El régimen cubano pierde mucho más que dinero con la suspensión del Festival del Habano

23 de julio de 2026 a las 06:30 a. m.

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Festival del Habano 2023. Foto: AP/Ismael Francisco

Festival del Habano 2023. Foto: AP/Ismael Francisco

Una crisis hizo nacer el Festival del Habano durante el Período Especial y otra crisis, la de 2026, logró acabar con él. El evento, capaz de alcanzar niveles de lujo verdaderamente obscenos, fue pospuesto en febrero por culpa de los apagones y suspendido de forma indefinida el 20 de julio con un escueto anuncio de Habanos S. A. La corporación tendrá que evaluar ahora la «evolución del contexto», esperar a que haya de nuevo «condiciones», recuperar la «excelencia». Se ruega «confianza» en que la debacle cubana sea meramente temporal. 

El momento no puede ser peor. Se celebran los 60 años de la marca Cohiba, el buque insignia del tabaco cubano desde que Fidel Castro comenzó a regalarlo a diplomáticos y jefes de Estado en 1966. Para la celebración se pensaba lanzar el Cohiba Talismán, un nuevo puro. Ahora —y el tono del comunicado es casi de congoja— tendrán que presentarlo en otra ciudad: Londres. 

Nadie sabe cuándo el contexto vaya a evolucionar, como predice el eufemismo de Habanos. Nadie sabe qué pasará con Cuba, que ha visto a las empresas extranjeras salir en desbandada ante las sanciones de Donald Trump. El tabaco, un sector que aporta cantidades considerables de divisas al régimen cubano, se había mantenido a flote. Hasta ahora. En un acto de acrobacia verbal sobre la realidad, Habanos no menciona esta situación ni alude en ningún momento a Washington. 

El Festival del Habano no es un evento cualquiera. A él acuden anualmente decenas de millonarios de todo el mundo, millonarios que simpatizan con la Revolución cubana y que donan millones de euros en una sola noche, supuestamente destinados al sistema de Salud: la tradicional cena de clausura con subasta de humidores —el mueble de cedro donde se guardan los puros— recaudó el año pasado 17 millones de euros. De ellos, 4.6 millones correspondieron a la venta de un humidor firmado por Miguel Díaz-Canel a un anónimo millonario chino. 

Durante el Festival, la corporación Habanos suele celebrar por todo lo alto la cifra facturada el año anterior, lo cual permite hacerse una idea de cuánto dinero aporta el tabaco al régimen y a sus socios. En teoría, España y Cuba se reparten el monopolio de Habanos, pero las acciones españolas han llegado a estar en manos del capo del ciberfraude Chen Zhi, extraditado a China a inicios de 2026. 

En 2024 —un año que tampoco estuvo exento de crisis— Habanos facturó 827 millones de dólares, 106 millones más que en 2023. China, España, Reino Unido, Suiza y Alemania fueron los países que más compraron tabaco cubano. No poder acceder a esa cifra ni a esos datos este año es una mala noticia para los periodistas que se dedican a calibrar la opaca economía del régimen. 

Si algo queda claro en el comunicado de Habanos, no obstante, es que el hecho de no poder celebrar el Festival en La Habana es grave, pero no demasiado. La red del monopolio es extremadamente efectiva y no depende de la crisis cubana. De hecho —a juzgar por las noticias aportadas por la página web de la corporación— el negocio va muy bien. La presentación del Cohiba Talismán el 7 de octubre de 2026 en Londres, una ciudad tan aficionada al puro como La Habana, lo demuestra. 

Habanos asegura que la celebración de Londres será solo «el inicio de una agenda internacional que incluirá nuevas experiencias y sorpresas para los aficionados al Habano». Los expertos no son tan optimistas. Al pie del anuncio, el especialista estadounidense en puros Casey Aldulaimi, escribió: «La industria tabacalera cubana ha muerto ya mil muertes; este es solo un clavo más en el ataúd». 

CONDOLENCIAS Y HUMO DESDE NUEVA YORK

David Savona, director de la revista Cigar Aficionado —la más conocida del sector— rara vez se pierde un Festival del Habano. En 2025 estuvo en la pantagruélica cena que Habanos auspició nada menos que en el Capitolio habanero, motivo de innumerables polémicas por el daño simbólico que infligió sobre el viejo emblema de la democracia cubana: la fiesta tuvo lugar sobre la tumba del Mambí Desconocido y junto a la estatua de la República. Sus invitados se habían hospedado en la recién inaugurada Torre K, entonces administrada por Iberostar. 

El 20 de julio de 2026, Savona reaccionó desolado al anuncio de Habanos. «Esta noticia no es ninguna sorpresa», escribió en Cigar Aficionado, «dadas las dificultades a las que se enfrenta actualmente Cuba. El país se encuentra inmerso en una prolongada crisis energética, con cortes de electricidad habituales y un sector turístico en declive». 

Días antes había sostenido una conversación con el editor de la revista, Greg Mottola, sobre la situación cubana. Savona y Mottola estaban en Nueva York grabando su podcast conjunto y fumaban, respectivamente, la edición limitada del Trinidad Cabildos —«el tabaco favorito de Fidel»— y un Cohiba Siglo VI. 

«Están pasando muchas cosas en Cuba», dijo Savona. «Lo normal es que hubiéramos ido al Festival del Habano». «¿Pero de qué Festival del Habano me estás hablando?», ironizó Mottola. Ha sido el año del no-festival, dijeron tratando de sonreír, pero no sonrieron. El resto de la conversación trató de los «grandes problemas» de Cuba, que van más allá del mundo del puro. «Ni siquiera he podido mantenerme al tanto con todo lo que está pasando», admitió despreocupadamente Mottola. 

Se habló de Raúl Castro, de Hermanos al Rescate, de una posible intervención militar de Trump y de la crisis energética. Savona dijo que había «protestas», cosa sorprendente en un «Estado controlado». «Ujum», asintió Mottola sin sacarse el puro de la boca.

Si algo quedó claro para ambos expertos es que ya no están en la época de Barack Obama: ya no pueden llevar tabacos cubanos a Estados Unidos —donde está prohibida su venta— con facilidad. «Me siento mal por los cubanos», concluyó Savona. 

Para Mottola, la suspensión del Festival, en comparación con lo que viven los cubanos todos los días, podría considerarse «trivial». Sin embargo, la «cantidad de dinero que le llega al Gobierno cubano» con la celebración, «para el sistema de Salud», no es nada desdeñable. «Era útil para enriquecer el país». 

Mientras compartían, no sin frivolidad, su nostalgia por no haber ido a La Habana, Mottola y Savona compartieron detalles hasta ahora desconocidos del festival. No se sabía, por ejemplo, que a diferencia de otros festivales internacionales, los organizadores del festival venden los boletos para cada evento —cenas, subastas, galas, visitas a fábricas y vegas— por separado, multiplicando bíblicamente la ganancia. 

No ocurre así ni en Estelí, en Nicaragua, ni en República Dominicana, los dos grandes competidores de Cuba en el sector tabacalero. Los cubanos —a diferencia de los nicaragüenses y los dominicanos— tampoco regalan muchos tabacos a sus invitados. En cambio, les dan «tiempo libre» para comprar puros en las Casas del Habano del Centro Histórico habanero. Sin embargo, para desconcierto de todos, «las tiendas estaban increíblemente vacías» y lo que había era demasiado caro incluso para ellos, que son expertos. 

«¿Adónde se fue el tabaco cubano, Greg, qué pasa con ellos?», preguntó Savona. Que están caros y que hay pocos, responde Mottola. Así de sencillo. 

El huracán Ian en 2022 devastó las vegas de Pinar del Río y encareció el producto a un nivel sensacional. Los vegueros no pudieron reconstruir las casas de tabaco. «No se puede ir a ningún Home Depot en La Habana a comprar un saco de clavos», bromearon. El tabaco se salvó del huracán, pero como no había dónde curarlo, se echó a perder. Aludieron a un veguero llamado Máximo, que «lo perdió todo». Los colegas de Máximo estaban en circunstancias similares. 

Otro problema es el éxodo migratorio: las vegas no tienen quien las trabaje y las fábricas no tienen torcedores que hagan puros. Cohiba y Trinidad —las marcas de los cigarros que fumaban Savona y Mottola— triplicaron sus precios en el mercado internacional. El Cohiba de Savona solía costar 100 euros hace un par de años; ahora cuesta 330 euros. El Trinidad de Mottola, de 140 euros pasó a unos inconcebibles 1.308 euros.

«Se supone que Cohiba cueste lo mismo en La Habana que en Hong Kong, en Reino Unido que en Canadá», explica decepcionado Mottola. Lo mejor es comprar un Partagás o un Bolívar, recomiendan ambos expertos, porque la situación de Cuba seguirá disparando el precio del tabaco. La cancelación del Festival del Habano no hace más que confirmar que el tabaco cubano —como cantaba Benny Moré— se le cayó al régimen de entre los dientes. 

Pero el show del lujo tabacalero debe continuar y el futuro, coinciden Savona y Mottola, está en el tabaco de alta calidad de Nicaragua, Honduras y Dominicana. Lo de Cuba, advierten, «nadie sabe cómo se va a resolver». 

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