El paciente estaba en la cama con el dolor reflejado en el rostro. Noris Castellón, estudiante de quinto año de medicina, apenas pudo responder una de las tantas preguntas que enunció el profesor sobre el caso. Perpleja, se sumó al fuego de “piedras” lanzadas por sus compañeros que trataban de acertar un diagnóstico. Minutos después continuó el recorrido. Noris sintió vergüenza.

“Ese día, a un año y pocos meses de graduarme, decidí colgar con sinceridad mi bata blanca. En el fondo sabía qué hacía lo correcto. Dos compañeros de mi curso inventaron razones para pedir licencia y probar otras cosas. Dudo que regresen. Ninguno estuvo centrado en la medicina de verdad. Personalmente, ya tenía elementos para abandonar. No me gustaba ninguna especialidad y la desmotivación me consumió. Tampoco me veía haciendo guardia y dedicándole todo el tiempo a esta profesión.”

Pudiera parecer un caso aislado, pero su decisión (y la de sus otros dos colegas) no han dejado de sorprender a los profesores de la pequeña filial de Ciencias Médicas, que existe en el municipio de Placetas. Según la profesora asistente, Kenia Castellón Pérez por lo general los estudiantes abandonan en los primeros dos años de la carrera: “En 5to todavía las expectativas se mantienen altas porque estás a punto de graduarte y empiezas a enfocarte en una especialidad. Ya el alumno ha vivido dentro del hospital y realizado horas de guardia. En este preciso momento si uno abandona debe preocupar, pero si son tres evidentemente algo anda mal.”
Noris Castellón,la peluquería está mejor remunerada que la medicina. Foto: Iris C. Mujica

Foto: Iris C. Mujica

Noris ha asumido su decisión sin ninguna vergüenza. “Es muy rico ser profesional, tener un título, sentirse útil para la sociedad. Unos se conforman con eso. Yo preciso de otras cosas, quizás no las más importantes, pero sí las más necesarias. Para estar bien conmigo misma tenía que elegir un camino: la medicina o la peluquería”.

Ni con 1200 pesos mensuales de salario como doctora podría mantener una familia.

“La peluquería me ofrece otra posibilidad, en diciembre, un mes de muchos clientes, gané 400 CUC. ¿Ves la diferencia?”

La medicina y el magisterio son dos pilares fundamentales de la sociedad cubana. Para muchos de sus profesionales, ambas necesitan de la vocación para no traicionar su propia esencia.

“Se ve de todo. Desde el que carece de vocación y no puede ver sangre hasta el varón que entra para evitar el Servicio Militar. Uno estudia algo porque le gusta, no por embullo, decisión familiar o porque tengas bajo promedio y te llegue como última opción. Esta profesión lleva mucha entrega y sacrificio”.

Debes estar consciente de que vas a quemarte las pestañas, si no posees ese deseo no termines porque serás un mal médico. Quien piensa ejercer no puede ver la medicina como algo secundario”, se reitera a sí misma, para fortalecer sus razones.

“De mi año, la gran mayoría, no se ve como médico, ni le prestan la atención necesaria a los estudios. Terminan la carrera con el interés de salir de Cuba en una misión médica que les permita construir sus casas, mejorar su estado económico o tener un carro”.

Hoy existen más de 50 mil galenos cubanos contratados en al menos 55 países. Solo en Brasil, vinculados al programa “Mais Médicos”, laboran 11 mil de ellos.
Estudiantes de medicina

Foto. Iris C. Mujica

Semejante número también incide en la calidad de la enseñanza de la medicina, y en el desarrollo de buenos ejemplos o mayor motivación entre los alumnos.

La salida de Noris, y de sus dos colegas de estudio, preocupa a los profesores de su municipio, médicos ellos mismos, orgullosos de la cultura que se va heredando de un facultativo a otro. Frank Rodríguez, un especialista de primer grado en cirugía, quien condensa las preocupaciones:

“Las razones por las que eligen la carrera no son las correctas. No pasar el servicio militar, disfrutar un salario mejor que la mayoría, cumplir una misión internacionalista que les arregle las finanzas no deben ser motivos. Los más honestos son los que abandonan. Otros, también sin vocación, se gradúan y acaban. Esto no es una carrera romántica. El motivo verdadero debe ser la vocación. La medicina es una actitud ante la vida, no una forma de ganarse la vida.”