Cada mañana Jesús Iglesias quita el polvo de la tarima antes de surtirla con ayuda de su hermano. Luego ambos actualizan la pizarra de ofertas y separan sus productos según su calidad y precios. Justo a las 8 a.m. su establecimiento, situado al borde de una avenida del Cerro, en La Habana, comienza a vender productos agropecuarios. Es un kiosco de unos cinco metros con variedad de frutas, viandas y vegetales; y donde, hasta hace algunas semanas, se incluía al cliente una bolsa plástica para guardar sus compras.

“Un día llegó un inspector y me dijo que estaba prohibido dar jabas, que mi licencia no era para eso. Entonces tuve que descartar el servicio para evitar ser multado, a pesar de que afecta al cliente”, explica este hombre con acento de quienes provienen de la región oriental.

Desde que retiró las bolsas, el vendedor confiesa que no solo ha causado molestias entre sus compradores, que ahora deben traer sus propios envoltorios, sino también que ha perjudicado el ritmo de venta de su negocio.“Esta es una avenida muy transitada por autos, los choferes paran y compran; pero si no tenemos bolsas, muchos se van con las manos vacías”.

La experiencia de este carretillero no es aislada: en otros municipios de la capital varios cuentapropistas han dado una explicación semejante a sus clientes cuando los compradores solicitan bolsas.

Después de adquirir dulces en una cafetería privada de 19 y 72, en Playa, Camilo pidió una bolsa para llevarlos a casa. Antes de responder, la dependienta movió la cabeza de un lado a otro, encogió los hombros y le explicó cautelosa: “tenemos prohibido brindar jabas junto a los productos. Si lo hacemos, pueden multarnos.”

La norma a la que se refieren estos trabajadores es el artículo 5 f) del Decreto Ley 315 que regula la actividad por cuenta propia en Cuba. El inciso establece que si no se demuestra la licitud de alguna de las materias primas, el trabajador será multado con 1500 pesos. O lo que es lo mismo, si regalas una bolsa al cliente, los inspectores de la Dirección Integral de Supervisión y Control  exigen como respaldo vales que muestren de dónde provienen los envases.

Sin embargo, los mercados del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), únicos establecimientos que comercializan las bolsas de manera regular y con el precio más barato del mercado (0.50 CUP) no entregan recibos.

Cuando se les pregunta a los dependientes de estas entidades cómo un cuentapropista puede respaldar el origen de las bolsas, las respuestas varían.

Mientras en el mercado ubicado en la habanera calle de Tulipán, el dependiente que despacha las “jabitas” explica que no existe un vale para esto, la económica de un establecimiento homólogo ubicado en 17 y K, en el Vedado, coincide en que allí tampoco se han emitido estos comprobantes, pero podrían considerarlo si el cliente lo necesita.

Algo parecido sucede en los mercados Ideales, del ministerio de Comercio Interior, la otra única fuente lícita de las socorridas “jabitas”.

En el mercado del Mónaco, en el municipio habanero de 10 de Octubre, tampoco emiten ninguna factura que valide el origen del producto. La situación se repite por varios mercados visitados más.

Venta de jabas en mercados de la EJT en La Habana. Foto: Javier Arrizurrieta.

Venta de jabas en mercados de la EJT en La Habana. Foto: Javier Arrizurrieta.

Aunque los trabajadores por cuenta propia obtuvieran los vales que justifiquen la adquisición lícita de las bolsas, ese no sería el único impedimento para que las incluyan en su servicio.

“Vender jabas o termos no está dentro del alcance de la actividad de servicios gastronómicos o vendedores agrícolas. Si no está estipulado en la ley, comercializar los envases es delito”, explica la especialista en multas del municipio 10 de Octubre, Heidy Galván.

La respuesta de la especialista cuando se le pregunta qué solución existe entonces para que el cliente guarde sus compras, es toda una contradicción.

“Los envases pueden incluirlos en el servicio, mientras tengan los vales que respalden su procedencia, pero no ofrecerlos a cambio de dinero. Cada cosa que puede hacer un cuentapropista está estipulada con detalle. Lo que no está escrito es ilícito. Ellos pueden incluir los envases y sumarlos al costo final, pero no decir que los venden”.

De acuerdo con la especialista, se supone que los vendedores privados “agreguen valor” a su servicio (llevarse, por ejemplo, una pizza caliente, desbordada de aceite, en una bolsa; en lugar de en la mano) pero lo pueden hacer sólo si presentan unos comprobantes que no entregan los únicos suministradores oficiales del producto, o si incluyen en el precio el costo de la jaba, sin decirle a nadie que están cobrando por venderla. Quien lo entienda, que lo diga.

Impedir la comercialización de un simple envase porque “no está dentro del alcance de la actividad” es uno de los absurdos resultados de intentar detallar minuciosamente cada una de las acciones permitidas al sector cuentapropista, como han señalado de manera reiterada varios economistas.

Puede que con estas limitaciones recientes, los conflictos alrededor de “las jabitas” hayan encontrado otro de sus ejemplos más absurdos, pero las medidas restrictivas para el sector privado no son novedad en la isla.

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Antes de que a Jesús o a la dependiente de la cafetería les advirtieran sobre el peligro de comercializar envases, este derecho estaba solo permitido a para algunas unidades de comercio minorista donde eventualmente se encuentran por el valor de un peso cubano.

Tampoco en los mercados de la EJT pueden adquirirse sin límites. A cada persona allí se le vende un máximo de 20 bolsas. Además existe otra separación entre los mercados que venden en CUC y CUP. Los primeros incluyen la bolsa como parte del servicio y los segundos la venden por separado.

Esta nueva restricción hacia el ejercicio de los trabajadores privados llega pocas semanas después de que entrara en vigor otra resolución (la número 54 del Ministerio del Comercio Interior) que pretende garantizar la protección al consumidor.

Resulta —cuando menos irónico— que mientras el reglamento de esa norma legal indica que los clientes deben recibir mercancías y prestaciones con calidad, las bolsas continúan ausentes de tiendas recaudadoras en divisa, agromercados y, ahora también, vedadas al sector privado.

“Si yo adquiero las jabas en los mercados o los de la EJT, como cualquier otra persona, ¿por qué incluirlas en el servicio es penado? —se pregunta Jesús— ¿Cómo puede ser ilegal regalar una jaba en Cuba?”.