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Las nuevas brujas

El Café Irreverente no es otra cosa que la sala y el balcón de un apartamento del Vedado habanero transformados en espacios de diálogo. Normalmente está decorado con una muestra de la producción artística de algún desconocido que apuesta por el arte comprometido con la transformación social. Sin embargo, esta noche sus motivos son otros. Poco más de 20 personas han querido ser esta vez "brujos" y aquí abundan los disfraces de magas, hechiceros, autoridades religiosas…

Por: Yery M. García

En el centro de la sala hay una hoguera, por las paredes y techos cuelgan talismanes, cartas, una cabeza cortada. Pudiera pensarse en una decoración para Halloween, pero el obejtivo de esta fiesta es más reflexivo: pensarse como hombres y mujeres diferentes en Cuba hoy. Las luces se apagan y el Aquelarre inicia con un simulacro de “caza de brujas” hasta que todas las personas difrazadas son apresadas y una de ellas condenada a morir en la hoguera. Regresan las luces. Un sombrero de picos recorre el lugar posándose en las cabezas de aquellos que desean explicar por qué se sienten como brujas.

Paula es una de las artífices de esta “celebración”. Su motivación por el feminismo viene del periodismo. Graduada hace tres años de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana comenzó a interesarse en grupos políticos antihegemónicos y abrazó, con especial interés, la teoría feminista. Por esas inquietudes es que decidió unirse al colectivo Nuestra América.

“La primera cosa que hicimos como proyecto fue un encuentro feminista. Sin embargo, ha pasado el tiempo y nos damos cuenta de que todavía estamos en pañales en el tema, por eso hicimos este aquelarre. Queremos que las personas no vean al feminismo como mujeres que queremos quitarle el poder y el dinero a los hombres, sino que representa una propuesta civilizatoria diferente, que intenta poner el conocimiento, el espacio y la voz de las mujeres donde no está. Para Cuba, para América Latina y para el mundo, hace mucha falta que nosotras las mujeres también estemos formando parte de todas las decisiones, eso es ser feminista”, explica.

Paula prefiere no disfrazarse, para ella el aquelarre es algo muy serio. Contrario a los estereotipos de mujeres militantes, Paula es una jóven de pelo largo y claro, de vestir elegante, hablar pausado y culto.

“Generalmente caían bajo el estigma de “brujas” mujeres pertenecientes a las clases populares, solteras o viudas, parteras, curanderas, que se asociaban libremente y mantenían una conducta sexual que no se correspondía a los cánones establecidos para la época. La condena de brujas fue una práctica con un marcado carácter misógino. Eran mujeres libres, transgresoras. Ellas fueron condenadas por ser feministas”, comenta Paula.

“Como sucedía en los siglos pasados con el término bruja, en nuestro tiempo, la expresión feminista, para la gente, está asociada a posiciones radicales, a veces al lesbianismo, la violencia, a comportamientos extremistas que han contribuido a desplegar criterios negativos a su alrededor, eso debe cambiar, por eso yo y todos los que estamos aquí debemos sentirnos herederos de las brujas que no pudieron quemar”.

“En Cuba no podemos hablar de un movimiento feminista , al menos yo no lo veo” –insiste Paula. “Hay muchos intentos de hacer feminismo desde muchos lugares, hay mucha gente que trabaja desde género y hay mucha gente que se cree que trabaja desde el feminismo y en realidad no lo hace. También hay una institucionlidad que no se declara feminista y hay muchos espacios que no logran una articulación entendido como un espacio organizado, de acción, de proyección, de encuentro. Pero nos gustaría mucho pensarnos en el proyecto Nuestra América, a lo mejor no como un movimiento, pero sí como un espacio que en Cuba intenta ser feminista”. 

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