Gabriela Ramos ha llegado tarde a casi todo lo que le importaba: tarde al ballet con una rodilla lesionada, tarde a la Escuela Nacional de Arte (logró entrar en su tercer intento), y tarde también al casting de Últimos días en La Habana, la más reciente película de Fernando Pérez. Cuando ella se presentó, el casting había terminado. Probablemente la actriz que interpretaría a Yusisleydis ya tenía nombre; pero Fernando la vio y —quizá— intuyó que debía probar a esta muchachita delgada y con ojos grandes y abiertos.

Y así ocurrió: ella hizo la prueba, improvisó, cantó una canción (la misma que luego cantaría a su tío Diego en el filme) y unos meses después recibió una llamada:

—Buenas tardes, ¿habla Yusisleidys? — desde el otro lado del teléfono ella piensa que es un error, pero luego reflexiona: la otra persona dijo precisamente “Yusisleydis”, sería demasiada casualidad. En ese momento Gaby supo que, con apenas 15 años, trabajaría bajo la dirección de uno de los cineastas más respetados de Cuba.

Yusisleydis, salvo la edad compartida, es todo lo que no es Gabriela.  La una habla sin filtros, ajena a cualquier tipo de formalidad social, nada se guarda, nada la ata al convencionalismo; la otra es introvertida y pausada, conversa despacio y mira a su interlocutor como quien busca aprobación.

Yusisleidys es una sobreviviente. Sobrevive a una familia disfuncional, a un barrio escandaloso de putas y chulos, a un embarazo en la adolescencia, a la muerte de un tío enfermo de SIDA.

Gabriela, por su parte, nunca ha conocido La Habana profunda que rodea a Yusi.  No sueña con irse al campo con su noviecito, ni ponerle a su hijo Avatar. Ella nunca ha vivido como Yusi pero se deja la piel y se vuelven la misma persona.

Últimos días en La Habana fue mi primer trabajo de peso como actriz. Y sin la guía de Fernando Pérez, su paciencia y maestría, todo hubiese sido más complicado. Él es una de las mejores personas que he conocido.

Escena de la película Últimos días en La Habana. Foto: Cubacine.

“Su sensibilidad es tal que cuando me cortaron mucho el cabello para comenzar a rodar, yo estaba frente al espejo llorando, quizá por pura vanidad de adolescente, y Fernando estaba a mi lado también triste. Una angustia que puede parecer tan trivial, él la compartió conmigo. Ese tipo de hombre es Fernando Pérez, tan humilde y bueno, que cuesta creerlo real”.

Gabriela confiesa que le gusta actuar porque la saca de sí misma. Ella —tímida y huidiza—  explota de emociones frente a la cámara. “La interpretación me deja experimentar cualquier sentimiento sin creerme vulnerable, me permite tener varios rostros y nombres”.

Y, en efecto, además de Yusisleydis, Gabriela ha sido Eloísa, la hermana menor de Lezama en El viajero inmóvil; Flavia en la teleserie Zoológico; y ahora Lili en la película de horror psicológico ¿Eres tú, papá?

“Después de la oportunidad que me dio Fernando empezaron a abrirse puertas en el cine, la televisión y ahora en el teatro con Carlos Díaz y su grupo El Público. Pero la mayor sorpresa que me regaló Yusi fue obtener el premio a Mejor actriz de reparto en el Festival de Málaga. Puede sonar a cliché pero no lo esperaba. Ni siquiera imaginé como posibilidad que yo ganara compitiendo contra tantas actrices importantes y reconocidas. Si no tuviese el galardón en casa, aún creería que lo soñé. Yusisleydis me regaló tantas cosas buenas que a veces echo de menos esas 12 horas diarias de rodaje cuando me convertía en la chiquilla más espontánea de Centro Habana”.

Yusi termina en pantalla con un monólogo, mirándonos. Ella lleva sus emociones al límite, pero no llora. Con los hombros tensos y sin cambiar la vista transmite una tristeza honda que casi la derrumba, sin hacerlo.  Así acaba la vida de Yusisleydis. En cambio, la de Gabriela, solo empieza; aún debe tomar otros rostros y nombres.

Gabriela Ramos

Gabriela Ramos. Foto tomada de su Facebook.