En la televisión de La Habana una cifra acompaña la descripción de los preparativos del nuevo curso escolar. La Dirección Provincial en la capital confirmaba que el déficit de maestros este año ascendía a fines de agosto a 4724, lo cual podría implicar más de 56 mil alumnos sin todos los docentes necesarios.

Aunque la cifra pareciera no ser tan preocupante. En su más reciente conferencia de prensa, la Ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, aseguró que están garantizados el 93 por ciento de los maestros necesarios, y que las provincias de La Habana, Matanzas, Artemisa y Mayabeque declaran déficit aunque menos que el curso precedente.

Sin embargo, reportes de prensa del propio mes de agosto agregan otras provincias que también padecen por la falta de profesores. En Camagüey, por ejemplo, todavía faltan 1000 profesores, en Ciego de Ávila, 585; en Cienfuegos, 532, en Las Tunas 263…

La principal solución a la que apela el Ministerio de Educación son las llamadas suplencias “alternativas”: personas con otro empleo que se contratan como profesores a tiempo parcial, funcionarios del MINED que asumen también la docencia en algunos grupos, el incremento del número de aulas que deben atender los mismos maestros y los llamados “contingentes universitarios”.

En Villa Clara, por ejemplo, se cubrirá la demanda de educadores con 1500 de estas “alternativas”.

Otra solución frecuente es el traslado de profesores entre provincias. Santiago de Cuba, por ejemplo, aporta 1400 maestros para diferentes territorios, pero al hacerlo casi “desviste un santo para vestir otro”, ya que cubre sus propias necesidades con profesores contratados por horas y la reincorporación de 350 jubilados.

A todas luces los esfuerzos por resolver la situación resultan insuficientes. Las soluciones van más allá de la implementación de estrategias temporales como estas; son como parches a una situación que, a la corta o a la larga, volverá al mismo punto o creará –y, de hecho, crea- otros males.

Las circunstancias no son nuevas sino que vienen sucediéndose desde hace varios años. Yuliet Camiño, Licenciada en Educación (Instructora de Arte) y una de las tantas maestras que en los últimos años han pedido la baja del Ministerio de Educación, ama su profesión, pero tiene demasiadas dificultades económicas como para seguir dando clases.

Sistema Educativo Cubano

Foto de la autora

Para Eugenia Palomares, profesora de preuniversitario con más de 30 años de experiencia, la situación del maestro en la capital y en la Cuba actual es mucho más compleja y alarmante de lo que se reconoce públicamente. Aclara que, como ella, existen muchos educadores que aman su profesión y por ello se mantienen en las aulas, pero que también se sienten muy decepcionados por las condiciones laborales.

“Trabajamos muchas veces en aulas hacinadas, donde casi no podemos movernos y por lo que el contenido se da incómodo. El exceso de burocratismo, es decir, la cantidad de documentos oficiales que hay que llenar aumenta aún más la carga de trabajo del maestro, y son documentos que a veces no cumplen objetivo alguno.”

Recientes cambios en los programas de estudio, sobre todo en la Educación Primaria, buscaban disminuir la carga extra-docente de los profesores. De lo dicho por Palomares, se infiere que todavía no lo han conseguido.

La veterana educadora alega que los salarios no se corresponden con las necesidades económicas y con el trabajo que desarrollan los maestros. Si ideas le piden, refiere además que el país necesita más maestros de convicción, no solo de profesión.

Sistema educativo cubano

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Yolanda Marta Soberats, profesora consultante de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, declara que el maestro cubano ha demostrado su valor con su sacrificio. “No obstante, el sacrificio también tiene un límite”.

Por eso no le extraña que la mayoría de los jóvenes, después de enfrentarse por un tiempo a las aulas, decidan inclinarse por alternativas que resuelvan o cubran mejor sus expectativas económicas. La apertura del Trabajo por Cuenta Propia (TCP) permitió a algunos optar por los repasos particulares, sin abandonar completamente las aulas, o simplemente cambiar de profesión.

Yuliet Camiño, la Instructora de Arte, hoy trabaja en un negocio cuentapropista como dependiente.

—Es frustrante —afirma— pero es lo que me posibilita cubrir al menos mis necesidades básicas.

Sistema educativo cubano

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Otra joven entrevistada, que prefirió mantener el anonimato, recién colgó en su casa el título de la Escuela Pedagógica Fulgencio Oroz, de La Habana, en la especialidad de Educación Primaria.

“La responsabilidad es inmensa. Ya no solo es luchar con las condiciones de trabajo y de salarios, muchas veces tampoco tenemos el apoyo de la familia. Cuando damos alguna queja a los padres, en lugar de apoyarnos, defienden al niño, aunque no tengan la razón, y contra eso ¿qué podemos hacer?”.

Esta joven actualmente trabaja en un establecimiento gastronómico particular y asegura que, a pesar de encontrarse dentro de la plantilla de trabajo de una escuela, no piensa trabajar como profesora cuando comience el curso escolar en septiembre.

“En dos o tres días de trabajo cobro lo que cobraría como maestra en un mes. Entonces ¿para qué desgastarme?”

Contrastes como estos emergen cada vez más en las evaluaciones que sobre su futuro realizan las familias cuando un hijo planea prepararse como maestro. La idea es también una expresión de lo que a nivel de discurso oficial se ha llamado “desvalorización del papel del maestro en la sociedad”, y que deberá ser solucionado, se insiste en todas las instancias de gobierno.

“Hay médicos –señala Soberats- porque hay maestros, hay obreros de todo tipo porque hay maestros. Por lo que, para que los maestros puedan jugar ese papel formador, hay que darles la atención que requieren”.

Mientras tanto, este curso escolar comienza otra vez en tensión.