“Fue un suceso para el público rockero, mucha gente que, aun cuando no les gustara el rock, fueron a ver a los Rolling Stones. A ellos los conoce todo el mundo”, cuenta Abel Gómez, quien desde el anuncio del concierto compró sus pasajes de ida y vuelta para La Habana. Informático, apasionado del rock, pasaba el Servicio Militar hace varios años cuando otro famoso grupo, Sepultura, vino a la capital cubana y el rockero tampoco se lo perdió.

Abel vive en una provincia, otrora plaza fuerte del género en Cuba, donde el movimiento metalero se ha diluido. Cuando cerraron un lugar mítico para los rockers de Pinar y de Cuba, como la “Pista Rita”, Abel y sus amigos quedaron sin un espacio para vivir su música.

La ciudad, cuna de la banda Tendencia, ha perdido el gusto por el sonido de las guitarras eléctricas y las baterías.

Cuando cerró su puertas la Pista Rita, el entonces estudiante de ingeniería en Telecomunicaciones en la universidad, junto a los compañeros de afición, decidieron “no dejar morir el metal”. Para ello organizaron tertulias mensuales, a modo de competencia, y se unieron para compartir la música que les iba llegando por diversas vías.

“Antes se vendían revistas como Scriptorium y Punto G; se hacían festivales del tatuaje. También se perdieron las populares rockotecas de los viernes, un espacio donde la gente iba a compartir con los amigos”, recuerda con nostalgia Gómez.

Por eso, y desde 2012, los amigos hacen sus encuentros no instituidos, que se mantienen hasta hoy. De forma similar, todavía quedan algunos de aquellos primeros rockeros de la ciudad que se reúnen también, por su cuenta.

Grupo de rockers Foto: Eduardo González Martínez

“Se hace en la casa de alguno de nosotros. El anfitrión prepara las cosas y también es el encargado de llevar los temas para identificar. Son cincuenta canciones o más de distintas bandas. Cada uno toma papel y lápiz, se escucha el tema por dos minutos, se otorgan puntos por adivinar y al final se saca el ganador. A cada rato se suma alguien nuevo al piquete”, explica.

Hace ya un año, crearon su grupo de Facebook para subir sus fotos y compartir las experiencias. Por aquí y con el contacto diario, socializan el descubrimiento de nuevos discos o bandas, como una forma de mantenerse actualizados.

La idea es no esconder nada, sino compartirlo todo. 

“Ahora, con la apertura del Internet y el Paquete, es más fácil encontrar la música que buscas”. Los chicos como Abel escuchan mucho material extranjero. Pero ellos la producción “nacional” no es muy interesante.

“No es tanto cuestión de la calidad de las canciones, sino de las grabaciones. La mayoría se escuchan muy mal, porque se graban en estudios caseros, sin condiciones y, realmente no suena igual”.

Abel ayuda mantener el gusto por el rock en Pinar del Río. Foto: Eduardo González Martínez

Antes, al conocido Festival Pinar Rock, venían agrupaciones famosas del país como Zeus. En la edición presente, realizada en este mes de marzo, no hubo mucho asistente de renombre y sí bastante público atraído por la cerveza o los comestibles a la venta.

Realmente, en la provincia cada vez menos “peludos” y con botas. 

“Aunque no todo es el estereotipo, por lo menos pasabas y decías, “ahí hay un concierto”. El rock, en el sentido del metalero puro, quien en verdad lo siente, se ha perdido”, afirma Abel.

Aunque nunca más se abra la Pista Rita, Abel y los metaleros de Pinar seguirán su tradición cada 15 días. En el próximo encuentro ya se sabe lo que está en cartelera: ahí pondrán las imágenes del día que cantaron, junto a los Rolling, “(I Can’t Get No) Satisfaction”.

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