Cuentan que para conocer cuál era la capacidad de traslación de un cangrejo, alguien hizo un “experimento”: en el cual a medida que le arrancaba patas al animal, verificaba su capacidad de responder a la orden de “¡camina, cangrejo!”. En cada ocasión el molusco siguió las órdenes incluso cuando se quedó con una sola pata, pero tras el último mandato, ya sin miembros, el caparazón quedó inmóvil en el lugar. Entonces el “científico” concluyó su experimento con la siguiente afirmación: “Cangrejo sin patas no camina, porque es sordo”.

Cuando en 2012 se aprobó el Decreto Ley 305 del Consejo de Estado de Cuba, que estableció con “carácter experimental” las normas para la constitución, funcionamiento y extinción de cooperativas no agropecuarias de la economía nacional, un grupo de amigos comenzamos a tratar de constituir la nuestra, lo cual logramos dos años después. Así nació Scenius. Mientras tanto, nos especializamos en conformar expedientes de solicitud para la aprobación de constitución de cooperativas. Creo fuimos pioneros en ello y muchas de las primeras en formarse contaron con nuestra asesoría, incluso en la etapa de puesta en marcha. Conocemos el asunto.

Atestiguamos entonces la primera pata arrancada al hipotético cangrejo. Desde el principio nos percatamos de que la mayor parte de los responsables de llevar adelante la conformación de cooperativas, lo asumieron como una “tarea más”, un objetivo que cumplir e informar. Como hay que “cumplir”, aceleradamente y según “cronograma”, decenas de trabajadores estatales pasaron de la noche al día de una forma de gestión a la otra. No hubo preparación alguna, no se capacitó, no se explicó suficientemente.

Un error conduce a otro y el desconocimiento y la premura crean una falsa representación de la realidad. En Derecho el error constituye un defecto congénito que vicia la voluntad. Está claro que “nadie puede querer lo que no conoce”, de esta manera el primer principio del cooperativismo, “la voluntariedad”, quedó anulada. Una pata menos.

Sin conocimiento alguno, los trabajadores negociaron su futuro. Sucedió entonces que muchas de las nuevas cooperativas nacieron endeudadas con sus antiguas administraciones, con activos o mercancías que no requerían. Otras se endeudaron con créditos que no necesitaban o que no estaban respaldados por estudios de factibilidad previos.

Soy del criterio que en esta etapa inicial, a las organizaciones sindicales correspondió una responsabilidad esencial. Cuando se inició el proceso, en la mayor parte de los casos se trataba de “trabajadores afiliados” a sus respectivos sindicatos, con lo cual era responsabilidad de los representantes gremiales velar por el cumplimiento adecuado del proceso y en particular exigir la capacitación. Eso ocurrió sólo excepcionalmente. Luego de cuatro años y medio, aún los sindicatos no han adecuado su funcionamiento y desempeño a las características específicas de las cooperativas, de forma tal que esa integración necesaria, resulte funcional. Con una pata menos, seguimos caminando.

Aquellas primeras cooperativas se formaron en su gran mayoría a partir de pequeñas unidades de producción o servicios que se desprendieron de empresas estatales. Mecánicos, jefes de brigadas, chefs de cocina… se convirtieron de repente en responsables de dirigir una empresa (cooperativa) sin estructuras comerciales, jurídicas, contables y, lógicamente, sin experiencia alguna de dirección.

Todavía hoy la capacitación resulta el problema medular. En los últimos años, con muy escasas acciones de capacitación desde instituciones estatales, algunos cooperativistas han obtenido preparación empresarial, literalmente, “gracias a Dios”, a través de proyectos de la iglesia católica como “Cuba Emprende”. Sea “Dios”, o según el Ministerio del Interior, el “Diablo”, quienes financien estas iniciativas, todavía las entidades responsables no han estructurado un proyecto eficiente y estable de capacitación, tanto para los cooperativistas como para los funcionarios estatales que intervienen en el proceso.

¿Qué hacen mal y qué hacen bien las cooperativas? Pues depende de lo que entienda por “experimento” y de la interpretación de la “política” que haga el funcionario actuante. Se exige a las cooperativas el cumplimiento de algunas normas, pero se le niega el derecho al amparo de otras, alegando que no lo contempla la “política”.  Si no entiendes una interpretación discrecional como esa, pues el decisor siempre puede recordarte el carácter “experimental” de las cooperativas para poner punto final a la discusión.

Al parecer esos funcionarios no han leído bien el artículo 3 del Decreto Ley 305/2012. Allí dice que “Las cooperativas se rigen por el presente Decreto-Ley, su Reglamento, las disposiciones complementarias a estos,sus estatutos, y de forma supletoria las disposiciones legales que les resulten aplicables.

De acuerdo al Decreto Ley, deberíamos tener derecho a valernos de toda la legislación vigente, y no sólo de la conveniente a “la política”. Recordemos además, que toda “política” debe ser expresada en normas jurídicas para que sea exigible su cumplimiento. De lo contrario, es sólo un deseo. Y los deseos no deberían ser legalmente vinculantes.

Los Ministerios son los “órganos de relación” de las Cooperativas, para atenderlas, preocuparse por sus problemas, para ayudarlas a crecer; una relación como de madre e hijo. Al menos en nuestro caso esta relación no funcionó: mamá nos odia y nos visitó solo una vez en dos años y medio. Ahora, además, nos quiere matar. El resto de la familia también estuvo ausente, ni el Grupo Ejecutivo del Perfeccionamiento Empresarial (GEPE), ni las organizaciones políticas o de masas… Nadie nos visitó.

Pero también conocemos que hay ejemplos en el otro extremo: “padres” autoritarios que quieren regular hasta el menú gastronómico que ofertará la cooperativa.

Todo proceso experimental necesita ser evaluado y rectificado. Es válido experimentar, pero una mala conducción de un ensayo provoca un resultado falso, distorsionado y con ello se pueden adoptar medidas que lejos de solucionar los problemas, los agraven. A nuestro cangrejo se le han restado muchas patas, pero todavía conserva un par de ellas para caminar. A pesar de todo, ese sigue siendo nuestro deseo.

 

Tomado del blog Scenius