Las varias detenciones del artivista Luis Manuel Otero y su compañera Yanelys Nuñez, en semanas y días recientes han despertado cierto enfado en las redes sociales. Pero el enfado parece esporádico, casuístico, más interno que expresado. La indiferencia de los nacientes actores civiles dentro y fuera de Cuba sigue dejándome a veces con la sensación de estar a la deriva.

Debe ser desolador encontrarnos sufriendo abusos a manos del poder y no escuchar una voz coral que retumbe en las paredes de las oficinas climatizadas donde se sientan los funcionarios que arremeten injustamente contra cualquiera de nosotros, cualquier día del año, y a cualquier hora del día. Sin ese coro fraternal, que no pone condiciones por su apoyo, todos estamos, lo sepamos o no, abandonados a nuestra suerte.

Cada día son más los cubanos apáticos a la política en la que dicen no creer ni estar interesados. Pero no nos hace falta creer en la política, nos hace falta participar, porque la política es hacer, lo demás es retórica. Luis Manuel Otero, con su intento de Bienal Alternativa y sus denuncias a la fiscalía, al igual que muchos cubanos, han decidido tomar las riendas de sus vidas, crear proyectos individuales y colectivos, trabajar para verlos realizarse y correr las fronteras. Puede gustar o no lo que hace, pero le reconozco el valor de hacer.

Muchos como él han visto tropezar sus sueños con murallas institucionales y con funcionarios que no quieren escuchar, sino acallar. Como a Luis Manuel, a Carlos Lechuga a última hora no le dejaron presentar su film, “Santa y Andrés”, en el pasado Festival de Cine Latinoamericano. El festival independiente de música, “Rotilla”, fue suspendido en 2011 y con ello se truncaron sueños de jóvenes que apostaban por el proyecto. Reporteros que trabajan para el grupo de periodismo investigativo, “Periodismo de Barrio” han sido arrestados al intentar cubrir el paso de huracanes por la Isla. Las historias se repiten.

Todos los que queremos ser políticamente activos somos Luis Manuel de una u otra forma. A todos, un día, alguien nos cerró (o cerrará) la puerta, y nos tratará como “los malos”. Ante esa realidad, es más fácil mirar hacia otro lado y guardar distancias para proteger lo poco que tenemos. En el largo plazo, sin embargo, este cinismo se vuelve en nuestra contra porque fragmenta la cohesión social y resquebraja el apoyo de los ciudadanos a quienes padezcan injusticias.

Sin una prensa tenaz al servicio de la gente resulta difícil que la ciudadanía sienta suya las injusticias cometidas contra otros; sin embargo, con el creciente acceso a la web, y con una amplísima diáspora de cubanos, debería bastar para que la solidaridad con los “pisoteados” fuese más fuerte y sonada. Tenemos una sociedad culta para los estándares del continente, pero el conocimiento por sí mismo no moviliza porque el conocimiento se funda en la comprensión del pasado, mientras la información y la participación son las herramientas del presente. Las noticias en caliente, esas que nos tocan la piel, son las que nos hacen levantarnos del sofá o la cama, salir de la reflexión profunda por un momento, juntarnos, y hacer. Quizás con la extensión del alcance de los medios digitales aparecerá la posibilidad de estremecernos, enfadarnos cuando es necesario, y actuar.

Porque, miremos hacia el otro lado o no, todos podemos ser Luis Manuel.