No pudieron ir hasta Cracovia, a los eventos de la Jornada Mundial de Juventudes, pero se armaron su propia “fiesta” con poco presupuesto. Más de 1500 jóvenes cubanos católicos de todo el archipiélago llenaron la capital del país de un inusitado movimiento.

La fe católica suele ser, en el imaginario social cubano, un fenómeno de adultos mayores. Por eso sorprendió a muchos en la capital del país la “avalancha” de adolescentes y jóvenes que se reunió en La Habana para conectar con sus iguales en fe.

Allá en Cracovia, Polonia, el papa Francisco le hablaba a cientos de miles (y también padecía de un mediático traspié) Pero los recursos de la iglesia cubana no alcanzaron para llevar aviones con fieles cubanos hacia Europa. Su fiesta, decidieron, la harían en el intenso verano de este pedazo del mundo.

Desde el 28 hasta el 31 de julio, representantes de todas las provincias (políticas-administrativas o eclesiásticas) fueron acogidos por las parroquias de La Habana.

A esta muchedumbre le dijo Francisco desde Polonia que armaran “lío”, que soñaran, porque en la juventud está la clave de la transformación social.

La Parroquia de San Agustín, en el municipio Playa, por ejemplo, recibió a más de 200 pinareños y matanceros. Los pacíficos espacios de este templo retumbaron por esos días.

Una de las acciones más visibles (infrecuentes para los católicos) fue su salida a evangelizar; una acción más común en las religiones cristianas evangélicas y protestantes. A estos católicos, hubo quienes los recibieron en sus casas, pero otros tantos les cerraron las puertas. Ellos, dicen, oraron por todos.

En la noche del sábado 30, una vigilia dio colofón a toda la Jornada. Allí otra vez Francisco apeló a las fibras sensibles de quienes lo recibieron en este archipiélago hace muy pocos meses.

“¡Sueñen que Cuba con ustedes puede ser distinta y cada día mejor! ¡No se rindan!”, les insistió

Durante el resto de la noche, además de actividades culturales, los católicos tuvieron intercambios con sus sacerdotes y una misa que cerró la noche.

No es Cracovia, ni son cientos de miles; pero fueron suficientes para mostrar la presencia de la Iglesia Católica en la juventud cubana.

La versión cubana de la Jornada Mundial de la Juventud también fue un símbolo.