Julio R. se siente contrariado desde que conoció la suspensión temporal de entregas de nuevas licencias para las actividades con mayor demanda en el sector privado. “Cuando crees que puedes apostar nuevamente por tu país, pasa esto. De un momento a otro destruyen tu plan de vida”.

Después de vivir 8 años en el extranjero, regresó a Cuba con la idea —dice que romántica— de retomar su anterior empleo, enseñar biología, y vivir con los ingresos de un profesor universitario; pero su realidad lo llevó a abandonar el trabajo. Prefirió dedicar tiempo, dinero y esfuerzo a equipar una vivienda que adquirió en el barrio habanero del Vedado y acondicionarla como hostal para extranjeros. Ahora no tiene cómo empezar a operar.

En la “acera de enfrente” se quedó también Carlos, otro joven cubano que, tras haber emigrado a Estados Unidos, decidió repatriarse. Integró el número de varios miles que desde 2013 lo han estado haciendo. Tan sólo en 2016 fueron 14 mil los repatriados. Mientras estaba de visita en la Isla supo que el costo por el trámite era de 100 CUC y que además tenía algunas ventajas: traer un contenedor a su nombre, entre ellas. Nada le costaba intentarlo, dice. Y lo hizo. El plan, a fin de cuentas, era proveer a la familia de un sustento diferente a las remesas.

“Con haberles mandado el dinero para que lo hicieran ellos bastaba, pero me entusiasmé con probar en persona”, cuenta desde una congestionada carretera del norte de Estados Unidos. Formado en Economía, Carlos dice comprender las razones del reordenamiento y no duda que, efectivamente, pronto las autoridades vuelvan a entregar permisos, como ha reiterado este 7 de agosto la viceministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó. Ante las cámaras de la televisión estatal, Feitó aseguró que el proceso no demorará “años”, sino lo que tome la aprobación de las nuevas normas, “un proceso normal de trabajo”, sin dar más detalles.

Foto: Pablo Eppelin

Ricardo Torres, doctor en Ciencias Económicas e investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, cree que la información brindada en este proceso de perfeccionamiento ha sido escasa. “No se ofrecieron detalles. En general, parece tratarse de buscar formas para lidiar con aspectos considerados negativos como la evasión, el uso de suministros de dudosa procedencia, entre otros. Fuera de eso, no se sabe mucho. Lo que se ha dicho deja más dudas que certezas”.

El sentido común mueve a pensar que, si el perfeccionamiento por venir es serio, deberá plantear cómo se facilitará el acceso, de manera legal, a las materias primas o equipos que la empresa privada demanda, o incluso si permitirá las importaciones sin intermediarios estatales. Pero la pregunta más recurrente es cuánto tardará en concretarse.

“Las implicaciones a largo plazo son difíciles de pronosticar -dice Torres- En principio, convierten a la actividad privada en una empresa aún más riesgosa. Muchos se lo pensarán más de dos veces para abrir un nuevo negocio, y los que ya están,buscarán estrategias para acelerar la recuperación de la inversión”.

“Lo que se ha anunciado no envía buenas señales. Es, en cierto sentido, contradictorio, porque se acaba de aprobar un documento, La Conceptualización, que reconoce la propiedad privada, y se supone que deberíamos estar actuando en consecuencia.

“Espero que sea una medida temporal. Realmente fuera de este sector no hay muchas oportunidades de encontrar empleos de adecuada remuneración. Además es evidente que más allá de las limitaciones que imponen, alimentan la desconfianza y el riesgo de nuevos proyectos”.

Abel y Janet son una pareja de jóvenes profesionales cubanos que renunciaron a sus planes de emigrar para quedarse en la Isla, y emprender fuera de la tutela estatal, y que hoy dudan si tomaron la decisión correcta.

“Este escenario podría ser la antesala de un retroceso”— dicen con marcado pesimismo.

Según la resolución, no serán afectados por las nuevas medidas. Su licencia para actividades gastronómicas está tramitándose (las regulaciones disponen que las peticiones solicitadas de antemano continuarán su curso) Sin embargo, ya no confían.

“Pareciera que el ámbito privado está todo el tiempo en la mira. Si vamos a congelar un sector para que no se desvíen recursos, comencemos por las empresas del Estado. En definitiva de ahí provienen las materias primas o los suministros que los cuentapropistas compran en el mercado negro. No creo que sea justo que tengamos que pagar todos por el ineficiente control de estos recursos. Con esas medidas impopulares lo único que se logra es congelar la esperanza de los que quisimos quedarnos y construir desde aquí nuestra prosperidad”.

Foto: Yoe Suárez

Aunque el presidente Raúl Castro ha asegurado en varias ocasiones que no habrá retrocesos con el cuentapropismo, Cuba parece haber encontrado la manera de “avanzar” hacia atrás.

Las restricciones que este martes se divulgaron ya venían implementándose, desde hace meses, en Matanzas y Trinidad. La propia viceministra de Trabajo reconoció que hace más de un año no se entregaban licencias de vendedores ambulantes de productos agrícolas, o “carretilleros”. Y no es la primera vez: lo mismo ocurrió en la capital en el 2016 con el congelamiento momentáneo de las licencias para restaurantes y cafeterías. Además, resulta curioso que las actividades privadas vinculadas al turismo — y que constituyen una fuerte competencia para el Estado— encabecen las restricciones. Hecho que Ricardo Torres no descarta como una de las posibles causas. “Lamentablemente, la respuesta es lo opuesto a que uno aspira si se trata de promover el desarrollo a largo plazo del país”.

Su colega de Facultad, Carlos, desde Estados Unidos, comparte de cierta manera la idea de Torres: “Tienen que dejar de pensar que el sistema privado es lo que va a ‘tumbar’ el socialismo”.

“Es necesario crear una cultura de impuestos para que las cosas se hagan bien. Pero hacen falta más incentivos si se busca que marchen las cosas de manera transparente, en vez de robar o subdeclarar impuestos”, opina.

A menos de una semana de la divulgación de las medidas es pronto para asegurar que las restricciones son un síntoma de que el Estado aún no está dispuesto a dejar de supervisar o controlar cada detalle de la vida en la Isla. Pero para Ricardo Torres es una clara señal de que todavía no estamos listos como sociedad para aceptar la realidad objetiva de que el sector privado es parte de nuestra realidad económica, y está ligado al desarrollo socioeconómico del país.

Lo que sí se podría cortar es el flujo de migración circular que ha estado incrementándose durante los últimos años. Cada vez eran más los cubanos que decidían repatriarse e invertir en su tierra. Eso podría cambiar en dependencia de cuánto se prolongue la temporalidad del perfeccionamiento y cuál sea el nuevo marco que se anuncia.

Entre tanto, Julio prefiere darle otra vez un voto de confianza a la administración del país. Conoce la realidad del emigrado y prefiere quedarse:

“Si estos nuevos aires de progreso, esta posibilidad de vivir como persona, trabajando honradamente, sin necesidad de inventar, la hubiese tenido antes, nunca hubiese salido de Cuba- confiesa- Estos cambios atrajeron a muchos que quisimos volver, y pausarlos ahora no solo será aniquilar la ilusión social, sino que aumentarán las ilegalidades. Nadie se quedará esperando indefinidamente, mientras ve desmoronarse su inversión. Yo no lo haré. Con el dinero de la gente y sus sueños no se juega”.

*Con la contribución de Darcy Borrero