En septiembre pasado eran más de 700 los educadores que faltaban en Camagüey, y este inicio de curso escolar el déficit asciende a más de mil. ¡300 más! ¿Cómo no asustarnos con esa pérdida?

Ante ese faltante estoy aquí, de regreso a la Vocacional, como hace seis cursos. Yo soy una de esas “alternativas” que se toman para no dejar pizarrones sin timonel.

De periodista a profesor. Tuve que estudiar. ¿Cuántos de los contratados nos habremos preparado aunque sea empíricamente para ejercer como docentes? Además del ejemplo de mis buenos maestros, aprendí de Platón, Buda, Cristo, José de la Luz y Caballero, José Martí, Makárenko, Estanislao Zulueta, Paulo Freire, y siguen llegando siempre nuevas influencias.

Igual que el médico el maestro nunca descansa, no para de aprender, ¡es apasionante! ¿Por qué, entonces, el alza de galenos y el descenso de docentes son dos fenómenos sociales contrapuestos hoy en Cuba? Las respuestas trascienden la respuesta del bolsillo. Muchos de los que portan tiza no hablan bien de sí, ni de sus compañeros, ni de su profesión. Si así ocurre, ¿qué se le puede pedir a padres y alumnos?

En el 2001, cuando entré al Pre, no era así. Los padres apenas toleraban una crítica al profe, y estos se daban su lugar. ¿Contratados? Solo la teacher, y era muy buena. En 11no y en 12mo todos mis profes fueron fijos y experimentados. Y de repente, de un curso a otro, yo mismo era la alternativa para ¡cinco grupos! ¡Estaba al frente de Español-Literatura, una de las asignaturas que van a la prueba de ingreso a la Universidad! Desde aquel Servicio Militar, donde más de 150 muchachos de 10mo grado dependían de un chico tres años mayor que ellos, desde aquel 2004 he encontrado en las aulas mi segunda profesión.

Pero desde entonces han aumentado las bajas de educadores en Camagüey, y en toda Cuba a juzgar por las recientes declaraciones de la Ministra del ramo. Lo he comprobado estos cursos en la “Vocacional”, donde he impartido clases de Historia de Cuba, Cultura Política y Español-Literatura. ¿Por cuánto se veía esta práctica del todoterreno educativo hace apenas unos años atrás? ¡Qué riesgo! Hoy, profesionales sin formación pedagógica, en su mayoría, son el amparo para decenas de miles de alumnos. Se nos hiere Cuba y no encontramos cura.

Entonces, en medio de la escasez soportamos al maldiciente, al que desdeña al pobre, al que maltrata a los chicos, al que no domina el contenido… Lo soportamos todo: los baños rotos de los docentes, la disminución de las escuelas rurales, las becas sucias…

Curso tras curso se espera que los políticos hagan algo revolucionario con la educación en Cuba, que la salven, pero cada septiembre se nos llena la tele de aulas remozadas, de jóvenes maestros, de verdades a medias, de “alternativas” periodísticas al problema de la educación.

Mientras, yo sigo ahí, congeniando la prensa con el aula, la grabadora con la tiza, construyendo párrafos y labrando vidas. Ahora duermo menos y sueño más.

Los cambios mayúsculos y nacionales, cómo negarlo, urgen. No quiero que el porvenir de mis hijos sea el presente que hoy viven mis muchachos, entregados a manos inexpertas, en algunos casos solo empeñadas en conseguir plata extra.

En lo que llegan las reformas, sin esperar a que desde el Olimpo nos recuerden y reaviven, yo trato de seguir siendo la alternativa, la Revolución para estos jóvenes que construyen, desde ya, la Cuba del mañana.