Volver a lo que ya se ha catalogado como el caso Luis Manuel Otero Alcántara parece, a todas luces, una redundancia. Pero no es así en un país como Cuba, donde el ciudadano común desconoce leyes y derechos elementales y eso lo lleva a un estado de inercia sociopolítica que funciona bajo la lógica de la espiral del silencio.

De ahí que la #00 Bienal que Luis Manuel y un grupo de artivistas cubanos pretenden realizar en mayo de 2018, resulta un rugido estremecedor para “nuestra selva político-cultural”. Si el mínimo alzado de voces resulta incómodo para las autoridades, qué decir de un grito.

Desde el propio lema: De lo institucional a lo inescrupuloso, estos artistas se manifiestan, van a contracorriente y casi exponen que lo suyo se mueve en una frontera entre el arte y el activismo político.

Luis Manuel viene a ser la punta de un iceberg de muchos hielos dispersos. Lo saben mejor que nadie los grafiteros y los performers que toman espacios públicos y “maltratan la propiedad social” en la Isla.

Fabian López Hernández, conocido como 2+2=5, es un joven de pelo rizo afro que se desliza por las calles habaneras en una patineta y, cuando el sol se oculta, grafitea en rincones grises, paredes a punto de derrumbarse porque, según se explica, quiere expresar lo que siente y mostrar a la sociedad las cosas que no están bien.

Dibuja seres marginales, que transmiten falta de cariño y expectativas. Cuando le pregunto si hace un arte de resistencia conscientemente, responde “sí, claro que sí”.

—¿Resistencia ante qué, quiénes?— insisto.

—Ante la necesidad y los problemas sociales. No ante nadie.

—¿Tu discurso es local o pretende hablarle a una sociedad más universal?

—Es para los cubanos, porque hablo de mis vivencias en Cuba.

—¿Crees que tu arte se relaciona con el de otros cubanos de generaciones distintas, o pertenece a un movimiento artístico de resistencia actual, más fuerte?

—Creo que sí han surgido artistas con la misma intención, pero no pertenezco a ningún movimiento artístico porque lo que hago es por mi cuenta y me nace hacerlo.

Fabian cuenta que por “hacer lo que hace” le han puesto multas y lo han llevado para la unidad de policía. “Multas de mil pesos y una semana en la unidad máximo —dice— y con la justificación de maltrato a la propiedad social”.

Similar resulta el caso de Yulier P, otro que ha tomado las calles de la capital y cuyos videos circulan hasta por el paquete. Recientemente fue famosa su detención por varios días.

Yoanny Aldaya es otro artista que pareciera obsesionado con su cuerpo (más desnudo que vestido) si se mira su obra fotográfica y performática.

Gestualidad, transposiciones de partes del cuerpo por objetos, el desnudo como un golpe psíquico y la fuerza expresiva de lo oscuro y a veces grotesco, predomina en el arte de este joven de la Habana Vieja que, el año pasado, tras el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, decidió tomar la bandera de barras y estrellas para darse latigazos en la espalda, en un escenario público, mientras, con la mano libre, agarraba una McDonald y se la comía.

“Yo quería hacerlo frente al Capitolio los días cercanos a la visita de Obama, pero no lo hice porque lo podían manipular y darle un sentido más político; y para mí es más social y tiene más que ver con el pensamiento del cubano común, que cree que las cosas van a cambiar cuando a lo mejor no hay ningún cambio. No me interesaba hacer ruido, sino mostrar cómo el cubano común se fue creando la idea del cambio, un nuevo concepto de “americanismo”; y contrapuse ese símbolo norteamericano con lo cubano y de ahí salió el performance (El pasado es el futuro), que habla del consumismo que te lleva a ser esclavo de lo que consumes. Lo presenté en un festival de performance que se hizo en Mayabeque”, narra.

Ahora que las relaciones entre ambos países van de revés, parecería que Yoanny Aldaya tuviera mucha razón. Sobre todo porque es de los que creen que “el arte es para cuestionar y, si vives en un mundo y no criticas lo social y políticamente mal hecho, ¿de qué te sirve ser artista?, ¿para qué vas a hacer un cuadro para decorar la pared de una casa? No tengo nada en contra del disfrute estético, pero a la estética la domina el concepto de la obra, que viene de lo social o de lo político”, sentencia.

Yoannis durante el performance. Foto: cortesía del entrevistado.

Con diferencia de una generación sobre Yulier, Yoanny, Luis Manuel o Fabián, otro artista como Adonis Flores considera que “hay quienes trabajan de un modo muy directo, tan punzante que se aleja del arte; y caen en el puro activismo. No me refiero al artivismo en el que se ha destacado el artista chino Ai Weiwei, sino al activismo político.”

Aquí en Cuba, como antecedente de la generación más joven, Adonis nombra la generación de los ’80. “Gran parte de esa generación de Tania Bruguera, de más de 40 años, se marchó. Lo mismo ha pasado con muchos jóvenes, que se han ido del país y, fuera de Cuba, no pueden llevar el mismo discurso porque no se les haría el mismo caso ni sabrían con exactitud lo que sucede del lado de acá. Pierden el contacto directo y adquieren una distancia del hilo político de cuanto sucede en Cuba”.

No obstante, los que se quedan buscan alternativas para exhibir. Es el caso de la exposición Nada Personal (7-23 de noviembre de 2017, expuesta en una casa en Espada y San Lázaro) que aglutinó a artistas como Dany del Pino, Javier Bobadilla, José Ernesto Alonso, Luis Manuel Otero, Yoanny Aldaya, Yuri Obregón, y Ranfis (el recolector de datos ridículos cuyo mural en FAC expone: 1959, último año de hambre). Ante Nada Personal el crítico Ángel Pérez expresó que “es un ensayo político; la proyección de un quiebre con los paradigmas que modelaron la ideología del cubano tras la épica victoria de 1959”.

Esa actitud abierta de cuestionar los paradigmas genera cada vez más fricciones entre jóvenes artistas y autoridades. Y cada uno de los entrevistados en este material tiene su propio episodio que contar. Adonis Flores, por ejemplo, a quien por intervenir el espacio público le han pedido el carné, pero sin detenerlo.

“Me interesa la polisemia, el diálogo. Si tú señalas directamente, casi que te conviertes en un activista. Se escapa la posibilidad de diálogo, es simplemente una señalización en el ámbito político”, se explica. “A veces me pregunto: ¿cuál es el objetivo de hacer cosas políticamente directas, hacer tu obra o hacer que te metan preso para lograr relevancia y publicidad gratuita?”

Obra Carne de Cañón de Adonis Flores. Foto: Cortesía del entrevistado.

 

Adonis desde su experiencia sabe que el arte en Cuba se ha institucionalizado a través de una política cultural que deja poco espacio a lo alternativo. Lo saben todos los artistas que hayan leído las tempranas Palabras a los intelectuales: “Dentro de la Revolución todo; contra la Revolución, nada”. Tanto el cine como el teatro cuentan con un largo historial de regulación que deja fuera todo lo que no marche por la línea izquierda del “cuadro”. No estamos en el Quinquenio Gris ni en el Período Especial, pero los poderes políticos continúan incidiendo —si no determinando— sobre lo artístico.