Una vecina mía se abrazó a su televisor en medio de un temblor de tierra, en evidente acto heroico de inigualable maternidad. Otra pareja que conozco, luego de reñir fuertemente, se disputó primero la posesión de su TV, y luego discutieron, con calma, con quién pasaría la niña el primer fin de semana. Ambos aparatos tenían algo en común: eran televisores Atec-Panda.

El Panda es un buen televisor

Atrás quedaron los días de inconformidades, cuando las tiendas se vaciaron de decenas de marcas extranjeras, principalmente japonesas, cuyos equipos eran casi imposibles de reparar; entre otras cosas, debido al bloqueo, que impedía —impide—, la entrada de piezas de repuesto necesarias. Claro está, si te encuentras en la era “LCD y más de 21 pulgadas” te parecerá una especie de justificación, de mito.

Pero no lo es; el Panda ha salido bueno de verdad.

Que trabaje exclusivamente con 110V y la fragilidad de su botonera, no opaca la robustez de su fuente de alimentación, y de su diseño eléctrico y electrónico en general, casi cien por ciento discreto; lo que hace que sea muy fácil de reparar en caso de descargas eléctricas o sobretensiones. El micro y la croma se encuentran en integrados independientes, lo que simplifica mucho el trabajo para los técnicos y reparadores.

Pero lo mejor: los proveedores, tanto chinos como nacionales, se han encargado de que las piezas de repuesto, indispensables para su reparación, estén siempre a la mano. Cuestión que deriva en que se le pueda adaptar una placa de panda a casi cualquier cosa con pantalla CRT, así que de los restos de un Panda se puede, literalmente, fabricar otro.

Sufre la casa cuando se rompe el televisor; como si hubiera muerto alguien. La gente se desespera y corre en busca de ayuda profesional, estatal o privada, con la gravedad que el asunto amerita. Pero ojo, en un taller de Copextel, por ejemplo, cambiar un fly back de Panda cuenta aproximadamente 150 MN, al contrario de los 20 CUC que te pueden pedir “en la calle”.

Yo espero que los Pandas se conviertan en nuestros almendrones de mesa, en nuestros Pandadrones. Que su era no termine, por lo menos no por ahora; porque todavía lo necesitamos. Lo queremos. Le estamos agradecidos forever. Eternamente, como al pan con croqueta y a las bicicletas chinas. Como a las camisetas de hoyitos y a las botas Coloso.

Ojalá los almacenes correspondientes se llenen de las piezas necesarias, y los técnicos no se desanimen; para que la vieja o la niña disfruten de la mesa redonda o de los muñequitos de las 6. Ojalá que vivan por muchos años más, hasta que los miles de personas que tienen un Panda en casa puedan adquirir un pantalla plana. Y lo puedan reparar si se les rompe.

Y hasta ese día, que seguramente llegará, como llegaron las cajitas y la wi-fi, que viva el Panda, compadre; que viva. Yo, por el momento, pienso ir pintando el mío de rosado.