Una de las propuestas más polémicas que han aparecido en estos últimos años de cambios en Cuba aboga por la convivencia de una oposición “leal” con el gobierno dirigido por el Partido Comunista.

La idea llega cargada de conflictos porque se dirige a las esencias mismas de un sistema donde el poder instaurado se considera a sí mismo como el único actor legitimado para actuar en beneficio de toda la ciudadanía.

No obstante, aparece cuando la hasta hace poco insalvable dicotomía “revolucionarios” vs “contrarrevolucionarios” sufre transformaciones, por el número creciente de personas que critican el funcionamiento del sistema aunque no busquen la reinstauración del capitalismo.

Rafael Hernández Director Revista Temas

“¿Podrá admitir el socialismo cubano en el futuro (…) una oposición leal, dentro del propio sistema? Esa no es una pregunta para congresistas (norteamericanos) y europarlamentarios, sino para los cubanos que vivan su futuro en la isla”. Así lo afirmó en 2010 el politólogo y director de la revista Temas Rafael Hernández,  a quien atribuyen parte del etiquetado del concepto.

“A fin de cuentas, el 80% de los problemas de que habla (la) disidencia antisocialista son analizados y discutidos en Cuba de manera pública, por mayorías –y minorías– que no comparten ni las soluciones ni el estilo político de aquella; y que en muchos casos, asumen el papel de una oposición leal, dentro de las propias filas de la revolución”, según afirmó Hernández  dentro de un cargado debate inicial de la idea.

Ahora la propuesta podría relanzarse una vez irrumpa “Cuba Posible”, nuevo espacio intelectual creado por un sector del pensamiento insular que promueve abiertamente la necesidad de de derechos para esa oposición en el futuro del país.

“La oposición leal (…) no debe considerarse, sobre todo, como enemiga de quienes desempeñan el gobierno sino como un complemento de estos, pues juntos están llamados a compartir el país y a construirlo mancomunadamente”, ha escrito Roberto Veiga, ex editor de la revista católica Espacio Laical y coordinador general de Cuba Posible.

La discusión, que todavía no trasciende de eventos académicos o intercambio de artículos en escasos sitios web y publicaciones impresas, resulta válida para un joven periodista de medios oficiales como Enrique Torres Zamora, quien ofrece su definición propia:

“En el caso cubano, yo pienso, que se trataría de una oposición, sobre todo de índole intelectual, que tiene como mira la tan postergada construcción del socialismo. ¿Cómo construir el socialismo…? Las distintas respuestas a esta interrogante marcarían el espectro, seguramente variadísimo, de lo que yo llamaría Oposición Leal”.

Andar por la cuerda floja

Al proponer el reconocimiento para críticos que no quieran cambiar el régimen, los ponentes aplican una lógica inversa a la manera en que funcionan como puede ser Brasil o España. En esto países se aspira a que quienes lleguen al poder no subviertan los límites del modelo de propiedad y derechos. 

Pera esa misma limitación de contradecir “hasta un punto” hace que la propuesta levante las más acérrimas críticas desde la “disidencia”, la oposición “real” que en Cuba. Sin embargo, carece de legitimidad en el consenso político interno.

“Conozco de cerca otra oposición que ejerce una lealtad en nada parecida a la sumisión de las mascotas”, dice Reinaldo Escobar, una de sus figuras más visibilizadas. Escobar sumó palabras al abanico de contraargumentos en el cual destacan calificativos como el de “oposición consentida y consentidora” y “globo neutralizante”.

“Es sencillo: no puede haber oposición leal donde no hay un gobierno leal para con las reglas de un Estado de Derecho, bajo un orden que reconozca y ampare tanto a la ciudadanía que le adversa como la que le apoya”, sostiene por su parte Armando Chaguaceda, investigador emigrado que vive en los Estados Unidos.

Pero para jóvenes como Torres Zamora, “una llamada oposición leal” que intente tomar el poder para reconstruir el capitalismo en Cuba, nunca será LEAL. Eso es, sencillamente —y aunque suene fuera de moda—, contrarrevolucionario. Ahora, si la oposición pretende tomar el poder (…) para relanzar el proyecto socialista —dormido hoy en los laureles, agonizante y casi condenado—, eso sería, fracase o no, LEAL”.

“La oposición leal se desenvuelve hoy en marcos más bien intelectuales de debate hacia dentro. Está lejos del poder”, abunda el periodista.

“Lamentablemente nos quedamos sin tiempo y, en lo personal, no veo soluciones a estas alturas, con un consenso cada vez menos fuerte y una ideología revolucionaria (…) que se extingue ante fenómenos postmodernos como la apatía, la inopia y el avasallante poder cultural del capitalismo occidental.”

El posicionamiento de estas minorías en momentos en los que parece muy lejana la posibilidad siquiera de discutir sus razones con grandes sectores sociales, no será un ejercicio infértil. Las lentas, pero sostenidas reformas económicas, impulsarán cambios políticos en el mediano plazo, al cual conviene llegar aclarando los puntos y enfrentando los dilemas de pretender ser un opositor “leal”.