Un homosexual cubano ya se puede considerar un ciudadano de pleno derecho en la isla, pero cuidado con besar a otro hombre. Aunque la comunidad LGBT ya goza de más apoyo institucional, es la manifestación pública del deseo lo que provoca el rechazo.

El viaje que ha hecho Cuba en materia de derechos sexuales ha sido exprés. Sólo en mayo de 1991 dejó de considerarse la homosexualidad como una enfermedad mental y en 1997 dejó de considerarse escándalo público en el Código Penal. Sin embargo, que dos personas del mismo sexo se besen – sin estar en el Malecón o en la céntrica calle G – es un escándalo público. “Aunque las conductas homosexuales no se tipifiquen hoy como delitos en muchos países, entre ellos el nuestro, en ocasiones la sociedad exige su perseguibilidad”, explica Zulendrys Kindelán, abogada del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Parece que la sociedad cubana se adaptó muy rápido a la tolerancia; sin embargo, para muchos la homofobia en Cuba es una batalla que aún no ha terminado; quizás porque Cuba no siguió la línea tradicional y pasó de enviar a sus homosexuales como criminales durante el Mariel a dedicarles fiestas en el Malecón. Como se suele escuchar en La Habana: ahora ser homosexual es una fiesta.

En el debate “Homofobia y cultura cívica”, organizado por la revista cubana Temas – como parte de la serie Último Jueves – uno de los asistentes, Píter Ortega, preguntaba por qué Cuba, dentro de su modelo de integración, no había pasado por el gueto; es decir, dedicar, dentro de una sociedad, espacios específicamente diseñados para la comunidad LGBT como restaurantes, discotecas, clubs o playas privadas. Por el momento, este sector social sólo tiene un espacio de total libertad en la Cascada del Malecón y, los más jóvenes, en el parque de G.

EL gueto de vidrio
Es claro que hasta que no se supere el “gueto”, una sociedad no habrá llegado a la verdadera integración; sin embargo, muchos sociólogos lo defienden como un paso que debe dar cualquier comunidad. Si bien es importante que, llegado un punto, homosexuales y heterosexuales puedan compartir los mismos espacios de ocio, también lo es que un momento inicial del movimiento por la igualdad, traspasada ya el reconocimiento legal, la comunidad LGBT cuente con sus propios espacios, seguros y cómodos, para no sufrir la intolerancia de una sociedad que aún no se ha adaptado al cambio.

Como explica Zulendrys Kindelán, Cuba no ha dado los mismos pasos que en otros países. Por ejemplo, no tuvo una ley anti-discriminatoria como paso previo a otras medidas. “No creo que tenga que existir un paso intermedio, como crear espacios sólo para homosexuales. El discurso y las soluciones deben basarse en la aceptación de la diversidad”, opina Kindelán.

Sin embargo, para Norge Rodríguez, el homosexual cubano sí vive en un gueto: “el cuerpo deseante del homosexual lo convierte en la primera barrera contra el cual lucha la homofobia. (…) Hemos llegado a darles un cuerpo, un rostro, un pequeño espacio al homosexual y la lesbiana, pero aún nos resistimos a imaginarlos en dinámica de acción, de interacción, cuando sienten la necesidad de expresar plenamente su deseo”. Para Rodríguez, gran parte de esta responsabilidad la tienen la televisión que, mientras lanzan el discurso de la tolerancia y emite series con parejas del mismo sexo, censura las escenas de pasión de las mismas.

En Cuba, hasta que no se supere el rechazo, no ya por la tendencia sexual, sino por el deseo, no se habrá llegado a una verdadera integración. Para llegar a este paso, la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo, es la deuda sin saldar.