Luisito tiene el don de la precisión fotográfica. Los rostros en sus lienzos parecen comunicarse con el entorno. El hiperrealismo impresiona. Luisito es un muchacho escuálido, casi minimalista para su edad, tiene los ojos azules y es sumamente atento y perseverante. Dentro de la galería es autor y vendedor, pero también administra. Abre cada día a las cinco de la tarde, desde hace dos años, cuando decidió junto a unos amigos tener un local propio para comercializar su arte.

Lo fundamental es adaptarse al mercado, Luisito lo sabe, pero además él y sus compañeros han tenido la inteligencia para encontrar un subterfugio y alejarse de lo puramente mercantil, de “la candonga” que reduce la pintura cubana a mulatas, ron, tabaco y carros antiguos. “Tratamos de hacer algo un poco más profesional, pero siempre con una veta comercial porque si no, no da negocio”.

Cuando Luis Alberto Álvarez López se graduó de Artes Plásticas en la Escuela Benny Moré de Cienfuegos tuvo que hacer el servicio social como rotulista en el Teatro Tomas Terry. “Estuve dos años haciendo carteles y propaganda gráfica, pero eso no es lo que uno quiere cuando se gradúa. Uno desea entrar en un lugar donde pueda hacer arte o unirse a un grupo con intereses similares”. 

“Cuando finalizó el adiestramiento me fui para la calle, por mi cuenta, y a pensar cómo iba a levantar mi carrera. No quería hacer pizzas ni vender croquetas, sino dedicarme a mi profesión, y esta fue —señala la galería donde conversamos sentados en cómodos asientos— la mejor opción que encontré para vivir de lo que quería. Este lugar, sin embargo, siempre lo he visto como un espacio para crear un fondo que me permita empezar mi carrera, porque hacer una exposición lleva bastante inversión, y yo quiero llegar hasta La Habana”.

Aquí lo que más sobrecoge son los cuadros que Luisito concibe a gran formato con retratos de artistas hollywoodenses. Esos lienzos han hecho detenerse a más de un potencial comprador frente a la casona del Prado, cercana al malecón de Cienfuegos. Marilyn Monroe, Morgan Freeman, Jack Nicholson o Angelina Jolie se muestran desde las paredes sin ningún pudor.

 

Luisito: “Hacer carteles en un teatro no era lo mío”. Foto: Leslie Corrales Rosell.

“A mí me gusta pintar así, retratos con esos brochazos, con esos colores, con esa estética. La parte comercial va ahí, dibujo artistas que me gustan, uno esos personajes con mi técnica imbricando lo mercantil y lo propio. De esa forma no dejas de vender, pero también te vas formando, buscando un estilo pictórico”.

Las paredes de la galería que tuvieron que restaurar con sus escasos ahorros, semejan espacios libres de movimientos pictóricos. Los estilos varían con la culminación de una esquina, para que en la siguiente comience otro totalmente distinto.

Todo lo que se ponga aquí debe tener cierto nivel, me repite Luisito a cada rato, y eso parece que lo han logrado.

 

“No podemos pensar en el mercado nacional porque sería devaluarnos. Lo otro es que este no es un negocio constante, pero uno aprende a navegar en él. Además, pertenecemos al Fondo (de Bienes Culturales), institución que permite a los artistas tener su propio espacio reteniendo el 10 por ciento de cada pieza”.

La gran dificultad por la que atraviesa un artista plástico en Cuba es la vía para conseguir los insumos necesarios, dígase lienzos, pinturas, pinceles… Lusito también ha sido víctima. “Tenemos una tienda, la del Fondo, que supuestamente debe abastecerte, pero tiene miles de problemas: no hay materiales o entran muy pocos, creo que desde el año pasado no hay nada nuevo. Además tú sabes cómo se mueve eso, ya los insumos vienen con nombres y nosotros tenemos que conformarnos con lo que sobre. Yo tengo mis dos hermanas en el exterior y cuando me hace falta algo ellas me cubren; aquí debo conseguirlo todo por la izquierda”.

“Esta galería ha sido una inversión muy riesgosa, y potencialmente es para turistas”, asegura Luisito. Foto: Leslie Corrales Rosell.