La escena se produjo en un aula cualquiera de la escuela, aunque no fue cualquier escuela, sino una signada por el peso de las malas letras en su pintoresco nombre: Nuevos horizontes. Allí ocurrió el incidente que, como protagonistas, tuvo a una joven auxiliar pedagógica y a su alumna de primer grado.

Como cualquier otro día, la auxiliar se dispuso a peinar a la niña de pelo rubio, largo hasta la cintura y abundante, de un lacio casi perfecto.

Aquel mismo día del 2015, cuando la madre vio a su hija de seis años, nada, aparentemente, había cambiado. Hasta que llegó la hora de peinarla, después del baño. ¡Sorpresa! Un círculo casi vacío de hebras se escondía en el centro de cada uno de los dos moños en la cabeza. La niña confesó que la ´seño´ la había peinado esa tarde.

Y ahí fue que todo se desató. Porque la abuela no admitía que “se quedara así” aquel corte no autorizado, no consentido, del cabello. Entonces presionó a su hija para que fuera a dar las quejas a la directora de la escuela, luego de un enfrentamiento cara a cara con la auxiliar.

“Yo me enteré de que esa auxiliar se dedicaba a poner implantes y a vender extensiones. O sea, que les robaba el pelo a las niñas para lucrar. Y no era la primera vez. Entonces, una persona que por ganar dinero es capaz de hacerle eso a una niña de primer grado, ¡es capaz de vender a un muchacho! Si ahora viene alguien y le dice: te voy a dar 300 o 400 dólares por la niña, ¡vende a la chiquita, vende a mi nieta! Ella es de los que no saben poner los principios por encima de las necesidades”.

La abuela de la niña llegó a la dirección municipal de educación primero; a la estación de policía más cercana después. Pero no realizó la denuncia: “la seño es nieta de una maestra de la época de mis hijos y una excelente persona. Por ella fue que no llevé esto más lejos, me daba pena porque ese año le habían hecho un homenaje en la escuela. Pero cuando vino a verme, yo le dije que su nieta no podía trabajar más en Educación.

“O la pone en un supermercado y que le robe al Estado y luego la metan presa, o en un prostíbulo, le dije. Porque ella hacía muchas cosas más, hasta la merienda de los muchachos se la comía. Es verdad que hasta puede ser mi nieta, ¡pero yo le hubiera dado una tranca!”, sigue casi vociferando en su insulto esta abuela.

“Averigüé el alcance de este caso y supe que le hubieran tocado medidas severas por su abuso: pero por lucrar con el pelo de la niña, por el lugar donde lo hizo, hubiera podido ir presa dos años como mínimo”.

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— Con la mamá de la niña fueron a mi casa y todo. La que formó to´eso fue otra maestra… Ellas dijeron que yo le había cortado el pelo a la chiquita.

Así responde la seño, a quien llamaremos Rosita, cuando la confronto, muy sutilmente, sobre este hecho.

“La semana aquella la directora no estaba, y cuando se incorporó yo fui a verla con mi mamá. Eso fue chanchullo de la gente y al final de la jornada, cuando hay cosas de blancos y eso, mi amiguita, al negro, lo tiran pa´un lao´.

—¿Pero tú se lo cortaste? —inquiero. Ella hace una pausa, retuerce los ojos y gesticula con la boca.

—Noooo —responde—. Si la niña me ve por la calle, me saluda de `seño´ y todo.

—Además, si lo hubiera hecho no podría seguir trabajando en Educación…y estoy trabajando en una escuela primaria: en primer grado.”

—¿Sigues trabajando en Educación? — pregunto—. ¿Y en aquel momento qué hiciste?

—Pedí la baja. Busqué un círculo y ya, porque quería coger el curso de maestra… pa´ seguirme superando…Yo tengo 23 años.

—¿Te gusta trabajar con niños? — le pregunto y asiente tímidamente.

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Casi tres años han transcurrido desde aquel `incidente´. Sin embargo, Enif Contreras —Jefa de Segundo Ciclo y Secretaria General del Partido Comunista en Nuevos horizontes— lo recuerda como si hubiera sido el día anterior. “A la auxiliar se le llevó a juicio laboral y la directiva determinó expulsarla. Luego nos informó lo sucedido, aunque realmente todo el mundo lo sabía porque la madre y la abuela de la niña, fueron a quejarse a la escuela.

“Lo que hizo la auxiliar, quien quedó separada del centro, fue entresacarle pelo a la niña para hacer un moño para unas extensiones; un implante”.

“Causa exacta yo no podría decir. Era una asistente educativa de veintipico de años. Ella no tenía el duodécimo grado, lo estaba pasando por las noches en la facultad. Tampoco sé exactamente qué cantidad de pelo le sacó a la niña, ni cuál fue su motivación”.

La instructora cumplió su sanción, consistente en un año fuera del sistema educacional, asegura su abuela.

“La sancionaron a un año porque no había acusación. La abuela de la niña, al saber que era mi nieta la involucrada, no la denunció. También tuvo en cuenta que es muy jovencita aún y por eso yo estoy muy agradecida, la verdad.”

Durante ese año, dice la anciana, su nieta se superó. “Ella aprovechó el tiempo y continuó sus estudios. Luego ingresó a otra escuela y se está preparando como maestra”.

De todas formas, considera, lo que sucedió con la niña “no fue maltrato, fue un momento en que Rosita se creyó peluquera, pero tampoco le cortó el pelo completo, fueron las puntas”.

En cambio, para la abuela de la niña, “eso es maltrato infantil”, con todas sus letras.

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La constitución cubana, a través de su artículo 40, ampara a los infantes: “El Estado Cubano garantiza la protección integral de la niñez y la juventud (…)”. En el Código Penal, se tipifican varios delitos asociados al maltrato infantil y el abandono de menores. El artículo 308 declara: “el que sustraiga un niño ajeno o sustituya un niño por otro, incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años. Asimismo, se definen entre las circunstancias agravantes de otros delitos cometer el hecho con la participación de menores”.

Además, el artículo 315 agrega: “El que no atienda o descuide la educación, manutención o asistencia de una persona menor de edad que tenga bajo su potestad o guarda cuidado, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuota o ambas”.

Pero en casos donde se involucran actores sociales como los maestros en hechos delictivos contra menores, el código resulta tajante, y emplea Disposiciones Complementarias:

“A los maestros o encargados en cualquier forma de la educación o dirección de la juventud que sean declarados culpables de alguno de los delitos previstos en los artículos 298, 299, 300, 303, 304, 310, 311, 312, 313, 314 y 316 se les impone la sanción accesoria de prohibición permanente para el ejercicio del magisterio o de cualquier otra función de dirección de la juventud”. Así reza el artículo 317.

Un texto publicado en la prensa estatal, aseguraba en 2014 que: “Considerado por los especialistas como un fenómeno `oculto´, el maltrato o abuso infantil implica cualquier acción u omisión no accidental en el trato hacia un menor de 18 años, por parte de padres o cuidadores, que le ocasiona daño físico o psicológico y amenaza su posterior desarrollo.

Oculto es un adjetivo adecuado para este fenómeno que, por su ausencia de las agendas mediáticas, suele pasar inadvertido para la opinión pública. Pero ocurre más de lo que imaginan la mayoría de los cubanos. Un reporte de Cuba sobre el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otros delitos relacionados con la explotación, o con el abuso sexual publicado en Cubaminrex reveló cifras de presuntos hechos de abuso sexual en enero-diciembre del 2015:con un total de 2 174 niños víctimas, reportó 1 189 abusos lascivos, 354 casos de corrupción de menores, 333 de violación, 232 de ultraje sexual, 46 de pederastia; 19 de estupro y uno de incesto. No obstante, se estimó en 29 943 la cantidad de acciones de protección por la Dirección de Menores a nivel comunitario.

Otro estudio en 50 adolescentes ingresados por lesiones o circunstancias “que hicieron sospechar presencia de maltrato infantil”, y que después se confirmó durante su estancia en los servicios del Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, durante el período comprendido de octubre de 2013 a octubre de 2014, publicado en el portal Infomed, del Ministerio de Salud Pública, explica que el 90% los adolescentes y el 92 % de los padres analizados no tenían conocimientos sobre el maltrato.

En este contexto existe Nuevos Horizontes, existe Rosita y existe también la nueva escuela donde la auxiliar, después de todo, encontró cabida para su “rehabilitación”. Aunque el saber popular repite en Cuba que a los niños no se les debe tocar “ni un pelo”, Rosita lo tocó y pagó, quizás muy poco, por ello.

*El nombre de la implicada en este caso fue cambiado por razones de respeto a su privacidad. Sobre ella no pesa ningún proceso penal.

 

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