Ani conoce todas las tiendas de ropa reciclada de La Habana. No es que las camine para armar su look con algunas de las piezas que llegan en donaciones o compras de remate (y aquí luego se revenden) sino para nutrir las creaciones que la definen como artista.

Ani Boza compila telas, bolsillos, botones…hace crecer el bulto en la esquina de su cuarto, al lado de la máquina de coser y echa a andar su imaginación.

Los estudios de Diseño Escenográfico en el Instituto Superior de Arte (ISA) le aportaron las pistas para expresarse a través de dibujos, colores o materiales, que al no encontrar en la “patria contemporánea”, improvisa. Surgen así vestidos hechos con plástico, telas, cartón, cintas de casete, bolsas de nylon, papel. Estética y conceptos que asume dentro del grupo de creación colectiva Cuban Trashion.

Foto: cortesía de los entrevistados.

En medio del escaso sentido performático de las pasarelas que se celebran en el país, nació este proyecto sin antecedentes. La iniciativa asume el Trashion, una corriente artística que surgió en Nueva Zelanda y que es la fusión de los términos en inglés trash (basura) y fashion (moda) En esencia de lo que se trata es de concebir espectáculos a partir de materiales alternativos, emplear lo aparentemente inutilizable para conformar el discurso.

“Asumimos esta tendencia pero recontextualizada, porque incidieron las carencias y necesidades que impone nuestra realidad económica. Fuimos por las playas recogiendo desechos, recopilando tapas de plástico, panes, huesos, maletas viejas, infinidad de elementos en desuso. Necesidad versus creatividad. Nos ha favorecido que disimiles materiales y objetos desechables adquirieran un nuevo sentido desde nuestra percepción artística”, dice con toda profunidad esta joven diseñadora natural de San Antonio de los Baños.

Foto: cortesía de los entrevistados.

Juan Carlos Tavío y Ángel Barzaga, líderes del proyecto, insisten en la factura impecable, la sustitución del concepto pasarela por espectáculo y la capacidad de ir mutando en cada puesta. Ani comulga con ellos.

Cuban Trashion surgió hace dos años como un ejercicio de clase en el ISA. En la primera edición participaron diez diseñadores con 18 vestidos. En este 2016, las dos diseñadoras invitadas fueron Ani Boza y Darlene Martínez.

Foto: cortesía de los entrevistados.

Por eso, durante el primer semestre del año Ani se “autorrecicló”: “normalmente me dedico a crear carteras, bolsos de mujer hechos con ropa reciclada. Y con los restos de tela, botones y bolsillos que me quedan armo los diseños para esta colección. Es lo utilitario en función de algo bello”.

Del reto surgió Wake up, título de la muestra de la segunda edición del proyecto, que sobresale por el impacto visual, las interrogantes que suscita y lo novedoso. Modelos con pose de actrices o bailarinas sirven de “maniquís” a los exóticos trajes. Parece todo previsto para que resulte coherente: maquillaje, accesorios y background.

Foto: cortesía de los entrevistados.

“Las modelos son generalmente bailarinas o actrices, en su mayoría del ISA. Otras se seleccionan para una pieza en particular, como por ejemplo, hermanos gemelos, o personas de muy baja estatura. Lo más importante es el vestido, lo que le aporten desde su interpretación. No tenemos preestablecidos “patrones de belleza”, sino que van en función del traje.”

“Inicialmente recibimos ayuda del ISA para acceder a algunos materiales y productos. Luego ganamos la Beca de Creación El Reino de este mundo, de la Asociación Hermanos Saíz y recibimos fondos de las embajadas de Francia y Noruega en Cuba”, detalla Ani.

Foto: cortesía de los entrevistados.

La música original, con retazos de sonidos: un grito, un reloj, metales… bien alta, animó hace poco las presentaciones de 2016 en la Sala Tito Junco, del Teatro Bertolt Brecht. Para entrar, las personas debían quitarse los zapatos y caminar sobre los cartones, cuidarse de no chocar con las cintas, hacerse parte del performance.

Fue el recorrido final para más de cuarenta diseños, que tomaron cinco meses de búsquedas en los basureros, centros comerciales y tiendas de ropa reciclada de La Habana, para crear un trashion particular, con onda cubana.