Darío es un joven de 21 años que lleva tiempo apostando por el pop rock, a pesar de que no es el género más apetecido por los medios nacionales ni el más solicitado por las disqueras del país.

No estudió música en una academia; no tiene el aval de una empresa que le permita trabajar y cobrar como artista “profesional”. No obstante, supo retar esta realidad que golpea a muchos jóvenes cubanos que aspiran a ser músicos: Foxy, la agrupación que creó hace cuatro años, obtuvo el Premio de la Popularidad Cuerda Viva 2017.

Su interrogante se vuelve retórica: ¿Por qué hay que esperar a que una institución nos conceda una audición si al público le gusta nuestro trabajo?

“Yo sería partidario de que no hubiese empresas si eres bueno en lo que haces… pero en el contexto actual precisamos de alguna”, sostiene.

La banda está integrada por cuatro jóvenes que rondan los 20 años de edad. Darío estudia Sociología en la Universidad de La Habana; Andy, el baterista, se forma como instructor de arte en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona; Jean Raúl, el guitarrista, dejó la carrera de Medicina y ahora desea enrumbarse por el mundo de las sonoridades; y Joandrix, el bajista, ya casi termina el preuniversitario.

Música Cuba

Foto: Sundred Suzarte

De los 20 temas que han compuesto, tienen grabados la mitad, además de dos demos y un video clip. También han participado en espacios radiales o televisivos, pero su público está más presente en escuelas y universidades.

Pero esos resultados significan poco si no logran echarse en el bolsillo a los funcionarios encargados de definir si su trabajo es profesional o no, amén de la calidad de la propuesta artística.

“Debería haber un mayor entendimiento entre las disqueras estatales y los grupos como nosotros, pues a veces se escucha más de lo mismo en los medios de comunicación”, resalta Darío.

Con el objetivo de ganarse un lugar más allá del que ya poseen en círculos más cercanos, estos jóvenes sacrifican tiempo de estudio y dinero para costearse su trabajo, a pesar de que son estudiantes sin sustanciales entradas económicas.

“Todo lo hacemos con mucho sacrificio. No tenemos un representante o un productor que nos apoye. Logramos algunas cosas con nuestros propios ahorros”, señala Andy.

Rock cubano

Foto: Sundred Suzarte

Estos jóvenes reconocen que asumir el rock como eje de sus propuestas puede ser un reto, pues lo consideran un poco marginado a nivel institucional, en comparación con otros géneros musicales. No obstante, defienden el criterio de que el rock cubano tiene un toque muy nacional y no se canta, ni siquiera, en inglés.

“El único escenario que teníamos los rockeros para compartir nuestro trabajo era el Maxim Rock; pero ese lugar lleva mucho tiempo cerrado por una reparación que no se acaba de hacer. En ese sentido estamos lastimados. No tenemos espacios para llevar nuestra música. Algunos critican que este género es muy violento; pero el reggaetón puede ser muy fuerte también y se escucha, incluso, en las escuelas. Creo que hay que ser inclusivos y deben darnos derechos y oportunidades a todos”, concluye Andy.

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