La medida del gobierno cubano de permitir negocios privados aprobada en 2010 ha tenido sus frutos. Sin embargo, el cambio no parece avanzar más allá y sigue poniendo frenos a los emprendedores. Especialmente a los universitarios y profesionales

La legalización del trabajo cuentapropista en Cuba ha servido, principalmente, a los trabajadores por cuenta propia a pasar de la ilegalidad a regular su situación, y ha ayudado a legalizar una parte de la enorme economía sumergida que tiene Cuba. Por supuesto, también ha hecho proliferar un gran número de pequeños negocios privados en la ciudad de La Habana.

Sin embargo, para Carmelo Mesa, economista y analista cubano, los avances no son suficientes y debe haber un mayor número de estos cuentapropistas para dar ocupación al excedente de trabajadores que tiene el Estado; una estimación de 2 millones, como explica Mesa: “Para que ellos encuentren empleo hay que crear el trabajo por cuenta propia. Pero esta creación de empleo va muy por debajo de la suma que es necesaria para ocupar a los trabajadores despedidos del sector estatal”.

El gobierno ha aprobado 187 ocupaciones y la mayoría no requieren cualificación pues, según la ley, los graduados universitarios y profesionales no pueden ejercer su profesión de forma privada. “Por ejemplo, un médico puede trabajar como taxista privado, pero no puede ejercer la medicina. Entonces muchos de estos trabajadores tendrían que desempeñar ocupaciones de un nivel de cualificación muy inferior”, explica Mesa, para quien es un desperdicio de talento e impide a estos pequeños negocios contar – de forma legal – con los profesionales necesarios para desarrollarse y crecer.

Sin jóvenes emprendedores

Esta prohibición es una atadura especialmente para los recién graduados en la Universidad, quienes están obligados a trabajar en instituciones oficiales; incluso, cuando su aportación no es necesaria o no tienen el espacio necesario para desarrollarse como profesionales.

Sí es una opción viable para aquellos que no desearon o no accedieron a la Universidad. Sin embargo, las estadísticas muestran que son las personas de entre 30 y 40 años y los jubilados los que ocupan el porcentaje más alto. “Hay un conflicto entre unas reformas que están bien orientadas hacia el mercado, y todas estas trabas, estas reticencias ideológicas a su alrededor”, dice Carmelo Mesa.

Una de las mayores obstáculos para el economista son los impuestos. Como explica, los trabajadores por cuenta propia pagan 5 tasas diferentes, entre las cuales, la más alta es la que aplica al impuesto sobre la fuerza de trabajo. “Si tiene muy pocos trabajadores es un 25% sobre su ingreso, pero si tiene mucho sube hasta un 75%. Entonces esto funciona como un desincentivo para contratar mano de obra asalariada”. Las medidas no han sido de fondo. El 80% de las personas que se dedican al trabajo por cuenta propia ya lo hacían antes, pero de forma ilegal; el cambio en 2010 fue una forma de regular todas las actividades que antes no caían bajo control estatal.

Las críticas a esta reforma laboral han sido muchas: por un lado que son muy lentas y no de fondo, que lo que han hecho es llenar La Habana de pequeños negocios sin futuro; por otro lado, que el propio gobierno cubano está abriendo la puerta al capitalismo en Cuba. Lo cierto es que lo que Raúl Castro denominó la “actualización del modelo socialista” no está clara y para Mesa se han desperdiciado dos años en definir un nuevo modelo. “Los únicos dos países en el mundo socialista que han tenido éxito son China y Vietnam, pero en estos en realidad el sector privado, el mercado, es el elemento más dinámico de la economía. Esto se denomina una economía de mercado socialista o socialismo de mercado. Pero es mucho más allá de lo que Cuba aparentemente quiere lograr”, concluye Carmelo Mesa.