Las “nuevas” relaciones entre Cuba y Estados Unidos han transformado los pasados siete meses en un ir y venir de símbolos y discursos que, antes del 17 de diciembre, hubieran sido poco menos que surrealismo histórico.

Pero las embajadas están ahí, abiertas. Raúl Castro y Barack Obama se dieron las manos, conversaron, y sonrieron. John Kerry estuvo en La Habana y viajó en viejos Chevrolets de los años 50, e izó la bandera de las barras y las estrellas.

Y mientras los cubanos asumen la curiosa moda de banderas norteamericanas, los políticos acuden, de un lado y de otro, a resortes discursivos que juegan con la balanza de la historia.