ese voto le hace falta a la Patria. Repiten, por ejemplo, que “votar unidos en Cuba no es un acto de disciplina sino de conciencia”, y que es “una manera de demostrar el respaldo hacia el gobierno, a su democracia”. Entonces la gente de por mi casa vota unido aunque casi nadie sabe exactamente para qué. Los convencidos lo hacen porque creen que votar unido es subir la Sierra y ponerse a tirar tiros para la Revolución pero en las urnas, en las nuevas trincheras; porque de verdad creen que tirar tiros para la Revolución es también tirarlos por Martí, Camilo y todos los personajes con los que uno pueda ilusionarse en la historia de Cuba, que no es más que una lista de muertos y de cosas que ocurrieron para que en el momento de las urnas, de estar allí parado con tu lápiz y tus sentimientos, tú votes unido, y votes SÍ el 24F.

La gente convencida de por mi casa son cuatro o cinco; los desconvencidos son dos o tres. Los demás viven rápido. Pagarán la factura de la luz para no quedarse a oscuras y votarán SÍ aunque en algún momento, aunque sea por joder, hayan tenido ganas de votar NO. Ya dice Nietzsche: Esta es la fórmula de nuestra felicidad: un sí, un no, una línea recta, una meta.