“Ni la sociedad ni el gobierno nos reconocen como deportistas, la Policía nos ha botado de los lugares donde rodamos, y los custodios de los parques donde hemos entrenado nos han dicho que damos mal aspecto. Ser skater en Camagüey, y en Cuba es un reto”, comenta Ariadna Pérez Ballestero, una joven de 26 años que lidera a la veintena de chicos y chicas apasionados con el skateboarding.

“Buscamos un espacio sanamente, no hacemos bulla, ni tenemos mal ambiente, aquí no hay obscenidades ni alcohol, se lo dije a los policías cuando nos botaron del parque Martí, pero de nada sirvió. Entonces, vinimos para aquí, pero el otro día vino un teniente coronel y nos dijo que nos teníamos que ir, que estaba prohibido por la ley, y que si teníamos alguna queja que fuéramos al sector de la Policía”, explica Ariadna, trabajadora de la Dirección Municipal de la Vivienda.

Foto: Leandro A. Pérez

“Desde hace años patinamos un grupo de 15, ahora hay cuatro muchachas nuevas de entre 16 y 18 años, todavía no tienen tablas. No siempre venimos todos, porque estudiamos y trabajamos. Pero que vengan mujeres es buenísimo porque es un deporte duro de muchas caídas, y que lo practiquemos mujeres embulla más hasta a los hombres. En Cuba no hay cultura de esto, y avanzar no es fácil. Hemos organizado eventos más de intercambio que competitivos aquí mismo en Camagüey, pero todo se hace con mucho trabajo, como un evento que organizamos en La Habana con participantes extranjeros que casi nos lo suspende el Inder (Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación).

“Los patinadores habaneros de experiencia organizaron una presidencia que funciona sin reconocimiento oficial. Allá reciben las donaciones de Canadá y Estados Unidos, de gente normal que de sus bolsillos nos envían patinetas propias del skate”, revela Ariadna, y a su lado, de tres bocas más jóvenes se desbordan las palabras.

Foto: Leandro A. Pérez

Armando Quevedo Águila, patina hace tres años. Tiene 18 años, estudia albañilería en la escuela de oficios de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, y se ahoga en anhelos.

“Sueño con que haya una tienda al menos donde pueda comprar patinetas y piezas de repuesto. ¿El deseo más grande de todos? Tener un lugar propio para practicar. Una vez nos dijeron que nos atenderían en el Gobierno provincial, fuimos y ni nada. En Camagüey se han hecho muchas obras en los últimos años, ¿cuánto no ganaría la ciudad con ponerse a la vanguardia nacional haciéndonos una plaza de skate? ¿Te imaginas cómo mejoraríamos los trucos, y cuánta gente se embullaría con este deporte?

Necesitamos salir de esta ridícula situación en que nos dicen que rompemos el parque.

“Ahora practicamos en el Agramonte que tiene el piso de granito, las tablas tienen gomas de silicona, y son de madera y caucho, ¿cómo podríamos romper la piedra?”

David León López tiene 15 años y estudia técnico medio en electricidad. “Me gusta patinar desde hace años, pero pude comprar una tabla a los 14. Estaba remendada, porque ya se había partido. Y siempre preferí la tabla a los patines porque veo los trucos más bonitos y trabajosos, ¡se te zafa la tabla muy fácil!”

El más joven del grupo, Antonio (Tony) Pías Balboa, tiene 14 años y cursa el noveno grado. Con solo unos meses de entrenamiento, es una especie de Jay Adams, pues posee un notable talento para dominar nuevos trucos, no obstante, le sobran escollos para su progreso deportivo.

Foto: Leandro A. Pérez

“La superación es difícil. Uno lee Wikipedia, ve vídeos que llegan con las donaciones porque ni en el Paquete incluyen contenidos de este deporte. Con la aplicación para móviles del videojuego True Skate aprendí los nombres de los trucos. Así no es fácil avanzar”.

El rock repiquetea en los audífonos de Armando que se revisa las heridas en los pies de “tanta lima”.  David pule un ollie, Tony me deja para domar su fakie shove it y Ariadna le enseña a las nuevas cómo patinar con swing. Se entrenan todos, sin querer,  en el arte de vencer prejuicios.

Foto: Yanel Valdés