Siendo niño, mientras jugábamos en la plaza del pueblo, a un amigo mío lo alcanzó un rayo. Recuerdo que, después del trueno, en un instante brevísimo, un destello nos hizo abandonar el juego que habíamos inventado bajo el aguacero e ir a levantarlo del pavimento, donde estaba desmayado.

Sobrevivió, algo chamuscado y nada más, pero ese recuerdo de la niñez me ha acompañado toda la vida, como un memorándum de lo feroz que puede ser la naturaleza. La imagen de mi amigo enterrado hasta el cuello en el patio de su casa, la guardaba, hasta hace poco, como una anécdota curiosa de lo que puede llegar a ser la sabiduría y tradiciones guajiras.

Sin embargo, su familia no estaba tan errada.

Es cierto que el cuerpo humano no se carga estáticamente un tiempo tan prolongado, pero lo irrefutable es que sólo la madre tierra es capaz de drenar la inmensa corriente del rayo. Ella y sólo ella es capaz de “desaparecer” un rayo de su propia faz.

Si sumamos a esto los efectos termodinámicos del rayo, cuya temperatura de impacto puede alcanzar los 30000 grados Celsius, es realmente para asustarse. Aunque más del 80% de las personas alcanzadas por un rayo sobreviven, muchas de ellas cargan con graves secuelas de por vida.

Según estudios de universidades norteamericanas, Cuba se encuentra en el tercer lugar entre los países latinoamericanos con más descargas eléctricas y más actividad de tormenta; sólo superada por Brasil y Colombia. Muchas de estas fuentes sitúan a Cuba en el primer lugar de muertes por impacto de rayo, un promedio anual de 70 personas, el más alto del hemisferio.

Aunque la reacción primera es la de correr, es más probable que un rayo te impacte mientras huyes que si te quedas quieto en un punto, con las piernas lo más juntas posibles. La explicación está en que la diferencia de potencial que se forma entre tus extremidades inferiores disminuye con la distancia entre ellas; reduciendo también la probabilidad de que circulen a través de ti las corrientes de inducción provocadas por el fenómeno.

Estas sobretensiones de paso, como se les llama, afectan enormemente a especies como el ganado vacuno o de otro tipo, pues la forma alargada de sus cuerpos hace que sean mucho más susceptibles al impacto de un rayo.

En Cuba se hacen enormes esfuerzos de capacitar especialistas para la proyección y puesta en marcha de los sistemas de protección contra el rayo. Sin embargo, la anciana estructura de nuestras edificaciones, hace que sea mucho más caro adaptar estos sistemas a las normas internacionales que los amparan; al contrario de otros países con más desarrollo, donde ya se tienen en cuenta parámetros como la unión equipotencial y el enmallado de alturas superiores a 60 metros a la hora de acometer una nueva construcción.

Es aconsejable, por tanto, no salir de casa cuando ocurren fuertes lluvias, sobre todo durante la temporada ciclónica, que coincide con la mayor actividad de tormentas eléctricas en la isla; ni permanecer durante éstas en zonas descampadas, donde tú eres el punto más alto. Además, conocer qué edificaciones cercanas a tu hogar están eficazmente protegidas, donde te puedas guarecer en caso de este tipo de tormentas.

No crear en tu hogar “captadores” naturales, como cañas de pescar, trípodes, antenas, etc., que estén a una mayor altura que las demás edificaciones alrededor; es muy probable que ionicen el aire de manera natural, y que los trazadores descendentes cierren el canal del rayo en ese punto.

De todas formas, no es para espantarse; hemos sobrevivido a los huracanes, terremotos y rayos durante siglos. En los últimos años el Estado ha hecho inversiones millonarias para preservar la vida de las personas ante estos fenómenos. Sin embargo, permanece siempre alerta; los disciplinados casi siempre son los que sobreviven. En fin, trata que no sea a ti al que parta un rayo.