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Destino Ecuador

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“El objetivo es llegar allá, para seguir más pa´llá”, confiesan Mario e Ismaray, una pareja de jóvenes cubanos que planean por estos días viajar a Ecuador como escala inicial para terminar en los Estados Unidos.

“Hemos conocido diferentes trayectorias, con diferentes precios, según el riesgo, la extensión de la ruta y la cantidad de funcionarios que haya que sobornar. Como no tenemos todo el dinero desde aquí, pretendemos trabajar allí un tiempo hasta reunirlo”, explica Ismaray.

“Aunque es probable que los planes cambien”, acepta Mario, quien dice probará suerte con su título de informático en el país andino, donde quizás encuentre la satisfacción material y profesional que en Cuba no consigue.

Tras exigir por más de un año una carta de invitación como requisito para permitir el viaje de cubanos, el gobierno de Ecuador volvió a permitir desde el primero de abril de 2014 viajes de turismo por 90 días sin necesidad de visas.

La medida ha despertado muchas expectativas entre quienes buscan una vía para emigrar desde Cuba, pero también ha introducido nuevas dinámicas en la relación de la creciente comunidad cubana, de unos 40 mil emigrados, con el país receptor.

Pasar el filtro
A estos jóvenes les dijeron que con 3000 USD cada uno podrían demostrar solvencia ante la inspección del aeropuerto ecuatoriano. “Pero ese monto no lo confirma nadie”, comenta Gonzalo Bermúdez, un director artístico cubano que ha pasado los últimos ocho años de su vida en la Amazonía, impulsando proyectos comunitarios.

“La reapertura de la política puede convertirse en un arma de doble filo para quien crea que entrar a Ecuador es coser y cantar. Al llegar someten a los cubanos a una evaluación rigurosa, como en un tribunal, donde hay que incluso mostrar el dinero con que se cuenta para hacer “turismo” en el país”, asegura el artista.

“El filtro migratorio para los cubanos es psicológico”, asegura un joven periodista que solicitó el anonimato en su declaración.

“Le pregunté a un oficial de migración y ese fue el adjetivo que usó. ‘Desde la misma fila que hacen ya uno les conoce’, me dijo y yo no creo que las leyes deban estar en este perfil, menos las migratorias…”, alega el reportero.

A Alicia, otra joven de la central ciudad cubana de Santa Clara, le cambiaron los planes tras llegar con la vista puesta en Miami. Desde hace varios meses sienta bases en Quito y dice estar satisfecha con su estado actual.

“En estos momentos no tengo interés ninguno de irme hacia Estados Unidos, a pesar de que aquí he pasado muchísimo trabajo con los papeles para radicarme”, nos cuenta.
En cambio, para Orlando, otro joven cubano que llegó como estudiante de postgrado y espera quedarse a vivir junto con su esposa conseguir residencia no es tan difícil.

“Llegas como turista, sacas tu visa 12-9 de comerciante, que te dura como máximo seis meses y nada más que tengas esta última, pues inscribes tu título en la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), lo que dura unos dos meses. Estos trámites se hacen conjuntamente, y una vez que te hayan reconocido el título, en apenas 10 días ya tienes tu visa profesional”, asegura.

Cría fama y acuéstate a dormir…

Aunque desde Cuba muchos miran con optimismo la salida hacia Ecuador, en la nación andina el recelo hacia los cubanos parece ser elevado, pues todos los entrevistados coinciden en señalar xenofobia en el trato hacia ellos.

“En el pico migratorio de 2009, cuando Ecuador suprimió la carta de invitación por primera vez, aquí llegó mucha gente que en Cuba vivía del invento y el negocio, e hicieron y deshicieron por todas partes, por lo que ya existe un precedente y la frase de que por uno pagan todos, la he vivido”, cuenta Braylin García, hoy profesor universitario en la Universidad Tecnológica Israel, de Quito.

“Por ejemplo, cuando llamas por teléfono para rentarte en una casa, de solo escucharte el acento te dicen: “ya está rentado”, o simplemente “cubanos no queremos”. Si topas con alguien más explicativo te cuenta que el problema radica en unos compatriotas nuestros que se fueron para Estados Unidos y no le pagaron los dos últimos meses, o que le vendieron la cama de la casa y cosas así. ¡Imagínate!”.

Lo que se ha dado en llamar “el cubaneo” marca el estereotipo. “Yo vivo en el barrio de La Florida y ahora se ve poco cubano de comportamiento marginal, a diferencia de antes, que eran una plaga. No obstante, por mucho ese es el barrio donde más hay y los ves caminando en las calles, en las peluquerías, bares y restaurantes, siempre con mucha bulla y malas palabras”, comenta Orlando.

Para echar más leña al fuego, en 2011 las autoridades ecuatorianas desarticularon una banda de cubanos dedicados a asaltar a sus propios connacionales que viajaban hasta Quito a comprar ropa para suministrar un boyante mercado ilegal de ese producto en el archipiélago.

La participación de caribeños en redes de falsificación de documentos, sobornos a funcionarios y matrimonios comprados para conseguir la residencia, fundamentó en 2012 la reinstauración de la carta de invitación y predispone a muchos –incluso propios– a considerar como supuestos generadores de problemas a los que llegan.

“Yo creo que lejos de caer en mafias, los cubanos las han montado”, dramatiza Braylin.

Aunque para otros, como el anónimo periodista, el tratamiento mediático también ha puesto su cuota de magnificación en la percepción negativa.

“He visto en noticias que el entrevistado ha dicho: “el narcotraficante era un cubano de esos”. Otras que hablan de redes de prostitución y los datos son “8 cubanas”. Un asesinato en Guayaquil y decía una testigo: “parecía cubano”. Se construye una realidad del cubano que da miedo al que no conoce, una realidad que no deja brecha a pensar que no todos somos iguales”, lamenta.

¿Insertarse o seguir?
El propio reportero evita ser categórico al considerar a los cubanos como indeseados o no por la sociedad ecuatoriana.

“Conozco amigos de aquí que ven a los compatriotas que llegan como mayor competencia para laborar, pero también a otros que les reciben con las manos abiertas… No tengo fundamento para dar una respuesta que diga que nos odian o nos quieren”, opina.

“Ecuador ofrece oportunidades para quienes logren entrar con la voluntad y el conocimiento de trabajar honradamente. Pero lo ideal es tener a alguien dentro que pueda recibir y encaminar”, asegura Gonzalo, quien espera reponer su salud para retornar a la Amazonía.

Mientras tanto, Mario e Ismaray adelantan todos sus papeles. Certifican títulos, firman el divorcio (por si necesitan casarse allá) y venden sus efectos personales para reunir el dinero. “Sabemos que hay riesgos, pero ya tenemos contactos y gente que promete ayudarnos. Veremos qué pasa”.


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