Cuando nací todo estaba claro. Debía estudiar mucho, portarme bien en la escuela, ir a la universidad, tener algún día una familia y ser muy revolucionario. Obama viene a una Cuba que ya no es así.

Por: Harold Cárdenas Lema

Nadie podía prever que ese paradigma estaba a punto de sufrir un trauma terrible que llegaría al 2016. No imaginamos que los chicos se interesarían menos en estudiar y más en ganar dinero rápido. No sabía que algunos revolucionarios en realidad no eran tales. Que la narrativa de construir consenso nacional alrededor de la hostilidad estadounidense, perdería fuerza después de un 17 de diciembre aún más inimaginable. No sabría que el presidente de Estados Unidos vendría a Cuba. Diablos, si lo hubiera afirmado hace dos años me hubieran dicho loco. No sabía que seguir siendo socialista en este nuevo contexto, sería un ejercicio más difícil aún.

Mi memoria es tan mala que casi nunca recuerdo las primeras veces de nada, pero las referencias sobre ese país enorme encima de nosotros, están claras. Antes de saber su nombre aprendí el significado, los adjetivos y el peligro que era para los cubanos de la isla. En algún momento alguien debió explicarme con más profundidad sus virtudes y defectos, pero esa clase nunca llegó.

Era suficiente con entender que en esta película, nosotros éramos los buenos y ellos los malos.

En unos días viene Obama a Cuba. Entonces comienzan a aflorar las contradicciones propias de una situación en la que hay un cambio drástico. Como mismo chocaba ver recibiendo a deportistas emigrados los mismos funcionarios que durante años les dedicaban todo tipo de adjetivos y ofensas, hoy vemos algunos moderar su lenguaje inconsecuentemente.

Para los sectores de izquierda este nuevo contexto implica muchos desafíos. ¿Se puede ser antiimperialista y apoyar la normalización de relaciones a la vez? ¿Recibir a Obama significa alguna concesión de principios? Hay muchas preguntas sin responder.

En los últimos días un extenso editorial del periódico Granma vino a suplir la ausencia de información sobre la posición gubernamental al respecto. Aún así queda sin responder una pregunta mayor en este nuevo contexto: ¿cuál debe ser la postura ciudadana? Suponer que los cubanos son sujetos acrílicos repetidores de posturas oficiales sería un error, asignarles un rol pasivo también en este nuevo escenario sería un suicidio. No se puede construir el socialismo sobre las bases del apoliticismo o el desentendimiento con la realidad.

Hoy estamos viendo un cambio de estrategia en ambos gobiernos, desde que Raúl le dio la mano a Obama fue cambiando todo. Muchos no entienden qué ha pasado, no comprenden los nuevos roles, confunden la diplomacia con amistad o creen que la sociedad debe jugar el mismo papel que los ciudadanos.

Mi primer recuerdo político de los Estados Unidos es de un dibujo animado llamado Aquella República, en el que se presentaba al Secretario de Estado de la época visitando Cuba y siendo recibido por una horda de manifestantes. El video era un total producto de la Guerra Fría y la circunstancia de hostilidad estadounidense que marcó nuestra infancia pero expresaba a las claras lo que era consenso social en la época. ¿Cuál es el consenso ahora? ¿Nos servirán ahora las interpretaciones simples y caricaturescas en una realidad compleja? ¿Se repetirá el final del dibujo animado en el que el funcionario debía escapar por ls manifestaciones en su contra?

El personaje negativo de Aquella República era un típico anglosajón con acento exótico, ahora nos visitará el primer presidente negro que sabe decir frases en español cuando quiere generar impacto. ¿Obama dirá solavaya y escapará como su coterráneo en el dibujo animado? No lo creo. Dirá Oh con su mejor acento y sabrá hacerlo con todas las herramientas de la comunicación policial que acá no tenemos. Y con toda la dignidad del mundo de nuestra parte, no es suficiente. Mejor nos ponemos las pilas nosotros, antes que nos alcance la realidad.