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Ser digital en el 2013

15/07/2013

Mientras escribo veo frente a mí a una persona de, al menos 60 años, con un periódico de papel a un lado y al otro un iPad donde revisa Flipboard.

Por Jorge Tirzo

Mientras desayuna lee las noticias y carga su iPhone. Revisa un mensaje, lee el periódico, toma su café, navega en su tableta. Definitivamente no es una "nativa digital", pues es evidente que nació mucho antes de que existiera Internet. Pero sí que es un "ser digital". Pasa del mundo de los átomos al de los bits sin mayor preocupación.

"Ser digital" (Digital being en inglés) es un concepto propuesto por Nicholas Nigroponte a mediados de la década de los noventa, cuando Internet apenas daba sus primeros pasos. Nigroponte traza una analogía entre el mundo de los átomos y el de los bits, asegurando que en el futuro ambos mundos convivirán de forma casi indistinguible. El ser humano, según él, se digitalizará junto con la mayor parte de los aspectos esenciales de su vida.

Como en todo, siempre hay apocalípticos e integrados, como diría Umberto Eco. Hace poco Noam Chomsky criticó fieramente el proyecto Google Glasses asegurando que es una tecnología deshumanizante. Frecuentemente escucho a personas que aseguran que las tabletas y los móviles separan a las personas y te hacen convivir con una máquina. Incluso conozco periodistas que se niegan incluso a tener un teléfono celular -ni mencionarles Twitter- porque consideran que lo que es importante "les llegará". Definitivamente no son seres digitales.

¿Pero realmente nos estarán deshumanizando los artilugios tecnológicos? Primero habría que ver qué entendemos por "deshumanizar". Luego habría que recordar que tales artilugios no tienen vida y no son ellos los que nos obligan a hacer cosas. Somos nosotros mismos los que hacemos cosas con ellos. Parte de lo que nos hace humanos es tomar decisiones sobre lo que hacemos con las tecnologías que inventamos.

Hace no tanto tiempo, Nintendo lanzó un proyecto adelantado a su tiempo: el Virtual Boy. Se trataba de una consola de videojuegos que vivía dentro de una especie de gafas (o más bien como unas gafas de buceo) donde uno podía asomarse a una especie de mundo paralelo. De las gafas salían los controles para manipular las acciones. Frente a tus ojos aparecían imágenes en una precaria 3D.

Eran los años noventa y todavía se le llamaba "realidad virtual" a esa especie de creación de universos paralelos. Uno tenía que conectarse a Internet para luego desconectarse. Uno tenía que elegir un alias para entrar a la sala de chat. Había que ir a la sala de computadoras o a un café Internet para poder enviar un correo electrónico. El mundo digital y el analógico casi no convivían: había que salir de uno para entrar al otro.

Hoy en día la cosa ha cambiado y mucho. Los usuarios más intensivos estamos conectados a Internet casi permanentemente. Sólo piense en lo que sucede en una oficina, una escuela o una redacción cuando falla la conexión a Internet: el caos. Evoque la última vez que la conexión de su móvil no funcionó cuando intentaba mandar ese tuit o esa imagen: más caos. Nos estamos acostumbrando a que el mundo digital y el analógico estén conectados uno sobre el otro, todo el tiempo, en todas partes.

Nigroponte proponía en su libro Ser digital (Digital being) que en el futuro (es decir ahora) el concepto de realidad virtual desaparecería para dar paso a un mundo digitalizado totalmente. ¿Alguien más pensó en los Google Glasses mientras describía el Virtual Boy de Nintendo? En vez de tener que acudir al cibercafé a prender una enorme computadora, ahora tenemos nuestro iPhone en el bolsillo casi siempre conectado (al menos mientras las cobertura de las operadoras móviles lo permitan). En un par de años tendremos literalmente el mundo digital sobrepuesto y fusionado en el mundo analógico a través de instrumentos como los lentes de Google, los smartwatches, los lectores electrónicos flexibles y lo que se vaya inventando.

Por eso me parece muy corto de miras cuando grandes pensadores como Chomsky critican dispositivos como los Google Glasses por ser deshumanizantes. Creo que cuando se ataca a este tipo de dispositivos se incurre en dos grandes falacias:
-La tecnología no nos está deshumanizando, porque la tecnología no tiene vida propia. Somos nosotros los que le damos el uso que queramos a las herramientas que hemos inventado. ¿Que los lentes de Google violarán la privacidad de las personas? No. Serán los usuarios los que los usen para tales fines.
-Estos dispositivos no nos separan de la interacción humana. Por mucho que tengamos a Siri como asistente personal, gran parte de las interacciones vía Internet son con otros seres humanos. Quien lo dude pregúntele a Facebook. Las TIC son un medio, no un interlocutor. Además, los dispositivos que usamos en el 2013 son -vistos en perspectiva- simplemente transicionales. El Kindle de Amazon es un sustituto temporal de los libros físicos. En el futuro es probable que los hábitos de lectura cambien tanto que ya no requeriremos aparatos así, sino nuevos. ¿O alguien sigue usando sus computadoras IBM con Windows 1.0?

¿Inconvenientes? Los de siempre, pero diferentes. El caso de Edward Snowden ha llamado la atención sobre la posibilidad real de estar siendo espiado por un gobierno o una corporación, aunque en realidad siempre lo hemos sabido. En el libro Criptoperiodismo, Nelson Fernández y Pablo Mancini explican muy bien cómo ha cambiado el espionaje. En vez de tener agentes estilo James Bond que vigilan a blancos específicos, ahora las agencias de inteligencia (comercial o gubernamental) vigilan a multitudes de forma automática. Hay programas informáticos que recopilan información (pública y privada) que después es explotada para los fines más diversos. Antes se espiaba cuando alguien parecía sospechoso. Ahora se espía todo el tiempo a todos y cuando alguien parece sospechoso se revisan los archivos de lo que ya se ha recopilado sobre él.

El llamado "derecho al olvido" es otro de los problemas de la vida digital. Desde siempre, la humanidad se ha preocupado por trascender la vida. Sin embargo, en tiempos donde tu perfil de Facebook o tu blog van a durar mucho más que tu cuerpo, ahora más bien hemos de preocuparnos por cómo administrar dicha trascendencia. ¿O qué pasa si en el pasado se publicó algo con tu imagen o tu nombre que ya no quieres disponible en Internet? Casi siempre es más difícil borrar algo de Internet que publicarlo.

¿Y la fiabilidad de lo publicado? Hay una legión de críticos de Internet que desconfían por default de todo lo que haya sido publicado de forma digital. Hay profesores que aseguran que los libros físicos son mejores porque pasaron por un filtro editorial; y hay periodistas que aún consideran que es más importante lo que se publica en papel (aunque sea leído por menos personas). Claro que el otro extremo es igual de aterrador: estudiantes que simplemente hacen copy/paste de lo publicado en Wikipedia sin corroborar si es verdad; medios que publican rumores difundidos en Twitter en la nota de ocho columnas; programas de TV cuyo modus operandi es reproducir (sin crédito) videos virales de YouTube como si fuera contenido propio (o simplemente citando como fuente a YouTube). En este sentido aún hay mucho por hacer, pero de igual forma es un asunto de los usuarios y no de la tecnología. ¿Cómo aprenderán los alumnos a ser críticos con lo que se publica en Internet si sus propios profesores no fomentan dicho análisis de la información? ¿Cómo construir medios digitales de calidad si se reproducen los vicios de la prensa analógica? La culpa no la tienen ni los aparatos ni la red, sino los usuarios.

Aún así, por más novedades que haya en los inconvenientes, no dejan de ser variantes de males que han acechado a la humanidad desde siempre. ¿Espionaje? ¿Violación de la privacidad? ¿Olvido? ¿Desinformación? Todas son cosas que ya existían antes de que se inventara Internet y que seguirán ahí si se inventan nuevas herramientas. La tecnología no deshumaniza, si acaso son algunos usuarios los que las utilizan para fines poco humanos.

*Jorge Tirzo es escritor y periodista. Director ejecutivo de la Fundación Manuel Buendía y subdirector de la Revista Mexicana de Comunicación. Colaborador de El Viajero de El País.
Twitter: @ztirzo Web: tirzo.com.mx

Sobre el autor