– Lo que está en la calle es de la calle. Y todo el que pasaba, recogió. – me dice una señora.

– ¿Y qué se llevaban? – le pregunto.

– Botellas, jabones, de todo. Había de todo.

– ¿Pero eran personas de por aquí, ¿no?

– Ah no, no sé quiénes son, gente que uno no conoce. Imagínate, con el ciclón, uno atormentado…

Nadie quiere comentar nada. Pregunto y responden por lo bajito y mirando para el lado. Pero todos parecen responder a la misma lógica: si las cosas están ahí, ¿qué vas a hacer? Las coges, ¿no? ¿O vas a dejarlas tiradas para que otro se las lleve, o se las lleve el mar?

Huracán Irma en Cuba

Galerías de Paseo. Foto de la autora

Estos son los hechos: las tiendas Tángana y Galerías Paseo -ubicadas en Malecón y Línea una, y en 1era y Paseo la otra, en Vedado- fueron saqueadas durante el huracán Irma. Aun con el viento, las inundaciones y la corriente del mar en plena calle, la gente fue y sacó lo que pudo, como pudo.

Hechos de conocimiento público.

La señora con la que hablo lleva 55 años viviendo en N entre Línea y 17. “Debe haber visto mucho”, es todo cuanto se me ocurre decirle. Y me responde que, por esta vez, la irresponsabilidad fue suya, porque se confió y mira, el mar logró colársele en la casa. “Pero bueno, eso es mío, yo respondo por lo mío. Lo que es del Estado hay que cuidarlo”, dice parada en la acera de su casa, de frente al Tángana.

Y yo me pregunto, ¿cuidarlo quién?

– Entraron nadando – me dice un señor que maneja un camión de Aguas de La Habana.

– ¿Usted los vio?

– No, pero eso lo sabe todo el mundo. Los cogió la cámara.

Huracán Irma en Cuba

Foto de la autora

Las cámaras de vigilancia lograron identificar a varios implicados, al punto de que ya se iniciaron procesos penales contra los implicados.

– No es lo mismo venir y encontrarte una botella de ron -continúa el señor del camión- a meterte allá adentro a cogerla. No es lo mismo.

Los argumentos: la pérdida de valores cívicos. Pero eso es muy fácil decirlo. Para empezar, porque lo valores cívicos constituyen un concepto relativo y abstracto. Un gran saco que sirve de excusa para las culpas.

“Pero imagínate tú, desde que llevan anunciando que viene el ciclón, que viene el ciclón, que viene el ciclón… Tenían que haber guardado las cosas. Eso fue una irresponsabilidad”, continúa la señora.

Entonces tenemos dos asuntos: la desprotección de los medios del Estado por parte del mismo -lo que sugiere la señora- y la pérdida de valores cívicos -lo que sugiere el Estado-.

Pero nadie, ni el Estado ni la señora, se pregunta qué motiva a una persona a arriesgar su vida por qué, ¿una botella de ron?, ¿par de sillas?, ¿marqueterías de aluminio?, ¿algunas latas?

Huracán Irma en Cuba

Foto de la autora

– Dicen que en la tienda La Mía se llevaron todo. La gente salía con cajas, con refrigeradores, aires, de todo – me comenta un joven, vecino de Galerías Paseo.

– ¿Y cómo entraron?

– Dicen que el viento rompió los cristales, y la gente entró.

Tienda La Mía, Zanja y Belascoaín. Miércoles 13 de septiembre, cuatro días después de que Irma hiciera sus estragos en La Habana: ningún cristal roto, ninguna señal de que haya sido violentada, ni por el viento, ni por la gente.

La historia de los saqueos, aunque real, comienza a tener matices de leyenda urbana.