Cerca de diez mil estudiantes esperan frente a la Universidad de La Habana por el concierto de X Alfonso. El intro: un videomapping de siete minutos. Imágenes en movimiento sobre la fachada de la vetusta edificación paralizan a los asistentes. Silencio total. Cuando Mauricio pulsa la tecla de “stop” en su computadora se convence de que valió la pena no haber encontrado en Google cómo hacer arte con los llamados “nuevos medios”.

“En 2011, con 25 años, me encapriché en que quería hacer mapping en Cuba, llenar de imágenes los edificios y transformar el mundo de los espectáculos. Digamos que descubrí el agua tibia, pero no tenía otro remedio, como ahora mismo pueden existir cientos de muchachos que quieren hacer arte con tecnología y están rompiéndose la cabeza porque no tienen Internet, o la conectividad necesaria, y en Google están todas las respuestas.”

El público cubano parece agradecer mucho este tipo de “descubrimientos”, por llamarlo de alguna manera.

“Aquel día en la Universidad cuando vi el impacto que tuvo la proyección, entendí que valió el sacrificio, el tiempo sin dormir, los años de juventud que uno invierte en descubrir cosas que ya se conocen, y a las que no accedes por este sistema de incomunicación que se vive en el país, por agentes todos externos a nosotros mismos.”

Videomapping sobre la fachada del Cine Chaplin, La Habana.

¿Quién es este chico que decidió llenar de imágenes las fachadas del Museo Nacional de Bellas Artes, el Hotel Habana Libre, los cines Yara y Chaplin, el mismísimo Morro, y ha “mapeado” además paredes de Los Ángeles, Bostón, California, Milán, Alemania…?

Mauricio Abad se graduó de la Academia de San Alejandro y del Instituto Superior de Arte (ISA) y desde los últimos 5 años prueba en el video, la fotografía, la pintura, intervención pública y el mapping.

En 2015 además se le ocurrió la obra interactiva “¿Y si me postulo para presidente?”, una serie de cien fotos subidas a la red social Instagram. La pieza parte de una encuesta en la que se indaga sobre las aspiraciones de la sociedad cubana ante la figura de un nuevo presidente. Mauricio acude al lenguaje del MEME como recurso burlesco para representar lo lógico y lo absurdo.

“Fue una experiencia de las que uno dice, coño, o me votan, y más nunca me miran la cara o sale una pincha buena.” Acogida tuvo entre los espectadores de sus muestras; pero lo que se dice “resultados electorales”… bueno, de esos, no muchos.

Para Mauricio, los medios digitales son otra plataforma para el arte.

En la Bienal de La Habana hice también una pieza de intervención, sobre una comunidad de Gamers que en La Habana la integran unas quince mil personas que juegan videojuegos, esencialmente de combate.

“Me llamó mucho la atención sus soluciones para armar una red inalámbrica clandestina. Quería defender sus intereses, ayudar a que se ampliaran. Para mí ellos hacen un ejercicio revolucionario, jóvenes apostando por generar mecanismos de comunicación y de solución de problemas, eso me pareció maravilloso.

La pieza logró contabilizar la cantidad de muertos virtuales que generan ellos en los juegos, un pretexto para dejar ver que existían estos chicos, aunque no fueran visibilizados.

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Este Abad comenzó a generar contenidos desde y con los “nuevos medios”, sin siquiera tener una computadora. Gracias a un premio del Centro Pablo de la Torriente Brau, se hizo de su primera pc y a partir de ahí aprendió de postproducción, corrección de colores y video mapping.

“Para nadie es un secreto que vivimos en un país que está aún aislado, desde condiciones externas e internas, para acceder a tecnología de consumidor: conexión a internet, un pluggin para crear una aplicación… A pesar de las mejoras de los últimos años sigue habiendo una conexión deficiente para este tipo de trabajo, compañías como Adobe y Apple bloquean servicios para Cuba y otras cosas que frenan el desarrollo profesional y la capacidad creativa.

“Yo antes pensaba que no, que la pericia y la capacidad del cubano de sobreponerse podían solucionar eso, pero no es verdad. Lo que aprendí con 25 años, vi que ya lo enseñaban a hacer en Youtube niños de 7 años. Pero gracias a gracias a Orula y a todos los amigos -el piquete creativo que me acompaña-, me sobrepongo a los retos”.

Videomapping en el Faro del Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro, La Habana.