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Aunque a Jesús Hernández Bach le guste estirar las piernas por las aceras de la gran manzana en la mismísima cuidad de Nueva York, donde reside, su mente está más cercana a la calidez de los barrios habaneros, o quizás a la tranquilidad colonial de su natal Camagüey. Su propósito en la capital del arte contemporáneo no es otro que el de llevar el cine cubano donde antes no se haya visto.

Jesús llegó a suelo norteamericano con una obra lo suficientemente sólida para sus 33 años. Se graduó en la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisual del ISA y, aunque pretendió arrancar una carrera como realizador, la producción le dio no pocas gratificaciones al lado de prestigiosos cineastas cubanos como Fernando Pérez; y un poco más allá se sumó a producciones internacionales como la del director alemán Fatih Akin con su filme El Padre o el realizador irlandés Paddy Breathnach con Viva.

Sin embargo, la popularidad le llegó gracias al documental Ella trabaja, un ejercicio académico sobre la inserción laboral de los transgénero en Cuba con un discurso en contra de la discriminación, pionero en el tema.

Desde una Cuba más abierta al mundo, donde las migraciones ya no son tan violentas ni tan políticas, sino económicas y, por qué no, culturales, este joven realizador, productor, y ahora empresario, llegó a los EE.UU. a fundar Bach Media. Él mismo la define como “una empresa productora cuya misión es visibilizar el cine cubano dentro y fuera de la Isla, teniendo como centro la ciudad de Nueva York”.

Durante dos años consecutivos, la empresa ha sido uno de los auspiciadores del Havana Film Festival New York, y ha colaborado con el Festival de Cine Hispanoamericano de la Universidad Stony Brook, que en su edición de 2017 estuvo dedicado a la producción cinematográfica cubana.

“Abrir una empresa en Nueva York, como en cualquier parte del mundo, es algo bien sencillo. No quisiera reducirlo a “puro trámite” pero es fácil hacerlo y más si hay una infraestructura creada para ello, lo cual no quiere decir que mantenerla no lleva empeño, sacrificio y horas de insomnio”, teclea vía Facebook.

Salta la paradoja: lejos, bien lejos, ha tenido que ir a hacerse de las herramientas para empoderar el cine cubano, empoderándose a sí mismo; para valorarlo, para darle el lugar que merece en el mundo.

“Es curioso porque yo he enfocado mi carrera en Nueva York como una continuidad de mi carrera en Cuba. Bach Media surge de la necesidad de trabajar con cineastas independientes cubanos y con el cine cubano en Nueva York, y de continuar mi trabajo desde otra latitud. Esta ciudad es una burbuja; es un lugar muy importante dentro del mundo de la moda, la economía, el marketing, las non profits y por supuesto el entretenimiento, en particular el cine”.

— El año pasado declaraste en una entrevista que “es una pena que el papel del productor creativo se encuentre tan disminuido y en Cuba se le subestime. Por eso, el séptimo arte cubano adolece de un alcance universal y ha quedado tan rezagado"¿Aún lo sostienes? ¿Qué crees que le falta al cine cubano hoy?

—Hay muchos realizadores talentosos con muy buenos proyectos. Sin embargo, los productores creativos cubanos que viven en la Isla, o los cubanos que trabajan con ella son cada vez menos. Las películas cubanas que vemos ahora mismo con un alcance internacional más visible tienen detrás un coproductor extranjero, un agente de ventas, el interés de algunos festivales o la Academia. Muy pocas veces hay una estrategia que combine todo eso y otros factores que entran en la distribución. Desgraciadamente, en Cuba se pasa mucho trabajo para hacer una película, y se desconoce por una cantidad no pequeña cómo distribuirla, cómo trabajar con el alcance outreach y el marketing de la película.

—Y falta una ley de cine que sea, sobre todo, inclusiva…

—En Cuba no hay una ley de cine de ningún tipo todavía. Existen muy pocos abogados dedicados al cine o el entretenimiento en el país. No hay tampoco un marco legal que recoja y regule el trabajo de la mayoría de la producción de la Isla, como lo es la producción independiente ahora mismo.

—Lo cual, a mi juicio, impide una cohesión entre todo el cine cubano, sea oficial o no, impide la creación de una verdadera industria... ¿Qué crees?

—La renovación del cine como industria en Cuba, a mi entender, no tiene nada que ver con una cohesión de todo el cine cubano. Creo que los cineastas cubanos seguirán uniéndose a pesar de sus diferencias, primero para poder encontrar una base consensuada donde todos puedan crear en la legalidad, y también porque se han dado cuenta de que cada uno, como caso aislado, no puede influir mucho en los cambios legislativos del país.

“En Cuba, la mayoría de la gente no trabaja en redes, de manera articulada.  Tampoco hay mucho dinero aún y mientras más democratización y acceso se tenga a ese dinero, la competencia será aún mayor. Hay factores externos influyendo en la creación: inversión de productores extranjeros, empresas extranjeras con acceso legal ya pactado con instituciones cubanas. ¿Dónde están los cineastas cubanos en este panorama? No existe una organización que los defienda. Todo esto sin contar la estrechez de mente de personas que no ven el cine como una manera de generar empleos, ingresos para miles de personas, en un país con un capital creativo altamente calificado”.

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Luis Orlando LeónLuis Orlando LeónPerfil del autor

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