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El futuro del videojuego cubano

Joshue H. Pagliery es artista visual. Johann Hernández Armenteros es programador. No se habían encontrado nunca hasta que una obra de Joshue en la Bienal de La Habana los conectó. Pagliery dio forma a “Destroyer”, una especie de NoteGame (videojuego sin entretenimiento ni objetivo) que llamó la atención de Johann y los puso a soñar en un producto que escalara la complejidad de lo producido en esta Isla hasta el momento.

Por: Ernesto J. Gómez Figueredo

Ahí nació “Savior”, un producto en 2D que aún se gesta sobre el argumento creado para “Pequeño Dios”. Este personaje, sumido en un ambiente de total caos, dependerá de las elecciones morales de los usuarios para convertirse en salvador de mundos o en su destructor.

Su exposición al consumo llegará una vez que la productora “Empty-heads Games” culmine su primera entrega, de la mano del artista y del programador.

Joshue se dice seguidor acérrimo de cada nuevo juego que surja, sigue sus tráileres y los espera ansioso. “Sé lo que le interesa jugar a la gente porque yo también soy un jugador”, dice.

La primera meta es obtener un demo completamente apto para jugar, a principios de 2017

“Nuestra generación jugó esta clase de videojuego que ahora construimos, por eso la estética que escogimos  retoma en parte la usada en los años 90. Lo que estamos haciendo pudiera clasificarse como un juego retro, está pensado para un público de usuarios que se encuentren entre los 25 y 35 años y que estén familiarizados con esta clase de producto”, argumenta Johann.

Destroyer, una especie de NoteGame, videojuego

“Savior se aleja de la búsqueda de la hiperrealidad, recurrente en los videojuegos más modernos y permite que el jugador forme parte del mundo creado no solo desde los controles del avatar sino desde la historia. Además no depende de tecnologías actuales como la 3D que son más complicadas y por eso debe estar listo más rápido. Es un juego que gira en torno a la experiencia, es una mezcla de juego experimental con juego clásico”, añade Johann Hernández.

Instalados en un apartamento del barrio habanero del Vedado, estos jóvenes crean en una plataforma que también quiere conseguir éxito comercial.

“Contamos con el apoyo de una fundación estadounidense llamada Innovadores Fundation y la Fundacion Ludwing de Cuba y, aunque permanecemos independientes, ellos se encargan de todas las cuestiones de márketing y futura distribución”, aclaran. La primera meta es obtener un demo completamente apto para jugar, a principios de 2017.

“Pienso que por sus características es un juego complejo porque a pesar de que parte de una plataforma convencional tiene elementos únicos y particulares. Preferimos basar nuestro proceso creativo en metas a corto plazo, es la única forma”, explican.

En ese camino, al parecer necesitarán sumar a otros miembros al equipo, para reforzar el área del desarrollo y la programación. Hay una historia de ideas similares en el país, y también algún grado de producción nacional.

“Las experimentaciones en este tema en Cuba siempre se han hecho con un carácter muy interno marcado por lastre del desconocimiento. No queremos demeritar el esfuerzo de nadie, pues la realización de un videojuego es sumamente compleja bajo cualquier circunstancia, y las de Cuba lo son más”, piensa Pagliery.

El lanzamiento está pensado para formato PC, Windows, Linux y OUYA; todos distribuibles en tiendas online. Si todo marcha según lo previsto serán capaces de proyectarlo para las consolas de videojuego de última generación como Xbox o PlayStation 4. Ahora mismo la barrera está en su capacidad de hacer.

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